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miércoles 14 de mayo de 2008

El humo de Zapatero

Comparece Zapatero en el Senado y se descuelga con un discurso triunfalista en el que afirma que la tasa de paro alcanzó “el umbral más bajo de la historia”. Quizá sustituyó nivel por umbral para homenajear a Paco Umbral. O acaso, al estar vendiendo humo, siguiendo su inveterada costumbre, aunque no es el único que lo hace, no acertó a encontrar la palabra exacta. El umbral podría hacer referencia a un libro de Fátima Mernissi titulado “Sueños en el umbral”, por aquello de que en él se dice que al enemigo hay que mirarlo a los ojos. Pero siendo Zapatero el presidente de los españoles, no debería ver a nadie como un enemigo, salvo a aquellos que inveteradamente quebrantan la ley. Pero ese triunfalismo del presidente debe de sentar como una patada en la boca a todos esos inmigrantes que de pronto han visto que su sueño se esfuma. Ya explicó Julio Feo que no le importa pisar callos. Alguien tuvo que haber dicho a los inmigrantes que la situación que habían encontrado a su llegada era pasajera, que era imposible que ese ritmo constructivo perdurara en el tiempo y que de momento en España no hay otra cosa, porque ningún gobierno se ha preocupado hasta el momento de fomentar otra cosa.
Tampoco, con su triunfalismo, se muestra solidario con quienes se han visto atrapados por una hipoteca, que ahora mismo no es para ellos más que motivo de zozobra y temor. Gentes humildes, sin información suficiente, que no supieron darse cuenta de que los tipos de interés podían subir desmesuradamente, con lo que se les iban a pique todos los cálculos. La situación es angustiosa para muchos y, al menos, preocupante para la mayoría.
En el mismo discurso, Zapatero, reconoce que la economía española tiene debilidades y que la productividad se multiplicó por tres. Lo primero es más que evidente y lo segundo ya no tanto.
Mejor que a vender humo sería que se dedicara a hacer política de Estado y no de partido, y procurara consensuar con la oposición los cambios constitucionales que ya se van viendo como muy necesarios.

martes 13 de mayo de 2008

Declaraciones del Rey

Antes de considerar las declaraciones reales, merece la pena detenerse un poco en otras de Julio Feo, en las que también se refiere al presidente de España. Dice Julio Feo que cuando Zapatero quiere algo, intenta conseguirlo, sin que le importe pisar algún callo. González, explica, se pensaba más las cosas. Ambas afirmaciones parecen ciertas. Cuando González soltó aquello de que “Aznar y Anguita son la misma mierda”, dejó bien claro que no se le había escapado, sino que lo había meditado bien. Por su parte, cuando Zapatero permaneció sentado al paso de la bandera de Estados Unidos sabía perfectamente que estaba pisando no uno sino muchos callos. Cuando decidió retirar las tropas de Irak sin consensuarlo previamente con el gobierno de Estados Unidos también sabía perfectamente que a los ciudadanos estadounidenses no les sentaría nada bien su decisión. Es cierto que la decisión de mandar las tropas a Irak, tal vez, fuera la peor de entre todas las cosas que hizo mal Aznar, pero había un acuerdo con los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra y antes de retirar las tropas Zapatero debió intentar pactar la retirada con los gobiernos de aquellos países. A Zapatero tampoco le importó pisar el callo a María Jesús González e Irene Villa.
Y pasando ya a las declaraciones del Rey en las que afirma que Zapatero es un hombre honesto, tampoco vendría mal recordar que honrado y honesto son cosas diferentes y que si Su Majestad las confunde es porque sin duda atribuye a su regia persona ambas cualidades y de ahí que sepa apreciarlas en Zapatero. Sirva como pista que en el libro de Luis Herrero, “Los que le llamábamos Adolfo”, se cuenta que el Rey puenteó a Adolfo Suárez y exigió a Rodríguez Sahagún, ministro de Defensa, que nombrara a Alfonso Armada segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército, algo a lo que Suárez se había negado siempre y Rodríguez Sahagún accedió a hacer. De modo que ahora cuando el Rey dice que Zapatero sabe muy adonde va y por qué hace las cosas, surge el recuerdo de que le prometió todo a Maragall y que cuando éste le tomó la palabra, lo destituyó. Y también viene al dedillo la anécdota de que no dudó en aliarse con gentes que odian a España para formar el gobierno de España.









