No solo sabe bailar, sino que cuando se presenta la ocasión da el cante. O sin presentarse. Esta vez le ha tocado a Ana Rosa Quintana, a la que ha enviado un nutrido ramo de improperios a cual más retorcido. Se lo ha tomado todo con la fuerza con que baila, pero sin tener en cuenta que en este campo no atina ni una.
Ha llamado farsante y embustera a la presentadora de televisión, con lo cual ha insultado también a sus oyentes. Y contra eso no hay nada. O sea, que si ellos, total o parcialmente, deciden dejar de ir a verlo no tendrá nada que objetar. Lo que había dicho ella, que despertó la rabia del artista, es que los Goya en Irán habrían tenido un desarrollo distinto al que resultó en España, dado que allí las señoras deberían haber ido vestidas según el gusto de los ayatolás. No lo pudo resistir el hombre. Por cierto, en Irán ha muerto mucha gente acribillada a balazos. Claro que Ana Rosa Quintana no podía hablar tanto, puesto que los españoles no hemos reaccionado como era menester. Tampoco lo ha hecho Meloni, a la que solemos alabar, pero aquí se ha dejado un cabo suelto.
Tampoco tenía bastante con todo esto y le ha reprochado que no se tape más, ya que no le gusta ver su cara de ultraderechista acostumbrada a contar mentiras. Quién le va y con el que se solidariza es Pedro Sánchez, que se ha metido con tipos como Netanyahu y Trump. No se le ocurrido pensar en los asesinatos de Irán, cuyo número es difícil der precisar. Masih Alinejad habló hace poco de treinta y dos mil. Sean las que sean, una o cien mil, es una atrocidad, pero de eso el tal Duato no ha dicho nada. Pues así estamos en esta patria nuestra, con motivos para salir a la calle, pero sin salir.