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sábado, 8 de junio de 2019

La filosofía y el mal

Uno de los capítulos de ‘Aceptar el destino’ se titula ‘El fracaso de la filosofía’, pero lo de estos filósofos franceses que han salido en defensa de Ternera va más allá del fracaso, puesto que es la perversión de la filosofía.
El uso de la filosofía para amparar el mal es una traición palmaria a Sócrates y a quienes hicieron posible que las lecciones del sabio griego llegaran hasta nosotros.
Pero no se conforman con esto esos señores, vergüenza para Francia, en su vileza, sino que además, con un desparpajo propio de cualquier rufián de los que nos gastamos por aquí, comparan a Ternera con Mandela. Esa es una ofensa absoluta para el propio líder sudafricano, para las víctimas del terrorismo y para todos los españoles, al menos, para todos los españoles de bien. Es posible que los rufianes, los podemitas y otros elementos de similar calibre, estén de acuerdo con eso.
Cuando un grupo de filósofos se sirve de esta condición para poner la filosofía al nivel de las personas más degradadas moralmente deja de ser un arte noble para convertirse en un negocio. Y de los más sucios e infames.
A estos intelectuales franceses no les ha importado poner de manifiesto y de forma clara e inequívoca sus malas intenciones, seguramente porque piensan que hay un número considerable de personas que están de acuerdo, sin tomar en consideración que son canallas.
Es de una sandez inconmensurable comparar a Mandela con Ternera. Están obligados a saber exactamente quien fue el político sudafricano y la única explicación que cabe es que lo odian, porque fue una buena persona. Lo rebajan al equipararlo con un etarra tan ruin como todos los etarras. ¡Ya quisieran Ternera, Otegui, resto de etarras y esos mismos filósofos franceses, ser como Mandela! Pero está fuera de sus posibilidades. 

miércoles, 10 de enero de 2018

Mas ‘se hace a un lado’

El pobre lo explica como si fuera una heroicidad, tiene la impresión de que ha hecho algo grande, pero el lacito de gilipollas que lleva en el ojal lo delata.
Arturito siempre ha tenido afición a compararse con personajes históricos, como Moisés, Gandhi, Mandela, la reina de Saba, Cleopatra, con el Cid Campeador no, porque era español, Darwin, El Guerrero del Antifaz (las señoras compraban el tebeo a sus hijos, pero era para leerlo ellas, porque estaban enamoradas del personaje, pero ¿quién se va a enamorar de Arturito con lo tarugo que es?), en fin, es difícil seguir las fantasías de Mas, porque no para y el caso no sólo es que se las cree de verdad, sino que a veces le funcionan.
La última de sus ensoñaciones, o una de las últimas, consistió en que los catalufos le pagaran el importe que le reclama el juzgado, a pesar de que viene cobrando una suma sustancial todos los meses del Estado, y el caso es que hubo bastantes que contribuyeron, quizá haciendo un sacrificio en muchos casos, pero como no consiguió todo el dinero que necesita, sino sólo una parte, lo cual le enfadó tanto que llamó tacaños a sus votantes. Ninguno de los personajes a los que a lo largo del tiempo se ha ido creyendo que se les parece hubiera hecho eso, que es más propio de gilipollas, como ya sabemos que es, por el lacito en el ojal y por otras melonadas.
Quizá la más sonada de todas haya sido la de elegir como sucesor al tipo más tarado y más cobarde que pudo encontrar, un sujeto que estuvo jugando con fuego hasta que se quemó y que sigue jugando, hasta el punto de que cuando lo atrape la justicia tendrá más cargos contra él que contra ningún otro.
Mas se cree muchas cosas, pero nunca ha hecho nada bien.