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domingo, 14 de enero de 2007

Objetivos del Milenio

Once de las principales empresas españolas se han comprometido ya con los Objetivos del Milenio, lo que resulta esperanzador. Pero quisiera añadir por mi parte que dichos objetivos no deberían plantearse como una meta empresarial, como si se hubiera llegado al estado de cosas que se trata de combatir de modo irremediable, como si los acontecimientos no hubieran podido ser otros. En realidad deberíamos avergonzarnos de que haya gente en tan lamentable situación, de que la humanidad, en su desarrollo, haya sido tan egoísta y no se haya dado cuenta de la gente que iba quedando en la cuneta. Todos tenemos nuestra parte de culpa en el asunto. Un granito de arena no es nada, pero sumados miles de millones de granos hacen una montaña. Miles de millones de personas han puesto y ponen el principal énfasis en vidas en la búsqueda de mejorar su comodidad, olvidando que un número mucho mayor de personas sufría o sufre lo indecible al mismo tiempo. Pero si las personas tenemos nuestra parte de responsabilidad en ese estado de cosas, mucha mayor es la de quienes tienen influencia en la sociedad. Los empresarios deberían comenzar a trabajar por los objetivos del milenio respetando la dignidad de los trabajadores. Si se estuvieran respetando ya no proliferarían los casos de acoso moral en el trabajo, que ha llegado a las escuelas e incluso a las fincas. Si se respetara la dignidad de las personas y todos supieran que un ser humano vale más que cualquier objetivo, la solidaridad brota de modo fácil. Pero cuando se trata de imponer al prójimo las propias ideas, de subyugarle y de obligarle a humillarse, es fácil que ese prójimo, si cede, se convierta en mezquino y egoísta.