Antes de irse de vacaciones durante cinco semanas, si no recuerdo mal, el buen hombre ha hecho un repaso de su mandato sin que se le escapara una sola queja, lo que, evidentemente, lo deja a los pies de los caballos. Ni lo del virus chino, ni la pandemia, ni la DANA, por citar solo unos cuantos, le dieron por mover un solo gramo de su anatomía. Digamos que todo lo que ha sido de generosa con él lo ha tenido de negativa en lo personal.
Ni tiene respeto por los jueces que no le barren el agua, otra cosa es lo que le ocurre con Conde-Pumpido, que pese a no dar una a derechas tiene toda su consideración. Este es el camino que marca a los jueces y resulta que los hay que no lo apoyan y en esta tesitura estamos. Es muy difícil ser juez, haber aprobado todas las oposiciones y luego estar de acuerdo con este fiscal y este juez, pero los hechos demuestran que los hay y no son pocos. Por eso, cuando ha habido jueces que a pesar de ser de izquierdas se han batido el cobre por la derecha vemos que no todo está perdido. Ahora bien, en esta tesitura completa en que la que quien no esté absolutamente convencido por Pedro Sánchez no es de izquierdas.
Cuando llegó el caso de los números en la comparecencia presidencial volvió a hacer arte marrullero: ahí dijo que la economía española crece cinco veces más que la italiana, cuatro que la francesa y tres que la italiana. En cambio, con Rajoy… La corrupción llegó con el turno de las preguntas, fue capaz de defender a Zapatero, lo de su hermano fue una bajeza y lo de Begoña va camino de serlo. Colocó su política exterior en las antípodas de la de Donald Trump.
Total: lo que siempre digo, lo que nos cuesta echarlo.
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