jueves, 19 de julio de 2018

Si Rahola fuera un animal

Si la memoria no me falla, fue Emilio Romero quien en los albores de la democracia, o en aquellos tiempos en los que todavía no había formalmente democracia pero la prensa gozaba de una libertad que no hemos vuelto a ver, fundó una revista en la que identificaba a cada político con un animal concreto.
No recuerdo cuánto duró la revista ni, por tanto, a cuántos políticos pudo caracterizar mediante esta técnica. He pensado en esto al observar las actitudes de Rahola en algunos de los vídeos que circulan por la red, porque creo que el autor de los famosos gallitos, que es como se conocían sus artículos, habría encontrado enseguida la inspiración para, de entre la nómina de animales, encontrar uno que se ajustara a su carácter. La verdad es que a mí no se me ocurre ninguno, o no acabo de decidirme entre los varios en los que pienso.
En cambio, algunos de los rufianes que pululan en su entorno, o dicen estupideces de parecido calibre, sí que pienso inmediatamente en las garrapatas, porque sé que hacen mucho daño pero desconozco si aportan algún beneficio. Cabe la posibilidad de que las garrapatas sí que aporten, pero los rufianes no. En otros ámbitos está Aznar, que no hace pensar en un animal, sino en que, como cantaba Cecilia, le gusta ser la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro.
Volviendo a los animales, y los hay con cuernos y también con cuernos retorcidos, el peligro de cometer injusticia está en el cerdo, porque como recuerda Pancracio Celdrán Gomariz a lo mejor llamamos cerdo a alguien que sólo es un chorizo. Puigdemont sería un mico y Torra un Yorkshire. Al presumido Borrell habría que regalarle un espejo y tampoco sé qué animal tiene esa costumbre. Rahola es como una gallina que siempre se va enfadada y aparentando dignidad. Ella.

miércoles, 18 de julio de 2018

Zapatero no es como Pepiño

Ya casi nadie recuerda, porque las personas somos olvidadizas, aquel grandísimo gesto de Pepiño que él mismo se encargó de dar a conocer cuando pensó que debía hacerlo.
Fue durante aquellas primarias en las que competían Hillary Clinton y Barack Obama. Tras la victoria de este último Pepiño se apresuró a decir que no se había decantado por ninguno previamente para no influir en la voluntad de los electores. Hay que recrearse en la suerte, un ministro español del gobierno de Zapatero (aquí viene a cuento lo del acontecimiento cósmico, que hizo notar Leire Pajín, otra que tal, que consistió en la coincidencia en la presidencia de sus países de Obama y Zapatero, con la consiguiente reunión de ambos: todo está en las estrellas) consciente de su importancia en el mundo, haciendo uso de su exquisitez democrática, permitió que los estadounidenses a los que les incumbía el asunto votaran los que les dio la gana. Pepiño se nos mantuvo en un discreto segundo plano y sólo cuando se conoció al ganador salió a aplaudir.
Zapatero está hecho de otra pasta. Ni siquiera se enteró del gesto de su subordinado y si lo hizo no aprovechó la lección.
Zapatero sí que se ha inmiscuido en las primarias del PP y ha querido influir en ellas. Recordemos que ya Leire Pajín nos informó de que es un señor cósmico, no como Pedro Sánchez, que es un cómico, pero malo. Zapatero es cósmico y Pepiño no, Pepiño es blanco y en botella. Por eso no le hace caso y va a la suya. Ha dicho que prefiere a Soraya, pero como por ser cósmico tiene la mente retorcida, o al revés, y sabe que los votantes del PP harán lo contrario de lo que él diga, se ha decantado por Soraya para que voten a su rival. Pero los encargados de elegir optarán por quien quieran. 

martes, 17 de julio de 2018

Ábalos, el tonto (no cabe ni uno más)

