Tras la muerte de Franco, eran tan fuertes los anhelos que teníamos los españoles de alcanzar la democracia que todos los sectores cedieron para que ésta fuera posible. Quizá el temor a que se truncara fue lo que posibilitó que la democraciara comenzara a rodar sin titubeos. Cuando pocos años más tarde el partido socialista ganó las elecciones llegó el momento de la revancha para quienes habían perdido la guerra. Lo que se esperaba es que el gobierno de Felipe González fuera ejemplar y con ello que la llamada derecha se llevara una lección. Pero no ocurrió así y buena parte de los socialistas jamás perdonará a Felipe González que les defraudara en este sentido. La leyenda de los cien años de honradez quedó hecha añicos y una equis planea en el ambiente. Le llegó el turno a un personaje mediocre, llamado Aznar, que demostró esta condición al tirar por la borda, absurdamente, todo lo que la rueda de la fortuna le había regalado, al empeñarse en acudir a Iraq en contra del sentir general. Si hubiera mantenido el tono modesto de sus primeros tiempos, ahora no tendríamos más remedio que aplaudirle por algunas de las cosas buenas que ocurrieron durante su mandato. Pero hay caracteristicas personales que necesitan salir a flote y las suyas salieron. Y Aznar sigue por el camino que no debió emprender jamás. La vuelta del partido socialista al gobierno ha significado que la revancha vuelva a flotar en el ambiente, pero en ningún momento Zapatero ha proporcionado a sus seguidores ninguna esperanza de que su gobierno vaya a ser ejemplar. No se le pueden negar aciertos, ni muchas buenas intenciones. Pero el tipo de revancha que flota ahora en el ambiente tiene más que ver con el ajuste de cuentas que con la ejemplaridad. El drama de las dos Españas acecha de nuevo y haría bien el presidente en preocuparse por esta cuestión por el bien de todos, porque aunque no peligre la democracia, sí podemos perder otras cosas.