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martes, 17 de octubre de 2017

Dos pelmas y un destino


Por fin hay dos en la cárcel y es de esperar que les acompañen muchos más. La destroza que se ha hecho no puede quedar impune. La sociedad dispone de mecanismos y medidas correctoras para defenderse de quienes osan desafiar sus leyes.

El caso catalán es un invento de la burguesía barcelonesa, que no tiene justificación en la historia, ni legitimidad moral, ni tampoco se ajusta a la ley. Esa misma burguesía barcelonesa lo ha estado alimentando a través de los tiempos, convenciendo a muchos obreros para que voten en contra de sus propios intereses y a favor de los de esa burguesía, y en cuanto vienen mal dadas esos mismos burgueses abandonan el barco, digo se van corriendo de Cataluña, abandonando a su suerte a los pobres que han logrado enloquecer.

Ahora hay dos en la cárcel y quizá ellos piensen que nadie les va a quitar lo bailao, porque mientras servían a la causa les han pagado bien, pero si les hacen pagar por todo el mal que han hecho y al final hacen cuentas verán que no ha merecido la pena.

Por otro lado, y como ya he dicho anteriormente, es de esperar que la justicia se fije también en las actuaciones de Colau e Iglesias, que parece que están a favor de la secesión pero que en realidad están en contra del Sistema del que cobran todos los meses. Su actitud es inconsecuente y es extraño que sus votantes no les pidan cuentas, porque si son antisistema, como proclaman, deberían renunciar a los sueldos que les paga el Sistema. También se declaran ateos, pero adoran al dios dinero, como se ve.

Quienes están destrozando esa región del nordeste de España siguen mintiendo con todo el descaro y muy locos tienen que estar sus votantes para no darse cuenta. Ahora dicen que los encarcelados son presos políticos. Hay que ser imbécil para pensar que les va a creer alguien.

sábado, 25 de marzo de 2017

La ventaja del donante

Hay muchos modos de ver las cosas, el de un imbécil puede consistir en que sólo daría sus órganos a un catalán, para lo cual en la mayor parte de los casos precisaría de una improbable complicidad de otras personas.
Puesto que muchas donaciones sólo se pueden hacer efectivas tras la muerte del donante, en el caso de que alguien dijera que sólo quiere dar sus órganos a un catalán, o un vasco, precisaría que el equipo médico correspondiente quisiera respetar ese deseo, lo cual es muy difícil que suceda, puesto que al hacerlo se señalaría ante el mundo entero. Quizá tampoco sea legal esa condición.
Es posible que muchos no estén de acuerdo con mis tesis, pero ello no va a impedir que las exponga. La ventaja del donante, y yo he dado sangre cien veces, médula ósea una y quizá tras mi muerte se pueda aprovechar algún órgano mío, consiste en que los receptores de la ayuda, que acaso les haya salvado la vida, pueden ser personas que hayan perjudicado o intentado perjudicar a uno. Eso para mí es una ventaja. Hay gente que disfruta haciendo el mal, aunque vista un disfraz que le haga parecer razonable, y estas personas deberían tener vergüenza por estar haciendo daño a quien a lo mejor le ha dado un litro o dos de sangre, o cualquier cosa. en otra ocasión. Todos los que reciben esa ayuda que necesitan no son agradecidos. Dicen: me han tenido que poner siete bolsas de sangre, y por el tono parece que la sangre la hayan comprado en un supermercado.
También se da el caso de personas que piden solidaridad para sus dolencias a gente de toda España y luego votan a Bildu o ERC, y hacen encendidas proclamas de odio a España y los españoles.
Un donante sabe que su actitud es más sana psicológicamente que la de esos enloquecidos fascistas.




jueves, 17 de octubre de 2013

Albert Pla y el asco

Ha dicho Albert Pla que siempre le ha dado asco ser español. Y en un principio esta afirmación podría parecer propia de alguien que observa la historia con sentido crítico.
En un principio nada más. Porque en la frase siguiente dice que espera que todo el mundo sienta asco también. O sea que lo que en principio podía dar idea de que se trata de un tipo inteligente, enseguida, sin esperar de un minuto, señala a un imbécil, con perdón. ¿Cómo puede esperar que todo el mundo piense igual que él? Lo que apuntaba a un pensamiento minoritario y altamente crítico, resultó ser algo visceral, salido de los mismos intestinos. Pero es que la tercera frase ya da cuenta, de modo inequívoco, de su empanada mental. Resulta que siente asco de España, pero Cataluña le parece admirable. Lo podría haber sido un alegato contra los nacionalismos terminó por ser un simplón discurso nacionalista. Ya saben todas las personas bienintencionadas del mundo que el nacionalismo es una peste, que empequeñece de forma notable el pensamiento de quienes han sido contagiados.
A Albert Pla le da asco ser español. Y ocurre que yo soy español. No es que yo haya elegido ser español, sino que nací en España. No tiene mérito, pero soy español. Si un francés dijera que le da asco ser francés, yo comprendería el enfado de los franceses. Una cosa es que se critique el comportamiento de las naciones y otra muy distinta que se privilegie a una parte de una nación sobre el resto. Eso es propio de cerebros minúsculos.
Por otro lado, hay que respetar la libertad de opinión de los demás, siempre que lo que digan no sea punible. Pero no es de recibo que un ayuntamiento español contrate para cantar a un sujeto de este calibre. Otra cosa es que lo haga una empresa privada. Pero si lo hiciera, yo no iría al concierto.