Dos de las ideas de Pujol que aparecen en la entrevista sirven para ilustrar acerca de los derroteros hacia los que tiende este político. Una de ellas es su afirmación de que Cataluña tiene personalidad propia y diferenciada. La redundancia es suya. Y la otra idea seleccionada es esta: Todo político debe tener una idea de lo que quiere hacer. Y debe tener una idea y un proyecto de su país, porque en caso contrario, se limitará a la gestión y no podrá propulsarlo.
Es decir, si todo político debe tener una idea de lo que quiere hacer y la idea suya es que Cataluña tiene una personalidad propia (y esa manera de decir las cosas da a entender que las demás Comunidades Autónomas no la tienen, cosa, por otra parte, que no se sostiene a poco que se piense). Cataluña tiene una personalidad propia, pero la Cataluña de 1900 no es igual que la de 1975, y ésta tampoco es igual que la de 2009. Las personalidades de los pueblos cambian con sus circunstancias. Por tanto, es algo sobre lo que los políticos no deberían actuar. Si Pujol se obsesiona con la personalidad de Cataluña, por fuerza de ha de olvidar de los catalanes.
La función del gobierno de Cataluña consiste en procurar el desarrollo y el bienestar de los catalanes, fomentando la investigación y procurando la mayor calidad posible en la enseñanza, en las condiciones de trabajo, en el desenvolvimiento de las empresas, etc. Puesto que en lugar de lo anterior, se ha dedicado a explicar al mundo la grandeza de Cataluña, las glorias pasadas, etc., tiene razón Pujol cuando afirma que se ha quedado fuera de juego.