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miércoles, 18 de febrero de 2015

El programa económico de Ciudadanos

No me extraña que algunos comparen a Ciudadanos con Podemos y que incluso duden entre votar a un partido o a otro. ¡Están tan cargados de buenas intenciones los dos...! A buenistas no les gana nadie.
Pero tanto buenismo tiene un fallo. Han diseñado un complemento salarial para las rentas más bajas; es decir, para los que trabajan, como mecanismo para incentivar la búsqueda de empleo. Eso presupone que consideran que quienes están en el paro no buscan trabajo. Con esa medida quizá se consiguiera que las empresas pagaran menos, para que sea el Estado el que complete los sueldos. Los empleados en esas condiciones se verían obligados a tragar carros y carretas para no perder el empleo y el subsidio.
Para hacer frente al desembolso que supone ese subsidio Ciudadanos confía en que ocurra un milagro que lo haga posible.
Se conoce que las propuestas que triunfan en España son las que tienen que ver con lo mágico, surrealista o estrambótico, como es el caso de las que hacen sobre las hipotecas el Plan Europeo. Conviene fijarse también en el Seguro contra el despido y el Premio a las empresas que despidan menos (¿las sacarían también en la tele?). También hay una segunda oportunidad para los deudores, pero sólo si son de buena fe (les pondrán un detector de mentiras).
Sobre la mesa hay propuestas mucho más razonables y dignas de crédito, que servirían para incentivar el empleo y que los sueldos fueran mejores, como es el de aligerar la Administración Pública. Si se hiciera, el Estado podría dispones de unos cuantos cientos de miles de millones cada año, que puestos en circulación darían mucho juego. Y esa propuesta es real y ha pasado desapercibida para el electorado, entre otras cosas porque en España los medios tampoco están al servicio de sus lectores, sino que cada uno de ellos responde a unos intereses concretos.
 

domingo, 25 de agosto de 2013

Lo que no se dice de los “triunfadores”

A veces se informa de que tal empresario, a pesar de que estamos en crisis, ha creado nuevos puestos de trabajo, o que otro empresario lucha por no tener que bajar los sueldos de sus empleados.
De lo que se habla menos es de la lucha despiadada por captar nuevos clientes o por no perder los que se tienen. Los hábitos de los consumidores se estudian al dedillo, de modo que al final resultan ser entes automatizados a los ojos de quienes diseñan las estrategias comerciales.
¿Cómo hacer para romper esta dinámica? Los sucesivos gobiernos españoles, incluidos los autonómicos, apuestan inveteradamente por los grandes. La educación del consumidor no parece una tarea urgente.
Estamos en crisis y algunos empresarios logran crear empleo, pero por de pronto han logrado que cierre un gran número de panaderías tradicionales. Los empleados de esas panaderías han ido al paro. Puede darse el caso de que por cada puesto de trabajo creado se hayan destruido cinco o más. La calidad del pan se ha resentido. Las panaderías que resisten también se han visto obligadas a bajar los precios.
Hay quien critica al capitalismo, como si éste fuera una bestia enorme. Sin embargo, la imagen que mejor representa al capitalismo es la una viejecita con delantal negro y pañuelo, también negro en la cabeza, yendo de tienda en tienda a buscar la sandía más barata.
Hay empresas que obligan a sus proveedores a trabajar de forma exclusiva con ellas. Esto significa que para los pequeños comercios cada vez es más difícil la supervivencia. Que se pueda mantener una tienda teniéndola abierta diez horas diarias, seis días a la semana, es un sueño. Cada día son más las tiendas que cierran. Incluso algunas de las que abrían también los festivos.
No se sabe si algún partido político tiene hechos estudios sobre este estado de cosas en el que vivimos. Quizá algunos políticos sueñan con estar en un consejo de administración de una gran empresa.

lunes, 23 de febrero de 2009

¿Conviene abaratar el despido?

Cíclicamente, y aprovechando cualquier coyuntura, la que sea, que se presente surgen voces que, con gran solemnidad y empaque, piden que se abarate el despido, o que éste sea totalmente libre, alegando que con ello se fomentaría la creación de empleo. Ante esa propuesta cabe recordar que estamos en crisis y que el sistema español tampoco ofrece garantías a los ciudadanos.
La crisis, todos, o casi todos, los analistas coinciden en ello es de confianza. Para que las cosas volvieran a funcionar sería menester que la gente creyese en el sistema, o sea, en sus clases dirigentes, principalmente las políticas. No hace falta explicar que, en esa cuestión, no vamos por buen camino. Las clases dirigentes españolas no se esfuerzan en conseguir la confianza de las gentes.
Por otro lado, cabe reconocer que el último responsable de la crisis ha sido el egoísmo, que ha llevado a vivir irresponsablemente y a querer exprimir la situación hasta la última gota sin tener en cuenta las consecuencias. Todos somos culpables de ella, pero unos más que otros. No puede tener la misma culpa el trabajador que, dejándose contagiar por ambiente, ha estirado el brazo más que la manga que las clases dirigentes, empresariales y políticas, cuyas posibilidades para imponer la cordura han sido mayores.
Abaratar el despido sería lo mismo que echarles la culpa a los trabajadores y además serviría para fomentar la desconfianza y el miedo. Los empresarios desaprensivos, que los hay, aprovecharían ese temor para explotar más a sus empleados.
Por otra parte, las garantías jurídicas de los ciudadanos españoles no pasan de ser teóricas, por cuanto la división de poderes también lo es. De hecho, el poder no lo tienen los ciudadanos sino los partidos. En España el poder judicial, el legislativo, el ejecutivo, e incluso el llamado cuarto poder, está mediatizado por ellos. Tampoco los sindicatos españoles ofrecen suficientes garantías a los trabajadores.
En estas circunstancias, proponer el abaratamiento del despido es una irresponsabilidad que sólo serviría para generar mucha más desconfianza y, en definitiva, empeorar la crisis. Más acertado sería aprovechar la ocasión para regenerar el sistema.