La preocupación se va viendo, porque van aumentando su capital indiferentes a los alaridos de los pobres cuando los torturan. Me refiero a Zapatero y sus hijas, lógicamente, tan centrados en preocuparse por los pobres que no vieron venir a María Corina Machado. Y mucho menos a Donald Trump, al que la vida obliga a tomar partido.
Estamos pues en este mundo difícil en el que las libertades individuales, en el caso de España, no solo no se respetan, sino que se las ataca con denuedo por parte gubernamental y se hace por dos motivos. El primero de ellos es el odio de Sánchez hacia todo el mundo, procedente sin duda de la nula fe en sí mismos de los dos hermanos Sánchez, motivo por el cual intentan hacer todo el daño que pueden y mientras tanto se van llenando la cartera. El segundo de los motivos es igual de fácil: no saben por dónde van y las leyes les importan un pimiento o menos; todo lo que diga Pedro es legal y si no lo fuera se echa mano de Pumpido, al que si no hubieran avisado los jueces del Supremo ya habría enlodado la toga.
Pues esa es la cuestión: las libertades individuales, la propiedad privada, etcétera, son básicas en cualquier democracia, pero eso al presidente le da igual, lo único que le importa es que aquí manda él, pero claro, por ahora, porque al ritmo que va cualquier día sale todo el mundo a la calle, lo toma de las orejas y lo pone ante el juez. Yo creo que si sale todo el mundo a la calle Feijóo también lo hará. Le costará mucho de explicar, pero ahí estará él, demostrando que es el jefe de la Oposición. Después, cuando llegue el momento de tomar medidas tampoco se va a aclarar y ninguno de su equipo va a saber que orientación le conviene, pero menos da una piedra. No será tan malo como Sánchez.
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