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sábado, 10 de agosto de 2019

El caso Miguel Ricart

Miguel Ricart es un abominable asesino que debería haber estado más tiempo en la cárcel, pero algunos se empeñaron en revocar la doctrina Parot y lo consiguieron. Los hay que laboran no en pro de la ley, sino de los peores asesinos.
El caso es que ya lleva tiempo en la calle y desde entonces no ha dado que hablar. Su hija, en el caso de que solo tenga una, cosa que desconozco, no tiene culpa de lo que haya hecho y está muy bien que tenga piedad por él y lo haya acogido, si es el caso. Conozco a un gran número de personas capaces de perdonar lo más atroz y de condenar por lo más nimio, y de forma radical.
La cuestión es que hay otros asesinos mucho peores que Ricart a los que se rinde homenaje al salir de la cárcel. No es justo que la sociedad acorrale a Ricart y observe con indiferencia lo que ocurre con los etarras. Entre Ricart y Otegui hay un trecho muy grande. Ricart sabe que lo que hizo está mal. En cambio, Otegui dice que hicieron más daño del que tenían derecho a hacer. Ricart quiso satisfacer un capricho personal; Otegui, Azpiazu (el cristalero), De Juana, Ternera…, quisieron aterrorizar a todos los españoles. A los decentes, me refiero. A los que recogen las nueces no.
Ricart sabe que lo que hizo está muy mal. Ternera dice que fue, es y será de ETA, y está orgulloso.
Los seres humanos más inmundos son los etarras, junto con los nazis, los terroristas islámicos, y todos los demás terroristas, incluidos los catalanes, algunos de ellos integrados en ERC.
Cabe la posibilidad de que Ricart haya recapacitado, de que se haya dado cuenta de que lo que hizo, no está nada bien. El perdón es una prerrogativa humana que no se conoce bien. De lo que no cabe duda es de que los etarras, en su inmensa mayoría, siguen siendo etarras, o sea, inmundos.

sábado, 8 de junio de 2019

La filosofía y el mal

Uno de los capítulos de ‘Aceptar el destino’ se titula ‘El fracaso de la filosofía’, pero lo de estos filósofos franceses que han salido en defensa de Ternera va más allá del fracaso, puesto que es la perversión de la filosofía.
El uso de la filosofía para amparar el mal es una traición palmaria a Sócrates y a quienes hicieron posible que las lecciones del sabio griego llegaran hasta nosotros.
Pero no se conforman con esto esos señores, vergüenza para Francia, en su vileza, sino que además, con un desparpajo propio de cualquier rufián de los que nos gastamos por aquí, comparan a Ternera con Mandela. Esa es una ofensa absoluta para el propio líder sudafricano, para las víctimas del terrorismo y para todos los españoles, al menos, para todos los españoles de bien. Es posible que los rufianes, los podemitas y otros elementos de similar calibre, estén de acuerdo con eso.
Cuando un grupo de filósofos se sirve de esta condición para poner la filosofía al nivel de las personas más degradadas moralmente deja de ser un arte noble para convertirse en un negocio. Y de los más sucios e infames.
A estos intelectuales franceses no les ha importado poner de manifiesto y de forma clara e inequívoca sus malas intenciones, seguramente porque piensan que hay un número considerable de personas que están de acuerdo, sin tomar en consideración que son canallas.
Es de una sandez inconmensurable comparar a Mandela con Ternera. Están obligados a saber exactamente quien fue el político sudafricano y la única explicación que cabe es que lo odian, porque fue una buena persona. Lo rebajan al equipararlo con un etarra tan ruin como todos los etarras. ¡Ya quisieran Ternera, Otegui, resto de etarras y esos mismos filósofos franceses, ser como Mandela! Pero está fuera de sus posibilidades. 

