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viernes, 18 de agosto de 2017

Casandra Vera y Tip y Coll

Haciendo una búsqueda en google se puede ver que se ha sacado a relucir que Tip y Coll hicieron un chiste similar al que le ha valido la condena a Casandra Vera.
Dejando aparte que en aquel momento el hecho no estaría tipificado como delito, cabe aducir que no es probable que estos humoristas se alegraran de que Carrero Blanco muriera de esa manera. Se ganaban la vida haciendo reír y en su caso no cabe suponerles ninguna otra intención. Dicho esto, el chiste no me gusta, lo digan ellos o lo diga quien sea. Cualquier cosa que sirva para banalizar los atentados de ETA favorece a la banda y a sus cómplices, voluntarios e involuntarios, igual de cochinos todos.
Creo que fueron unos cómicos geniales, sobre todo Tip. Coll vino a ser el contrapunto que necesitaba, porque Tip anteriormente lo había intentado con Top. Porque metieran la pata una vez no merecen ser descalificados. Creo que con su humor ayudaron a subir el C.I. colectivo de los españoles.
Gila también me hacía reír mucho, casi siempre, pero cuando hacía chistes sobre jorobados u otros seres desvalidos ante las turbas me enojaba mucho. En estos casos demostraba que por mucha gracia que tuviera, su sensibilidad era nula.
La vida tiene esas cosas, regala dones a unas personas merced a los cuales los demás pueden gozar, todo ello independientemente de que esas personas agraciadas con esos dones merezcan o no la admiración que despiertan en las multitudes. A muchas de ellas no les importa merecerla, sino tenerla.
Lo que conviene no perder de vista es que las víctimas del terrorismo, al final, son las grandes olvidadas. La gente quiere pasar página con respecto al terror de ETA y los etarras quieren que la gente quiera pasar página. Pero el terror sigue ahí. La risa de Otegui lo corrobora.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Disiento de Boadella

En un artículo publicado en El Mundo, el cómico Boadella trata de explicar que el hecho diferencial catalán no existe y que los catalanes son iguales que los demás. Creo que no es cierto del todo.
Veamos. No hay mejor sitio en el mundo para poner una fábrica que Cataluña. La fábrica que actúa a pleno rendimiento en Cataluña es la de catalufos. Cualquiera que se traslade a vivir en Cataluña corre un riesgo grande de ser convertido en un tiempo récord en catalufo. Y un catalufo, o una catalufa, es alguien que tiene una tendencia irrefrenable a hacer el ridículo. Ahí tenemos a Mas, un tipo tan bien parecido, dueño de ese mentón tan envidiado, con esas gafas que le favorecen tanto y que mueve tanto a risa. Pasa con él lo mismo que con Gila. Nada más verlo la gente ya se ríe. Más vale hacer reír que llorar, pensará él, y con razón.
Una ciudad como Barcelona, que parecía el faro del mundo, tiene ahora gobernantes que mean en la calle. ¿Será eso el progreso? Tiene un periódico cuyo dueño es Grande de España, que le hace la competencia a las revistas de humor.
Algunos sabían hacer una sopa juliana con muy buen sabor y en lugar de hacerla cada vez mejor, la van empeorando, empeorando, empeorando. Otros que pueden escribir bien y parecían señores van quedando como gilipollas. Eso sí, con sueldos muy superiores a los de otros de mejor calidad. Dinerariamente, ser catalufo les viene a cuenta a algunos.
Un catalufo se cree cualquier chorrada, como esa de los países catalanes, no nos dejan votar, el derecho a decidir, la confederación catalano-aragonesa, el catalán como lengua imperial, que el Siglo de Oro Valenciano es catalán, que Fuster es un ensayista extraordinario, que Ubieto no existe y nunca existió, y que todo lo que no sea catalanista es rancio. Un catalufo, señores, vive en la gloria.