lunes 12 de mayo de 2008

La renuncia de San Gil

En los partidos políticos hay muchos militantes que con tal de conseguir una parcela de poder, grande o muy pequeña, son capaces de tragar lo que sea, sapos, culebras o bichos de las más horrendas de las especies imaginadas. Como ejemplo evidente, palmario y superlativo, cabe recordar que durante la pasada legislatura el gobierno de España se mantenía gracias al apoyo de un grupo separatista. De hecho, hay políticos a los que sus partidos tienen encumbrados o pretenden encumbrar de los que no se conoce una idea suya, más allá de la fidelidad al partido y al líder del momento.
Algunos, por el contrario, sí han demostrado carácter y ello les ha impedido, con toda seguridad, a no llegar hasta donde hubieran podido. Si hay que poner un ejemplo, viene como anillo al dedo el de Rosa Díez. Y ahora también el de María San Gil. Y por otro lado, a mi modo de ver, le asiste buena parte de razón, si no toda. Ese deseo proclamado de Rajoy de acercarse a los nacionalistas carece de sentido. Lo que debería hacer es proclamar las líneas de actuación del partido que dirige. Si hay otros partidos que pueden asumir algunas de las directrices del suyo, la alianza es posible. Lo que no es de recibo es que pretenda buscar alianzas de antemano, porque con ello da a entender que está dispuesto a renunciar a algunas de sus convicciones, con tal de lograr la presidencia.
María San Gil ha demostrado que sus principios están por encima de sus ambiciones y personas así son muy necesarias en la política y en los partidos. Rajoy puede encontrar en su partido a cientos de militantes dispuestos a hacer lo que ordene, sin rechistar y sin preguntar. Serán bastantes menos los que, como María San Gil, sean capaces de renunciar a sus posibilidades de progreso para no entrar en contradicción con sus convicciones. Señal inequívoca de que las tiene. Rajoy debería demostrar que es capaz de escuchar y atender a quienes de forma tan noble manifiestan su discrepancia.

domingo 11 de mayo de 2008

Corrupción policial en Coslada

Cualquiera puede entender a la primera y sin necesidad de más explicaciones que un alcalde debe saber lo que ocurre en su pueblo, sea cual sea su tamaño. Ocurre además que no está solo en ese menester de averiguar las cosas que pasan, puesto que tiene un equipo de concejales y colaboradores y además cuenta con la oposición, que también tiene la obligación de saber lo que sucede, para intentar rectificar lo que no funciona correctamente.
La trama que se ha descubierto en Coslada debería haber avergonzado de tal modo al consistorio que habría de haber dimitido en pleno. No obstante, con una desvergüenza infantil, los concejales y el alcalde afirman que desconocían el modo de actuar de esta banda policial. Ello ya les califica como inútiles para sus puestos; pero es que los vecinos afirman que llevan años denunciando las cosas y los concejales se defienden de esta acusación explicando que los denunciantes no hacían sus denuncias de modo formal, o sea, ante el juez. Indigna que sean capaces de afirmar esto. Aunque nadie hubiera denunciado nada, el ayuntamiento debería tener mecanismos y controles que aseguraran que estas cosas no pudieran ocurrir. Ha fracasado todo el ayuntamiento.
La lucha por el poder es tan evidente, tan sin disimulo, tan despreciativa del interés ciudadano, que propicia que ocurran estas catástrofes. Con tal de no perder el voto de un aliado, o posible futuro aliado, los partidos son capaces de hacer la vista gorda incluso a lo que sucede ante sus propios ojos.
La democracia es el menos malo de los sistemas políticos, de modo que los vecinos, en lugar de correr a gorrazos a los concejales, podrían volver a votarlos. La democracia de un lugar es todo lo perfecta que son sus ciudadanos. Pero es que las responsabilidades tampoco acaban en los pueblos. Los partidos tienen direcciones superiores que deben tomar decisiones. En este caso, si los implicados no dimitieron motu proprio, como así fue, debieron ser destituidos fulminantemente.
El modo en que se toma las cosas la clase política, en general, debería llenar de preocupación a los ciudadanos.

sábado 10 de mayo de 2008

El papel de los intelectuales

Los intelectuales, como es sabido, tienen la obligación moral de denunciar los abusos del poder y de proponer nuevos caminos o fórmulas, más eficientes o imaginativas. Pero el poder, si no inteligente, al menos es listo y cuenta con un arma que se viene revelando como muy eficaz y que no es otra que el manejo del presupuesto. De modo que tanto el gobierno español como los autonómicos tienen creados organismos, premios y sinecuras, con el objetivo de que los intelectuales no les creen problemas, cosa que consiguen. Por si fuera poco el temor reverencial que los españoles tienen a denunciar, dado la gran facilidad para crear listas negras de quienes tienen algún tipo de poder, faltaba que los intelectuales tampoco lo hicieran.
La Comunidad Valenciana no podía ser menos que otras y así su gobierno mientras humilla y margina a las que no le son útiles, como la
RACV, paga generosos sueldos y subvenciones a otras, como la Academia Valenciana de la Lengua, o el Consejo Valenciano de Cultura y otras.
Los componentes de este CVC debieron protestar en su día, cuando se perpetró la ilegalidad contra el Teatro Romano de Sagunto. Hay que suponer que al menos algunos lo hubieran hecho, si no hubieran pertenecido al citado Consejo. La realidad es que, como miembros del citado CVC, apoyaron la barbaridad. Años después, gracias al tesón individual de Juan Marco Molines, ciudadano ejemplar y digno de reconocimiento público, los tribunales de justicia, después de un largo proceso en el que ha encadenado varias sentencias, todas a favor de devolver el Teatro Romano a su estado original, se ha llegado al final y ya no queda más opción que cumplir la sentencia. El propio Tribunal Supremo ha marcado un plazo. No obstante, el propio CVC, lejos de avergonzarse y disculparse de actitud primera y con la honrosa excepción de
Elena Negueroles, se mostró contrario a cumplir la sentencia. No está de más recalcar que a esos miembros del CVC, les pagan los ciudadanos.
El propio gobierno valenciano, que sí que obliga a cumplir las leyes a los ciudadanos, ha creado una comisión interdisciplinar para que estudie el modo de no cumplir la sentencia. Dicen que lo han encontrado.

