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jueves, 18 de abril de 2019

El olor del dinero

Abundan los que al olor del dinero se acicalan, se visten de forma muy calculada y preparan su discurso en función del impacto que puede causar en el sector de la población que les conviene. No importa que no tengan nada bueno que ofrecer.
Ahí están ese Rufián que, según cuentan, es posible que vaya a un salón de belleza todos los días, para que le retoquen la barba y lo peinen, pues parece ser que tiene varios modelos de peinado, y también le indican la vestimenta del día; esa Montero, marquesa de Villa Tinaja, que se centra en el eslogan, pasando por encima del concepto, que seguramente no entiende, pero que si lo entendiera no le interesaría tampoco porque lo suyo no es el debate de las ideas, sino hacer sangre en quienes se ha señalado como enemigos; también anda olfateando el dinero el coletas, ya centrado en obtener escaños, una vez que se le ha escapado la posibilidad de sobrepasar al PSOE, y si va a Canarias, hace allí lo mismo que en Cataluña, aunque sea este uno de los motivos que le ha hecho perder comba, quizá el más grave; y muchos otros que, como ellos, cuidan más la imagen que el discurso.
Hay una distancia insalvable entre estos y aquellos estadistas que, como Churchill, prestaban más atención al contenido que al continente. Claro que en aquellos tiempos de antaño los debates no eran televisados y, por tanto, no podían dirigirse a las masas incultas, sino que tenían que hablar para un auditorio selecto que tenía conocimientos y era el que cuidaba de los intereses de los menos informados.
Hoy en día, las nuevas tecnologías permiten que personas despabiladas se las ingenien para conseguir que las voten y, con ello, vivir a costa del Erario.
Por eso la democracia debería protegerse obligando a pasar exámenes, de cultura general, de conocimientos legales básicos y psicológicos, a los políticos

lunes, 12 de noviembre de 2018

Yo sí creo en los jueces

No son perfectos, como tampoco lo son los carteros, los arquitectos, los médicos o los revisores del gas. Pero en conjunto creo que son mejores que los políticos.
Cualquiera entiende fácilmente que si se enfrentara en una simple prueba de ortografía a cincuenta o más jueces contra un número igual de políticos, escogidos todos por sorteo, los primeros obtendrían una victoria abrumadora. Si la prueba fuera sobre la Constitución, que los políticos tienen la obligación de dominar, o sobre historia de España, de conocimiento también obligatorio para éstos y no tanto, aunque también, para los jueces, el resultado sería el mismo.
En la política española se han juntado unos impresentables, que se han juntado a otros que ya había de antes, cuyo proyecto consiste en hundir a los españoles en la miseria y para conseguirlo intentan socavar los pilares del sistema, la monarquía, la fe en la justicia y si vislumbraran posibilidades de éxito también atacarían a la Seguridad Social. De momento, se conforman con intentar colapsarla y dificultar, en la medida de sus posibilidades, su funcionamiento. Intentan ocupar puestos clave, desde los que puedan hacer el mal.
Me estoy refiriendo, claro está, a Podemos, aliado circunstancial de los nacionalistas y unos y a otros les interesa debilitar a la Monarquía y desacreditar a los jueces.
Lo que pretende Podemos, o sea, el coletas, Echeminga, el niño de la beca, etc., es convertir a España en Venezuela, pero no en la de antes de Chávez, sino en la actual, en la que la miseria y el miedo avanzan a pasos agigantados; o en Cuba, pero no en la de antes de Fidel Castro, sino en la de ahora mismo, en la que el hambre se enseñorea de la isla.
Los jueces nos pueden salvar de ese destino que algunos pretenden para nosotros. Incluso en la Venezuela de Chávez ha habido jueces honrados, aunque bien es verdad que lo han pagado caro. En España también los hay y estoy seguro de que se sienten acosados.

miércoles, 12 de abril de 2017

Algunos etarras tenían el teléfono de P.I.

Pablo Iglesias, que ha sido rebautizado como macho alfalfa, suele decir, y también los de su cuerda, que está con ‘la gente’, pero sin especificar con qué gente, porque desde luego conmigo no. Y no soy el único que no quiere verlo ni en pintura.
Si lo veo venir, me cambio de acera. Y lo mismo con cualquier podemita o similares. Todo se contagia y sólo me faltaría tener algo que ver con ellos.
Finalmente, se ha sabido a quienes se refiere cuando dice la gente y es que varios etarras tenían su teléfono. Nada nuevo bajo el sol, por supuesto; todo se intuía, dados los comentarios amables con que el elemento también conocido como el coletas dedicaba a la banda. O sea, que las simpatías del sujeto hacia los terroristas iban más allá de la admiración que pudiera sentir por ellos, puesto que cultivaba la amistad con algunos.
Todo en el caso de este ‘redentor’, entrecomillado y escrito con sorna, es engañoso. Puesto que se presenta como presunto limpiador de la política española y, en realidad, viene a ensuciarla más. No es raro que se niegue a condenar el régimen de Maduro, puesto que hasta el nombre de su partido procede de la Venezuela de Chávez, y tampoco extraña que tenga amistad con algunos etarras, puesto que ese gobierno venezolano, hacia el que siente tanta simpatía y gratitud, acoge y cuida a unos cuantos terroristas etarras. Tal vez a través de los etarras que viven tan ricamente en esa Venezuela que pasa hambre Pablo Iglesias haya logrado contactar con otros miembros de la banda. Aunque tampoco cabe descartar que hubiera conseguido esos contactos por sus propios medios.
El caso es que se presenta como demócrata y siempre está en contra de la ley. A ver quién ata esa mosca por el rabo.