Andan por ahí algunos dementes empeñados en derrotar a Franco cuando ya no puede ser, porque gracias a Garzón supimos que había muerto y así no hay modo.
Este gobierno actual, y el de Zapatero, incapaces de hacer algo bien, tratan de desviar la atención del personal. Alguna cosa sí le salió bien a Zapatero, pero debió de estar obligado a pedirle perdón a Satanás, porque no cabe duda de que lo que hizo bien lo hizo con la intención de molestar a la derecha, no de favorecer a los españoles. Pero Franco no hace milagros y menos después de muerto, así que por muchos homenajes que le rindan la catástrofe llega y cuando ocurre los ciudadanos cambian el sentido de su voto. Aunque para el caso actual también es verdad a Sánchez lo han votado pocos.
Ábalos hizo el ridículo en su debate con Rajoy, otra cosa es que de ese debate surgiera este gobierno miserable que ojalá dure poco y tenga tiempo de hundir la economía y aderezar este hundimiento con una catástrofe mayor. Con las declaraciones que ha hecho este ministro a El Mundo ha demostrado que es idiota.
La guerra civil no debió producirse nunca. Fue espantosa y cruel. Y como consecuencia de ella sufrimos una dictadura durante cuarenta largos años. Pero de haber ganado la izquierda igualmente habríamos tenido dictadura, en este caso comunista. Es decir, de la guerra no podía salir nada bueno. Y el gobierno debió hacer lo posible y lo imposible por evitarla. No fue el caso.
Algunos bobitos dan por supuesto que había un gobierno ejemplar, que echaba trigo a las palomas y ayudaba a las viejecitas a cruzar la calle. Y que la derecha feroz se alzó en armas contra ese gobierno tan candoroso y cumplidor de sus obligaciones. O bajan de la nube o no nos vamos a poder aguantar la risa.

lunes, 16 de julio de 2018

Borrell, el distractor

Borrell se hace el bobo mientras otros ministros, y ministras, del gobierno del que forma parte, e incluso el propio Pedro de la Preveyéndola (© Rosa Belmonte) perpetran sus barrabasadas. Este último y entre otras cosas, recibir, en representación de los españoles, de igual a igual, a un loco que llevaba un lacito amarillo en la solapa.
Este lacito amarillo es un insulto a los españoles, una bofetada a la democracia, un desprecio a la ley. Borrell, que ya se ve que no tiene vergüenza (tampoco los demás ministros de este gobierno) dice que no ve un cambio en el gobierno catalán, pese al esfuerzo extraordinario para recuperar el diálogo. Esto es una imbecilidad cargada de mala idea. ¿Qué es eso de recuperar el diálogo? El gobierno catalán se empeña en transitar caminos ajenos a ley, ataca frontalmente a España y los españoles, utiliza a la policía autonómica de manera fraudulenta e intenta torcer el pulso a los jueces. ¿Qué diálogo, Borrell?
Por cierto, Rosa Belmonte bautizó a Pedro Sánchez como ‘Pedro de la Preveyéndola’, pero Rajoy le llamó ‘aprovechategui’ con mucha razón.
Dicen quienes le han hecho la última entrevista al actual ministro de Exteriores, al que hay que reconocerle que seguramente mejorará a Margallo, porque es imposible no hacerlo, que tiene un currículo interminable. Al final, todo ese currículo se resume en una cosa: es un bluf. Hay gente sin estudios que a pesar de eso cuando llega el caso sabe estar a la altura de las circunstancias. Porque lo más importante de una persona no es el currículo, ni la capacidad para hacer el mal, que seduce a tanta gente, sino la firme voluntad de respetarse a sí mismo, de no venderse por nada, de cumplir con la obligación, de ajustarse a unos principios. Todo el currículo de Borrell se resume en que es ministro de un gobierno conseguido merced a la alianza con bildutarras y golpistas. Y no le da vergüenza. 

domingo, 15 de julio de 2018

Preveyéndola

Sobre esta cuestión no le hará ninguna consulta a la RAE Carmen Calvo. Me he enterado hace poco del asunto. Consecuencias de no ver la televisión. Ocurrió en 2014, en el transcurso de una entrevista que le estaba haciendo Pedro Piqueras al actual presidente del gobierno cuando surgió el neologismo.
Le gusta el fino, dice Rosa Belmonte, y lo toma cuando va al Puerto de Santa María, y a esos que les den ratafía, añade; o por retambufa, pienso yo, que pido manzanilla en los bares de Valencia y he de llevar cuidado para que no me sirvan una infusión. Fue ella la que eternizó el instante. La corrupción se combate ‘preveyéndola’, afirmó. Así lo hace todo. Iba en el programa de UPyD la independencia del Poder Judicial y el pollo nos sale con esas. Y ahí lo tenemos, en la presidencia del gobierno, dispuesto a armarla mucho más gorda que Zapatero. Guerra dijo que iba a dejar España del tal modo que no la conocería ni la madre que la parió. Lo del guaperas va a batir todos los registros. Si queda algo en pie será un milagro.
De momento, nos ha puesto a Calvo, que está buscando el modo de meternos a muchos en la cárcel. Calvo, nada que ver con Anasagasti, cuyas maravillas que hacía con su pelambrera nos tenían asombrados a todos: en Mallorca todavía andan mosqueados. Esta Calvo nos querrá obligar a decir pelambreros y pelambreras, poetos y poetas, porque lo de poetisa no le parecerá apropiado, hombres y hombras, no basta con destruir a España, no basta con arruinar a la mayoría de españoles, no basta con arrebatar la alegría de vivir, con cargarse la espontaneidad, con dinamitar el arte de la seducción, a todo eso hay que añadirle la liquidación de la lengua, para que sea imposible que la gente se pueda entender. 

