El caso escuece y no hay manera de olvidar la brutalidad. Lo ha sacado a relucir Marcos Ondarra y me parece muy bien que lo haya hecho. Es posible que alguien por la casualidad de que sea blanco muera esposado en una acera, mientras que quien lo apuñaló pudiera irse caminando tranquilamente.
No recuerdo mucho del caso, porque ocurrió en un país ajeno y lo que pudiera hacer yo de poco iba a servir al fallecido y su familia. Da asco lo que estamos haciendo en el mundo. En el gobierno español y entre quienes lo apoyan hay gente tan malvada como los peores asesinos y no podemos cambiar ninguna de estas circunstancias. Podemos cambiar cosas entre muchos, pero falta que la mayoría se dé cuenta de lo que hay. Pero aquí estamos hablando de un asesinato cometido en otro país y no sabemos si el asesino recibió algún castigo y si este fue representativo de la brutalidad de su gesto.
La cuestión fue la siguiente: Henry Nowak se estaba desangrando y pidió ayuda. La policía lo esposó, porque su asesino la hizo creer que la había insultado gravemente. Luego se ha visto que eso no estaba nada claro, sino que más bien le servía al otro para justificarse.
Supongo que se han cometido muchas injusticias en los juzgados, pero cometerlas al revés no soluciona ningún problema. Que la policía tenga que actuar de una manera determinada tampoco viene a resolver cuestión alguna. Los agentes que actuaron mal en el caso comentado, seguramente porque fueron aleccionados en las oficinas para que actuaran así deberían decir los nombres de quienes los fueron enfocando hacia la dirección incorrecta. El asesino forma parte de una secta religiosa llamada sii, de cuya trascendencia lo desconozco todo. La religión no debería recomendar matar y desconozco si este es el caso.