Todas las piezas comunistas, por más o menos votos, van cayendo y el orden se va acercando al ideal. Quiero decir que falta bastante para que el orden se acerque mucho más, pero de momento nos hemos de ir conformando con esos pocos de ventaja, a la espera de que la irrupción de María Corina Machado en Venezuela vaya marcando el paso a todos. Lleva muchos años preparándose para esto, en el escondite clandestino, desde el cual ha logrado reunir un ejército formidable, tener bajo control las treinta mil mesas electorales, apoyada en el desinterés gubernamental, tan pasivo con ella todo el tiempo, desde que la apalizaron y torturaron. Ella luego se ha servido de ese desprecio para ir haciendo camino, pensando en la manera de hacer el cambio de un gobierno por otro.
Ya intuíamos lo que iba a pasar en Perú, teníamos claro que ese voto del exterior iba a repercutir positivamente en Keiko, como suele ocurrir en las sucesivas elecciones y quedaba confirmar que las cosas iban a seguir por ese mismo camino, hasta que finalmente el asunto ha quedado claro y visto para sentencia. El candidato comunista se ha pasado de frenada y cuando ha ido a querer que anulen esas votaciones ha llegado tarde. Solo faltaría que tampoco hubiera pagado las cuotas que se necesitan para hacerlo, lo cual, tratándose de un comunista, cae dentro de lo probable. El margen con el que ahora cuenta la candidata de derechas es escaso pero irreversible a la luz de los hechos. Tiene casi cuarenta y cuatro mil votos de ventaja y quedan algo más de veinticinco mil votos para ser contados, con lo cual la ventaja ya es francamente imbatible. ¿Cómo hemos podido llegar hasta esto? Pues no voy a decir que la paciencia es la madre de la ciencia, pero sí que ella lleva en su alma el recuerdo de su padre...
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