No estoy seguro de que sea la primera vez; es más, creo que Feijóo tiene la costumbre de meter la cabeza en ese atasco descomunal, en el que todo aquello que contenga un ápice de nobleza fracasa sin más preámbulos. Si está desesperado, porque ve que las encuestas no le salen bien, debe dimitir y dar paso a otra persona. Las hay en su partido muy apropiadas para dar un vuelco a la situación. No tiene más que fijarse en el encono de toda la izquierda a Isabel Díaz Ayuso para comprender por dónde van los tiros.
A estas alturas de la película Feijóo ya debería haberse dado cuenta de que Junts es una de esas anomalías que contiene la Constitución y que a ninguno de los anteriores presidentes le ha dado por corregir. Lo tenían fácil y habrían salido ganando, pero no les pasó por los huevos -hablo de Aznar y de Rajoy- dedicarse a la tarea. Claro que los vascongados y los catalanes habrían puesto el grito en el cielo, pero habría bastado una aparición del presidente en la televisión para explicar las bondades del cambio, y unos cuantos garrotazos en las espaldas de los manifestantes, e incluso alguna condena de cárcel, para que todo se calmara. A partir de esos pequeños cambios legales todo ocurriría después de otro modo.
Naturalmente que como he dicho en otras ocasiones, hacen falta cambios de más calado en la Constitución, pero aquí el asunto es ese por el atrevido titular mediático. Y Feijóo debería ser consciente de que toda la cera que hay es la que arde, y fuera de esa no hay nada. Lo que debe hacer, si pretende seguir aspirando a presidir el país, es estudiar la situación y proponer cambios que realmente entusiasmen al personal y entonces verá que todo se vuelve más fácil.
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