Ha de caer, claro, pero no sabemos cuando. Durará lo que dure Sánchez, que tampoco debe de ser mucho. Es un milagro que haya llegado hasta aquí y de hecho hay que reprocharle al PSOE la hazaña. El partido, que estuvo a punto de quitárselo de encima para siempre, acabó cediendo total y absolutamente y desde entonces le aplaude todo lo que hace. El partido sabrá lo que quiere y adonde va. Les recomendaría que cortaran ya, sabiendo que en el improbable caso de que me lean se van a reír.
El caso es que las cárceles están absolutamente abarrotadas y en ellas hay animales muy peligrosos que, de sopetón y sin avisar, le dan una hostia al guardia que se les ocurre, sin que sea posible averiguar por qué lo han hecho. No es posible porque Marlasca no quiere, pues si protegiera a los funcionarios eso ni llegaría a ocurrir. Uno de estos, de nacionalidad rumana, le dio un puñetazo a un funcionario, cuando lo llevaban al juez, merced al cual tuvo que ser trasladado en ambulancia a un hospital, para que se evalúe el daño recibido y se impida que pase a mayores. Esa es la cuestión con la que bregan, porque las agresiones son muchas y ellos no se ven debidamente respaldados.
Los trabajadores penitenciarios quieren tener la condición de agentes de autoridad y que revisen con urgencia los protocolos de psiquiatría penitenciaria, aunque lógicamente no tienen ninguna esperanza de que el ministro les haga caso. Todas sus expectativas se centran en el siguiente.
Mientras tanto las agresiones van en aumento, algún día pasará algo grave, entonces el ministro dirá palabras solemnes, que se llevará el viento enseguida, y todo seguirá igual hasta que realmente se ponga orden. Lo cual ocurrirá, lógicamente, en cuanto, por fin, una persona seria ocupe el ministerio.