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domingo, 10 de abril de 2016

No puede ser cierto lo que dice P.I

«Han intentado domesticarnos», ha dicho y no me parece probable que haya mucha gente dispuesta a acometer una tarea que se presenta como hercúlea. No obstante, es un avance que haya reconocido que está por desbravar.
Eso es evidente para toda aquella persona que vaya por la vida con los ojos abiertos, aunque esos a los que Jon Juaristi califica como majaretas apacibles se nieguen a verlo y se dejen llevar por sus delirios furiosos.
Alguien que hace escraches (a Rosa Díez, sin ir más lejos), amenaza (el miedo va a cambiar de bando), es clasista (lúmpenes de clase mucho más baja que la nuestra), falta al respeto a los contribuyentes (en la toma de posesión del escaño, por poner un ejemplo entre muchos), o, para terminar por no alargar demasiado la cosa, es incapaz de condenar a los regímenes de Venezuela o Irán, es obvio que está muy lejos de tener principios democráticos.
La democracia sólo es posible a partir de un grado avanzado de civilización, y lo que pretende este sujeto, sirviéndose de una formación de extrema izquierda, habilitada al efecto para ese fin, es alcanzar el poder y no soltarlo jamás.
Sin contar con las mentiras que dijo sobre su padre y su abuelo fueron represaliados, puesto que el segundo fue juzgado por hacer sacas y su padre por pertenecer al FRAP.
A la vista de sus antecedentes no es extraño que sea más cercano a los etarras que a sus víctimas, ni que cometiera la bajeza de calificar a Otegui como preso político.
Hay maestros a los que la naturaleza ha dotado con una paciencia extraordinaria y son capaces de hacer maravillas con los alumnos más difíciles, pero creo que incluso éstos abandonarían la tarea de convertir a esta pieza en un hombre de bien en el caso de que hubieran osado comenzarla.

martes, 15 de julio de 2014

Mario Vargas Llosa da la cara de nuevo


Mientras muchos intelectuales tratan de pasar desapercibidos cuando está en boga algún asunto importante, y otros aún hacen peor, porque ceden a las tentaciones del populismo, Mario Vargas Llosa da la cara, aún a sabiendas de que los antidemócratas no le van a aceptar que opine lo contrario que ellos.

En esta ocasión ha puesto su firma en un manifiesto en el que se le pide a Rajoy que no negocie nada con Arturo Mas, presidente de la Generalidad de Cataluña. ¿Qué tiene que negociar el presidente de España con quienes incitan al odio contra los españoles, mienten, tergiversan e inventan? Gentes que en momentos delicados en los que sería necesario el concurso de todos para resolver la situación lo que hacen es aprovechar la momentánea debilidad para chantajear con el fin de obtener más beneficios particulares. Rajoy debería saber, y para darse cuenta de ello no tiene más que mirar a sus antecesores en el cargo, que si negocia con Mas no sólo no resolverá el problema, sino que con ello dará pie a que siga creciendo. Rajoy no debería tener en cuenta su conveniencia particular, sino que debería comprender que actúa en nombre de todos los españoles, cosa que le obliga a cumplir la ley y hacerla cumplir, y defender el buen nombre de España, que unos descerebrados intentan mancillar. Los nacionalistas, con su proceder desleal, también ensucian el buen nombre de Cataluña.

Sonroja un poco que el presidente del gobierno de España dé pie, con su equívoco proceder, a que se le tenga que presentar un manifiesto así.

Acompañan a Mario Vargas Llosa en la firma del manifiesto una cincuentena de personalidades, entre las que hay políticos del PP, del PSOE, de UPyD y de CC.OO.

Algunos de los firmantes son veteranos en este oficio de denunciar los desmanes nacionalistas, como es el caso de Arcadi Espada, Jon Juaristi, Albert Boadella o Félix de Azúa.