Mostrando entradas con la etiqueta culpables. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta culpables. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de abril de 2019

El suicidio de Javier

Me refiero al joven que se tiró por la ventana de su casa en Usera, a causa, supuestamente, del acoso escolar que sufría.
No es el primer caso, ni tampoco será el último, por desgracia. La gente se cree que el acoso escolar se combate poniendo la firma en un manifiesto o acudiendo a una manifestación, mientras tanto sigue rindiendo culto al poder y actuando con prepotencia.
Así son los que acosan, se sienten poderosos frente a su víctima y disfrutan viéndola sufrir, porque la prueba de su poder consiste en el efecto que tienen sus acciones en ella. De hecho, el suicidio del chico señala el éxito de sus acosadores, al margen de las consecuencias legales que pueda tener.
Los acosadores siempre quieren desestabilizar emocionalmente a la víctima y ponen todo su empeño en conseguirlo. Señalan a alguien como malo y una vez hecho esto ya se consideran con derecho a matarlo y si no lo consiguen mediante todos los disgustos que le puedan dar, procuran al menos hacerle todo el daño que puedan.
En los tiempos actuales el culto al poder es mayoritario, se da en todas las clases sociales y las consecuencias son visibles y desalentadoras. El poder siempre es injusto. Una cosa es el poder, inveteradamente caprichoso, y otra el cumplimiento del deber, que tiene muchos menos adeptos. Este culto al poder ha hecho que se hayan perdido la cortesía, el respeto al prójimo y los buenos modales. Rigen la ley del más fuerte, la prepotencia y, consecuentemente, la obsecuencia y la adulación.
En la actualidad hay partidos, o sea, dicho en plural, que fomentan el acoso, el chantaje moral y recetan la marginación a quienes no se pliegan a sus caprichos. Proliferan la propaganda capciosa y la posverdad.
En este estado de cosas no es de extrañar que aumente el número de los suicidios. Ni que los culpables no se sientan responsables.

martes, 27 de diciembre de 2011

La primera tentación de Mariano Rajoy

En la tertulia de la semana pasada, cuyo título fue ¿Monarquía o República?, Laura Cano Zamorano, en una lección magistral, explicó que el papel del Rey o, en su caso, del Presidente de la República, en la actual configuración política española es residual, y que el papel que tiene asignado puede ser desempeñado perfectamente por otros dignatarios del Estado.
Es decir, en estos tiempos en que sufrimos una crisis brutal, España puede pensar en suprimir el gasto que supone el mantenimiento de la Primera Familia española. Surgieron otras veces recordando que también se puede suprimir el Senado. No dejaría de funcionar la Nación si se eliminaran estas dos instituciones.
Tampoco ocurriría nada grave si los gobiernos autonómicos prescindieran de toda esa serie de organismos que se han sacado de la manga, y sin los cuales los españoles habíamos logrado vivir durante siglos. Si al mismo tiempo se redujera drásticamente el derroche en las distintas televisiones y fastos varios, es posible que quedara liberada una cantidad tal de dinero que se pudiera pagar a los proveedores lo que se les debe, con las lógicas consecuencias benéficas en la economía nacional.
Hay muchas cosas que recortar, mucho dinero que se gasta sin que repercuta de ningún modo en el contribuyente, puesto que el único fin que tiene es satisfacer a los políticos que han ordenado esos gastos.
Pero Mariano Rajoy se plantea cometer una injusticia que no puede traer nada bueno, como es la de rebajar el sueldo a los funcionarios. Ya se les ha bajado hace poco, produciéndoles un grave quebranto a muchos, y sin tener en cuenta que no tienen ninguna culpa de la crisis. Para bajar el sueldo a los funcionarios por primera vez debió ser obligatorio meter, previamente, en la cárcel como mínimo a diez personas, de entre los culpables de la crisis, que en el caso español habría que buscar entre los políticos, constructores y banqueros. Para la segunda bajada, habría que encarcelar a cincuenta, como mínimo. Puede que este modo los funcionarios lo comprendieran. Y los demás también. Ellos pagan, pero los culpables van a la cárcel.

'Zero'
'Cuentos nevados de Phil y Maya'
'El Conde Lucanor'
'Contra el insulto'
'Milagros de Nuestra Señora contados a los niños'
'El hombre que quiso entrar en Auschwitz'
'La estrategia de los antílopes'
'Pedro I el Cruel'

martes, 4 de octubre de 2011

Escándalo en Nova Caixa Galicia

Las cajas de ahorros deberían haber sido declaradas todas, una a una, Bien de Interés Social, o algo parecido. Y deberían haberse establecido penas de cárcel para todo el que, de un modo o de otro, las pusiera en peligro o las hiciera desaparecer. No se hizo, probablemente, porque venían funcionando muy bien desde hace mucho.
Sin embargo, cuando se permitió que los políticos entraran a saco en ellas, se debió tener al mismo tiempo la precaución de tomar medidas que les evitaran la tentación de llevarlas hacia aventuras inciertas.
Es obvio que nadie entra con la intención de estropear nada. Es posible también que algunos de los políticos que han aterrizado en las cajas se creyeran unos genios, o quizá todavía se lo sigan creyendo, y pensaran que iban a llevar a las cajas a la gloria. La realidad es que las han hecho desaparecer. De genio a mago va muy poco. Pero si hubieran pensado que sus manejos podrían llevarles a la cárcel no lamentaríamos ahora disparates como los de algunos aeropuertos, Terras Míticas y demás.
¿Qué se sabe de Narcis Serra? ¿Qué jubilación se preparó? A los ciudadanos se nos hurta mucha información. Lo de la CAM era lo peor de lo peor, pero hasta ahora, no es que no ha ido nadie a la cárcel, es que tampoco ha dimitido nadie. Tampoco se siente culpable nadie en lo que se refiere a las cajas gallegas. Tampoco es que no dimitan, sino que se ponen indemnizaciones extraordinarias. Y encima nos dan explicaciones tendentes a convencernos de que todo es normal.
Han desaparecido las cajas, los ciudadanos ponemos dinero para sanearlas, y quienes las llevaron a embarcarse en negocios ruinosos, o aceptaron esos riesgos, o tenían la obligación de controlar, mediante auditorías continuas, para que no sucedieran esas cosas, campan a sus anchas.

'Bonaventura'
'El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde'
'Alrededor del deseo'
'Cuentos neuróticos'
'Alfonso X el Sabio'
'¿Cuándo y cómo acabará la crisis?'
'El psicólogo en casa'
'La huella del hereje'