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jueves, 18 de enero de 2018

Quieren que los perros sean personas

Eso quisiera yo también, pero que lo fueran no sólo los perros sino además todos esos animales que andan sueltos ensuciándolo todo, el Parlamento catalán, por ejemplo, que han aparecido con unos lacitos puestos por unos cagones que, incapaces de responsabilizarse de sus actos, han decidido ‘ensuciar’ unos cuantos asientos.
En el mismo partido que la señora que dijo eso está Toni Cantó, que fue escarnecido en las redes por un discurso magnífico que hizo en el Parlamento, cuando era diputado por UPyD, utilizando argumentos de Fernando Savater. Ignoro si la opinión de Toni Cantó ha cambiado o si sigue siendo la misma, pero en cualquier caso habría que saber cuál es la postura oficial del partido, porque ella habló de presentar el proyecto de ley. Falta saber cómo piensa conseguir que los perros sean personas y si eso no nos va a traer alguna complicación añadida, porque yo de mi perrita me fío, pero si la convierten en persona a lo mejor ya no me puedo fiar.
De cualquier modo, conviene reseñar que la señora que hizo esas declaraciones tiene inclinación a la poesía, como lo demuestra otra de sus frases: «cuando veo un perrito, me derrito», pero presenta el problema de que si lo que ve es una perrita, no va a poder decir algo tan poético como lo anterior y los guardianes (y las guardianas) de lo políticamente correcto se van a cabrear.
Pero conviene precisar la cuestión, porque todo esto tiene que ver con los supuestos derechos que los animales ni siquiera reclaman, quizá conscientes de que no los pueden tener, porque el asunto se reduce a la dignidad de la propia persona, a la estima que cada uno tenga de sí mismo. Hay personas que se igualan a los animales, porque por lo visto esto es más fácil y se comportan como bestias. Y hay personas dignas de ese nombre que por respeto a sí mismas tratan bien a los animales.


domingo, 30 de diciembre de 2012

Ah, el ajedrez

Salvador Domínguez me da unos consejos que, por una vez en la vida y sin que sirva de precedente, voy a intentar seguir, aunque no garantizo los resultados. Pero antes he de decir que creo que Salvador Domínguez ha sabido habilitarse una burbuja que tiene mucho de romántica y de poética, en la que entran, entre otras cosas, su concepción política, que nada que ver lo que los políticos profesionales intentan hacer, y sobre todo Isa Coronado, su mujer. Yo conozco a Isa y comprendo que Salvador sea feliz. Y me pongo ya manos a la obra:
Me confieso padre en que a veces entro en esos sitios que consisten en encontrar la mejor jugada en un problema de ajedrez. Y que al principio me sorprendía que esa mejor jugada, a veces, consistiera en hacerse matar la Dama o la Torre para que en la siguiente jugada el Rey no pudiera moverse. Y esta situación me lleva a pensar en el ajedrecista y médico Rafael Simón, que siempre ve cualquier cosa que se le presente como una oportunidad para mejorar personalmente.
También es ajedrecista Salvador Blasco, y tan noble como el otro Salvador citado anteriormente. Salvador Blasco es de esos a los que les gusta buscar la verdad en donde se encuentre. Y también es romántico. Si de ajedrez se trata, como es el caso, no se puede olvidar a Rafa Marí, tantas veces campeón. Ha hecho mucho y lo sigue haciendo por el ajedrez valenciano. Fernando Mancebo, inteligente psicólogo, también ha sido campeón. Sus rivales le temen por su genialidad.
Hay otro jugador de ajedrez, el Gran Mac, también conocido como José Clere, de gustos poéticos y gran finura intelectual. Al que se le parece a Karpov, Ramón Navarro, a quien no consigue ganar casi nadie, le da por la Física.
A dos grandes cerebros ajedrecísticos, José Antonio Garzón y Carlos Morenilla, tuve ocasión de saludarlos con motivo de la presentación de un libro del que el primero de los dos es coautor.
Yo creo que siempre que se habla de otra persona hay algo de poesía y he citado a varias. Y puesto que lo he hecho con cariño me doy por satisfecho. Convengo, por otra parte, en que el ajedrez, tomado con moderación, es una fuente de enseñanzas. ¡Hay que saber aprovecharlas!

jueves, 8 de marzo de 2007

Bronca política

Soy de la opinión de que el arte sirve para que nos vayamos refinando, alejándonos con ello de aquel mono que hay en nuestro origen. (A veces creo que se avergüenza y quizá que lamenta haber bajado del árbol). Si aprendemos por imitación, si vamos incorporando a nuestras vidas aquello que nos conmueve o nos impresiona, el arte desempeña un papel destacado, puesto que nos muestra lo bello y nos invita a soñar en lo mejor. El arte también sirve para ayudar a recobrar la perspectiva. Uno queda desolado tras leer en la prensa las continuas broncas que esos políticos a los que pagamos para que resuelvan los problemas vienen montando en cualquier lugar que tenga que ver con la política, como, por ejemplo, el Congreso de los Diputados o las Cortes Valencianas. Un ciudadano cuando lee estas cosas debe lamentar el dinero que le cuestan los políticos y luego caer en la cuenta de que por este camino los problemas no es que van a crecer, sino que se van multiplicar. Le queda entonces el recurso de acudir al arte y optar por leer alguna poesía. Tiene a mano Lamento en Elca, de Paco Brines y luego decide pasar a leer Tu mirada y Yanira Soundy de Pepe Mas. Y la poesía sirve de refugio. Vuelve la calma y el amor a la palabra bien dicha y empleada con su significado exacto. En los poemas todas las palabras buscan embellecer la frase de la que forman parte. (Debiera incluirse en las sesiones de los diputados la obligatoriedad de que se recitara una poesía en el intervalo entre dos oradores). El ritmo cadencioso conquista los sentidos y las metáforas ejercen, con su magia, el dominio sobre el lector. La constatación de que la palabra puede ser usada de modo correcto vuelve a traer la fe en el ser humano, que posibilita confiar en el prójimo. Otra vez la vida.