domingo, 19 de mayo de 2019

La jeta del obispo de Tarragona

Vivimos tiempos muy duros, le acaban de hacer un homenaje al etarra Ternera sin que nadie lo haya impedido, ni puesto a los organizadores a disposición de la justicia.
Un desgraciado, que a pesar de esta condición ha ostentado, y quizá lo sigue haciendo, cargos de importancia en el PSOE ha dicho que Ternera es un hombre de paz, y no lo han expulsado del partido. También dijo eso Zapatero de Otegui y el personal no se ha sobresaltado por ello.
Un tipo que a lo mejor es psicópata y al que todo el mundo lo considera capaz de cualquier cosa con tal de ser presidente, ha ganado las elecciones.
La Iglesia Católica ha nombrado obispo a un tal Planellas que, por catalogarlo de forma suave, es imbécil. Saltó a la fama a raíz de una polémica con Dolores Caminal en la que puso de manifiesto que lo suyo es la maldad. El amor al prójimo lo ha sustituido por amor a la tierra. El suyo es un discurso dirigido a mentes infantiles y enloquecidas por el odio a los españoles que no piensan como ellos. Al odio a las personas razonables lo llama amor a la tierra.
Si yo soy cura, obispo o cardenal y me entero de que nombran obispo a este, me salgo enseguida de la Iglesia. Pero es que no es el primer obispo nada recomendable que hay en la España de los tiempos democráticos.
Pero no es que la Iglesia Católica Española esté en trance autodestructivo. Toda la Iglesia Católica en general está en la misma tesitura, desde el momento en que fue elegido el actual papa, quizá el más malvado de entre la larga lista de papas malvados que ha habido. En estas circunstancias, poner la equis en la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta es dar por buenos el nombramiento de ese obispo y las maldades del actual papa.

viernes, 17 de mayo de 2019

Iceta, Ternera, Otegui, Eguguren…

No se me escapa que si hablo de la muerte más de uno va a tocar madera y que, en cualquier caso, el que más y el que menos la ve lejos.
Sin embargo, muchos de esos que la ven lejos mueren al día siguiente, por supuesto que de forma totalmente inesperada. Y es que no se puede separar la vida de la muerte, porque una justifica a la otra, y viceversa.
El caso es que no sabemos, ni podemos saber, qué ocurre después de la muerte. Cabe la posibilidad de haya algo y que ese algo signifique que cada uno se tenga que enfrentar a lo que ha sido en vida. La cuestión es que mientras estamos vivo la función del autoengaño existe e incluso un tipo tan miserable como Otegui puede pensar que no ha hecho más que cumplir con su deber.
Una vez en el otro mundo, en el supuesto de que exista, podría ocurrir que esa posibilidad del autoengaño haya desaparecido y entonces uno se tenga que enfrentar a la verdad. Que tuviera que ver todo el daño que ha hecho en vida, y el que ha podido hacer. Porque muchas de las canallas que se hacen, de forma impune, no tienen consecuencias, pero podrían haberlas tenido.
El supuesto al que me refiero es que exista algo después de la muerte, como he apuntado líneas arriba, y que ese algo obligue a todos a ver su vida, las consecuencias de sus actos y las que podrían haber sido. En este caso, personalmente, no quisiera estar en la piel de los citados, ni de muchos otros tampoco, claro. Entre ellos, Iceta, Ternera, Otegui, Eguguren, hay grados, lógicamente. Unos son peores que otros. Pero ninguno de los cuatro tiene la ley como un valor digno de tener en cuenta, y de la lealtad ya ni hablamos. 

viernes, 22 de marzo de 2013

Reprimir las ganas de dar una hostia

No veo la televisión, como suelo decir, así que me he enterado hoy, porque lo he leído en El Mundo. Hay quien dice que leer El Mundo es de idiotas. Me quedo con el idiota y sigo. Me he enterado hoy de que Telecinco hizo una pregunta a los dos candidatos a la presidencia del gobierno:
¿Qué haría si se encontrara por la calle con Josu Ternera? Llamar a la policía, dijo Rajoy (¿para qué?, le preguntaría yo); cambiar de acera, respondió Zapatero (eso sería si no iba con Eguiguren, le diría yo). Mi respuesta a esa misma pregunta sería: reprimirme las ganas de darle una hostia, porque la violencia no es lo mío. La denuncia valdría la pena si la ley fuera clara y la Justicia independiente.
He leído la noticia aquí y, como se puede apreciar, va encabezada por una fotografía en la que aparecen tres sujetos sonrientes. Ninguna sujeta, Aído; ninguna miembra. Se les adivina que duermen a pierna suelta, como si tuvieran la conciencia tranquila. Aunque no me extrañaría que la tuvieran tranquila. A ellos, ¿qué más les da?
Lo que a unas personas les parece atroz a otras les parece normal. Lo que unos no serían capaces de hacer por nada del mundo otros lo ejecutan sin ningún reparo. Un tiro aquí, una bomba allá, un secuestro acullá, todo por la “patria”. Cada uno elige su propia patria, faltaría más. Unos eligen como patria a la palabra, otros a la justicia, otros el lugar que les da trabajo, otros la que les resulte más cómoda y conveniente a efectos prácticos, otros el crimen y la extorsión. Los políticos saben todo eso y, por lo que vemos, saben calcular dónde tienen los mayores graneros de votos. La patria de los políticos es la de los votos. Los buscan como los caminantes del desierto buscan el agua. De modo que hay que decir que Eta está acabada y si alguien dice que lo duda, los profesionales de la política arremeten contra él.