viernes 9 de mayo de 2008

Podría haberlos matado a todos

Así se explica Josef Fritzl, el monstruo austriaco cuyos crímenes no es necesario reseñar. Los canallas siempre piensan que se les tiene que dar las gracias, porque aún pueden hacer más daño del que hacen. Esta parece ser una ley que se cumple de un modo tan inexorable como la de la gravedad.
Juan Pablo II, en su libro “Cruzando el umbral de la esperanza” manifestaba que los horrendos crímenes nazis le producían mucho miedo; pero por quienes temía era por los verdugos. Pero para sentir ese terror no hace falta haber conocido a los nazis. Alrededor de cada cual pululan personas cuya crueldad es equiparable a la de los más horrendos criminales. Basta con poner a alguien indefenso –hay que recalcar esta condición, aun a riesgo de caer en la redundancia- a merced de la canalla, para que ésta muestre toda su brutalidad. Se ensañan en su crueldad hasta los límites en que las circunstancias les otorgan impunidad, a partir de los cuales la justicia no tendría más remedio que intervenir. En cuanto presienten que su maldad les puede reportar algún castigo, reculan.
En su libro “Un trastorno propio de este país”, Ken Kalfus retrata la crueldad cotidiana, que no tiene nada que envidiar a la de los terroristas islámicos. Y basta con hojear la prensa para encontrar de vez en cuando la noticia de que unas turbas enloquecidas han intentado linchar a alguien. Son gentes que aprovechan cualquier ocasión para dar rienda suelta a su odio. Al mismo tiempo que, con lo pueden, linchan a alguien, se engañan a sí mismos puesto que al compararse con la víctima, objeto de su odio, se creen buenos.
Acostumbrados como estamos a tanta crueldad, a tanta malicia, a tanta saña, ya ni nos percatamos. Si la gente no fuera tan acomodaticia, si hubiera una mayor rebeldía frente al mal, la fechoría de este fulano no podría haber pasado inadvertida durante tanto tiempo.

jueves 8 de mayo de 2008

Lo que aguantan los vascos

En el artículo de Patxi Unzueta de hoy en El País, en el que se refiere de la propuesta que Ibarretxe le hace a Zapatero, figura el siguiente párrafo:

(…) dado que ETA se ha manifestado "en multitud de ocasiones" dispuesta a respetar la voluntad popular, una vez celebrada la consulta la banda "estaría obligada" a anunciar su decisión de abandonar las armas.


Si hace poco Ibarretxe había mostrado su tosquedad, al decirle a la presidenta de Chile que España es un país de camareros, en un gesto de injustificable compadreo que la primera dama de aquel país andino no le aceptó, en este documento enseña su carácter lelo. De modo que el buen hombre piensa que la banda terrorista “ahora” no está obligada a dejar las armas y presentarse a la policía. Pero también conviene fijarse en la sutileza: la banda estaría obligada a “anunciar” su decisión de abandonar las armas. Una cosa es que anuncie su decisión de abandonar las armas y otra que las abandone efectivamente.
Por otro lado, desconoce presidente de los vascos que su labor prioritaria, si fuera una persona decente, tenía que haber sido desde el principio acabar con ETA. Viendo su modo de actuar se comprende que no sepa cuáles son sus obligaciones. No hay libertad en el País Vasco y el presidente no se entera. No sabe que muchos vascos tienen que mirar debajo de su coche antes de subir, que han de cambiar de itinerario cada vez y no frecuentar nunca ningún sitio. No sabe que hay ciudadanos que han oído explotar bombas etarras varias veces cerca de sus casas, con lo que esto supone. En el País Vasco la gente no es libre, puesto que no puede opinar libremente, ni vivir libremente. Hay democracia en un lugar cuando alguien que piensa lo contrario que la mayoría puede andar libremente por sus calles.
Pero Ibarretxe no se avergüenza ante el presidente del gobierno español de que exista ETA, sino que lo que hace es proponerle a Zapatero que España se rinda ante ETA, con la vaga promesa de que en ese caso ETA se verá obligada a anunciar etc., etc., etc.
Lo que soportan los vascos, me refiero a los de bien, obviamente, es a un presidente como Ibarretxe.

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