Si digo ‘nuestro ecologista’ todo el mundo sabe que me refiero a Zapatero. Por supuesto que no le voy a reprochar que negocie con lo que le dé la gana, el riesgo es suyo y si no lo pillan eso que lleva ganado. El problema es otro. Es tan burro que es imposible que no lo pillen. En su tiempo en el gobierno ya dio motivos para que lo encerraran, pero la Constitución que tenemos, y todo el sistema en sí, fue hecho siguiendo las indicaciones de Felipe González y su grupo. Eso les vino muy bien a Aznar y Rajoy, que no se libren.
Este ecologista nuestro que a pesar de su continuo trato con Maduro y su régimen no se enteró de que María Corina Machado había organizado un portentoso ejército mediante el cual pudo controlar las treinta mil mesas electorales, y tampoco supo transmitir ‘esa minucia’ al gobierno español, es tan optimista que piensa que puede engañar a los españoles. Supongo que sí. A los que conoce, sí.
Es tan asno que cuando ya todo el mundo sabía que las elecciones las había ganado de largo Edmundo González mandó a sus hijas a Caracas a hacer negocios. Por las mismas fechas había un amigo suyo de Podemos dando conferencias sobre derechos humanos en el Helicoide. Otro que tampoco se enteró. Ahora a sus hijas las espera la cárcel, y querrán que lloremos. También Sonsoles podrá hacer pinitos en otra galería, o acaso las pongan a las tres juntas. Es curioso comprobar que mientras unas personas sacrifican todo por su pueblo, que se lo reconoce y agradece, porque comprende que no hay otra solución, hay fantasmas, pesados y cenizos como ellos solos, que pretenden hacer creer lo que les parece, para mientras tanto ir haciendo negocios con los materiales más contaminantes a través de mil sociedades para que no los pille nadie.