No están conformes estas dos damas con las pesquisas del juez Peinado, sobre todo en la parte que las concierne a ellas. Hacen elucubraciones en público para demostrar que el juez está equivocado, pero cuando las llama a declarar se callan. Y esa es otra parte de la trama.
Ahora le ha tocado a la asesora. Se pone a explicar los minutos que dedicó a Begoña Gómez en el transcurso de su relación. Como si no lo supiéramos nosotros, y desde luego que yo no tenía ni idea. Quien la ha de tener es el juez, que seguramente se sabe de memoria todo lo que ella cuenta a los medios. Y quizá alguna cosa más. Pero él la llama para ver su grado de implicación en el caso y quizá si está dispuesta o no a colaborar con la justicia. Está claro que ella lo ve todo negro, pero debería haberse acostumbrado ya a las cosas de Peinado, que no se deja absorber ni amedrentar por ninguna fuente.
En estas estamos, mientras ella protesta, y Begoña, como si no tuviera confianza con su capacidad de persuasión, se ha sumado también a la iniciativa y ha solicitado que el auto del juez sea declarado nulo.
No voy a criticar a los abogados que defienden a estas dos damas habida cuenta de que la vida ya les ha puesto un difícil camino por delante y ya veremos si a lo largo de los juicios tienen más motivos para reír o para llorar. La cuestión es la siguiente: por ahora, todo lo que hacen es alargar los juicios, dar tiempo a que el amadísimo se haga el amo. Si no fuera así, si no tuvieran nada que ocultar, simplemente acudirían al juzgado para dar parte al juez de todo lo hecho. No sienten deseos de hacerlo.
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