sábado, 14 de julio de 2018

Que se lo queden

Si la suerte de la Unión Europea depende de los alemanes ya podemos ir recogiendo los trastos. La actitud de esos jueces que protegen a Puigdemont debería haber levantado oleadas de indignación en toda Alemania.
Seguramente, en el caso de los alemanes que residen en España ha sido así. Esos jueces son unos malcriados, se han entrometido en un terreno que no es el suyo y han ofendido gratuitamente a los jueces españoles. Han hecho el ridículo, además, en su explicación. Han usado el poder que les otorga el Estado alemán de forma caprichosa y lesiva para los intereses de un aliado leal. Estos jueces han puesto a su país, Alemania, al nivel del betún.
No tienen educación, ni conocimientos históricos, ni saben defenderse de sus propios prejuicios. En lugar de servir a la sociedad, la perjudican.
Un alemán, a partir de ahora, en términos generales y hasta que no demuestre lo contrario, particularizándose para desmarcarse de esos burros, es un señor que da mucha risa. Inspira jocosidad, está a la altura de Puigdemont, ese payaso malo al que tanto cariño parecen tenerle.
Es de esperar que aunque ‘Pedro de la Preveyéndola’ esté conforme con la sentencia de esos jueces de pacotilla (¿con qué disparate no estará conforme ese hombre?), ni el Tribunal Supremo ni el buen juez Llarena, cuyas enseñanzas servirían de provecho a esos individuos si no fuesen tan cortos no se rindan y les devuelvan la pelota. Que se queden a Puigdemont en Alemania, que lo dejen deambular libremente por el mundo, que vaya a donde quiera a hacer el mal, porque es incapaz de otra cosa, ya que en España no podrá. Si pisa suelo español será puesto enseguida a buen recaudo, salvo que el de la Preveyéndola siga a los mandos cuando ocurra y decida otra cosa. Porque lo cierto es que de traidores vamos bien servidos.

viernes, 13 de julio de 2018

Sugerencia para Teresa Rodríguez

No tengo costumbre de seguir a la gente de Podemos o sus aledaños, por tanto, sé pocas cosas de esta señora. Recuerdo las noticias sobre un debate televisado antes de las elecciones andaluzas en el que, según las crónicas, el candidato que demostró más preparación fue el de UPyD, partido al que yo votaba, y la peor de todas fue, precisamente, Teresa Rodríguez.
Luego ya se vio que a los votantes no les importaba eso, sino seguir cobrando las subvenciones, peonadas o similares.
Poco más he vuelto a saber de esta señora, pero últimamente ha vuelto a salir a la luz porque parece ser que tiene tendencia a recordar hechos luctuosos o injusticias del pasado. Hoy es un día señalado para recordar algo atroz. Debería lanzar un tuit sobre la cuestión, al menos yo le sugiero que lo haga. Se cumplen 21 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Lo que tuvo que sufrir hasta que la muerte vino en su ayuda bien merece un sentido homenaje.
Esta víctima del terrorismo, además, no tenía ninguna mala intención; no se le puede acusar y tampoco consta en ninguna parte, que tuviera planes para hacer algo ilegal o causar daño a terceros. La suavidad y dulzura de los rasgos de su rostro, en los que no se percibe ningún atisbo de maldad, así lo atestiguan.
Estaba afiliado al PP y era concejal por este partido en una época en la que pertenecer a este partido era un acto de heroísmo. A él le costó la vida. Fue, pues, uno de esos políticos que ennoblecen la política, al contrario que tantos otros, que la ensucian y envilecen.
Por aquel entonces, había gente que paseaba por las calles del País Vasco llevando a sus hijos de la mano, sin escolta ni temor; y había otros que tenían que ir con escolta y ni aún así podían tenerlas todas consigo.
En definitiva, Miguel Ángel Blanco bien merece el homenaje de un tuit.