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martes, 23 de julio de 2013

Critican a la juez Alaya

Siempre se pueden encontrar motivos para criticar a cualquiera y la juez Alaya no iba a ser la excepción.
Y se da la circunstancia, no tan inesperada por otra parte, de que quienes la critican a ella son los mismos que alaban a Ruz.
Una costumbre muy arraigada entre los españoles, y que cabe achacar, como en otros casos, al multisecular dominio que los oligarcas vienen ejerciendo en este país, es la de echar piedras sobre el propio tejado. El sectarismo conviene a los oligarcas. Hay que explicarlo una y otra vez: Las multitudes sectarias defienden los intereses de los oligarcas. También incide en este caso otro vicio español: el individualismo cutre. Hay un individualismo adulto, que sabe ser solidario cuando corresponde, que consiste en tomar las propias decisiones de forma independiente y meditada. Y hay un individualismo cutre que viene ser el “sálvese quien pueda”. Los de este sector tratan de sacar ventaja sobre los demás intentando hacer la pelota mejor que nadie o queriendo llamar la atención de algún oligarca para que le haga depositario de sus limosnas.
Lo cierto es que la única defensa en la que pueden confiar las personas normales y corrientes es la Justicia. Las personas normales y corrientes deberían exigir que la Justicia fuera totalmente independiente y tuviera su presupuesto propio.
Sin una Justicia independiente no hay democracia. Los jueces deberían ser suficiente fuertes y gozar de los mecanismos técnicos y financieros necesarios para poder evitar los desmanes de los políticos.
Los jueces, teóricamente, están al servicio de la Ley, que viene a ser lo mismo que estar al servicio de los ciudadanos. Si no son independientes, lo de estar al servicio de los ciudadanos es muy complicado. Ya casi nadie se acuerda de lo que le ocurrió al juez Barbero. Salieron a luz pública sus problemas con un banco, que son datos muy confidenciales. No consta que ni siquiera se investigara quién hizo la filtración. El Poder, en España, da miedo.

martes, 2 de abril de 2013

Los jueces no pueden remediar todos los males

Por supuesto que no. Ni siquiera en una situación ideal podrían, porque son humanos y, por tanto, sujetos a error, y porque en el caso de que no se equivocaran nunca no podría haber bastantes jueces para resolver todos los problemas que se presentan a diario.
Se supone que los ciudadanos debemos resolver por nuestra cuenta todos los problemas que podamos, dejando el recurso a la Justicia para los casos más difíciles. Pero ya de entrada tropezamos con un problema irresoluble por los jueces y por los contribuyentes: Llamar ciudadano a un español de a pie es un eufemismo; lo de contribuyente le viene mejor. Y, por si faltara poco, ese señor al que Rajoy, no se sabe muy bien por qué, nombró ministro de Justicia, ha puesto unas tasas que incitan directamente al conformismo. A uno le dan una hostia, pues nada, se conforma, no vaya a ser que encima lo desvalijen.
Pero no son las tasas lo peor que tiene la Justicia española. Lo de Justicia también puede ser tomado por un eufemismo. Se ha dicho que al PP le interesa más que sea Gómez Bermúdez, en lugar de Ruz, quien se haga cargo de los papeles de Bárcenas, porque al ser más ambicioso es más manipulable.
Y esa es la cuestión que falla, la independencia de los jueces con respecto al poder político. Si la Justicia no es totalmente independiente y tiene sus propios presupuestos determinados por ley y administrados por sus propios órganos de gobierno, no puede haber ciudadanos, sino contribuyentes, porque para que alguien se pueda considerar ciudadano ha de ser igual que los demás ante la ley. Y no es así en España, en donde el Poder Ejecutivo lo tiene todo bajo control, y los muy ricos tienen más fácil acceso a los ministros que los contribuyentes de a pie.