lunes, 1 de junio de 2026

Redondo, a Estados Unidos

 

Hay quien se convierte automáticamente en escombro moral, quizá porque no se concibe como una persona decente y con principios. Se da el caso de que cuando concurren estas circunstancias necesitan alguna excusa para convencerse a si mismos en primer lugar y luego a los demás de que su historia es cierta. Habrá adivinado todo el mundo, puesto que está en el título, que me refiero a la ministra de Igualdad de España. Otros implicados lo disimulan mejor, pero en este gobierno no hay nadie que disimule nada.

Ana Redondo es escoria moral, como también lo era su antecesora, y cualquier cosa que diga o haga suscita el rechazo de la mayoría de las gentes. No cabe esperar ningún acto de Pedro Sánchez, del gobierno o del PSOE, porque a estas alturas ya nos conocemos todos y sabemos lo que hay. No van a hacer nada, entre otras cosas y sobre todo porque disfrutan viendo la cólera de la oposición y porque les gusta lo que hace. Esta señora, que no tiene idea de nada, salvo sacar de quicio a la mayoría, ha querido obligar a los funcionarios a utilizar el lenguaje neutro no binario, lo cual ha encrespado a otras feministas que no están de acuerdo con esta sugerencia. También se ha gastado esta dama un dineral en arte con perspectiva de género y al final ya es una guasa que nos tengamos que conformar con el presidente que tenemos.

Ha hecho hincapié un cronista en que Felipe González no pretendía derribar al Estado y Pedro Sánchez sí. Vamos a ir por partes. Lo que pretendía dios, así le llamaban, es que el Estado estuviera siempre al servicio del PSOE. No era mala idea. Lo que quiere el fulano actual es que todo el mundo sepa que el presidente es él. Lo de derribar al Estado ha surgido a propósito de unos problemas que no había previsto. Aparte de que cuando prevé algo ocurre lo contrario.

Esos libros míos