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jueves, 2 de septiembre de 2010

México y la legalización de las drogas

En un artículo publicado en El País el 2 de julio, titulado “Legalizar las drogas”, Fernando Schwartz comienza diciendo que si no se legalizan es por un principio que querría sacrificarlo todo a la salvación sanitaria y moral de unos cuantos miles de idiotas que consumen droga.
El hecho de que haya calificado como idiotas, en bloque y sin más, a quienes consumen droga pone de manifiesto que, al menos mientras escribía ese artículo, el respeto del autor por el prójimo era más bien poco. Se refirió también, en su alegato en pro de la legalización de las drogas, al alcohol y al tabaco, lo que viene a confirmar que no pasaba por un buen momento. Con respecto al alcohol todo el mundo sabe que no es lo mismo tomar una copa que veintiuna, y sobre el tabaco se puede decir que cuando se implantó su consumo no se tenían sobre él los conocimientos de ahora.
No se debe legalizar la droga, puesto que se sabe que daña irremediablemente a la salud. Hay algo que no se dice en las campañas publicitarias contra la droga, y es que cuando alguien se deja llevar por el vicio o capricho de tomarlas no sólo perjudica su salud, sino que condena a muerte a algún mexicano, o colombiano, nativo de algún país en el que se cultiva droga. En el citado artículo de Fernando Schwartz se habla de la gran cantidad de muertos a causa del narcotráfico, cosa que debería motivar a las autoridades políticas a multiplicar los esfuerzos en la lucha contra las drogas. Si no se consumieran tantas drogas no moriría tanta gente en México por su culpa.
Habría, pues, que endurecer las medidas. El simple hecho de poseer droga, por poca que fuera, debería ser penalizado. No se ha sabido tampoco que se detenga a ningún político, ni asesor, ni cargo policial, ni gran empresario, a causa de las drogas. Tanta permisividad causa muertes en otros lugares. ¿No se han parado a pensarlo?

'Ninfas'
'El día del juicio'
'El Palestino'
'Poesía reunida'
'Ese modo que colma'
'La vida y poesía de Miguel Hernández contada a los niños'
'Red de mentiras'
'La esposa del Rey de las Curvas'

viernes, 2 de julio de 2010

Discrepar de Savater

Quizá Fernando Savater piensa en un mundo de adultos en el que cada uno sabe lo que quiere y adónde va. Puede que pensara en un mundo así cuando escribió su artículo ¿Prohibido permitir? Pero en este hipotético mundo de adultos la banda terrorista ETA, contra la que con tanto valor y tanto acierto lucha, no hubiera podido durar tanto tiempo. Tampoco en un mundo de adultos los nacionalistas hubieran logrado tanto arraigo.

En nuestra sociedad, la gente busca integrarse en un grupo, asume los gustos y actitudes de la mayoría y procura que todos se den cuenta de ello, para que no le proscriban. Savater afirma, irónicamente, que quizá haya que prohibir las corrientes de aire, porque cuestan caras a la seguridad social. Pero esta sociedad, aparte de ser inmadura, necesita de la solidaridad y comprensión de todos. Ahora se sabe que el tabaco es muy nocivo para salud. Es muy bonito decir que quien quiera que fume, pero cuando alguien va al hospital por este motivo hemos de pagar la factura entre todos. No obstante, convengo en que se quiere erradicar el tabaco de modo muy rápido y sin tener en cuenta que antes se ha fomentado su consumo.

Es conocida de antiguo la postura a favor de la legalización de las drogas de Fernando Savater, pero éstas son algo sumamente pernicioso. ¿Cómo puede permitir un gobierno algo que es nocivo para la salud? Se puede hacer, pero no se debe.

Se refiere también al burka, en su citado ¿Prohibido permitir?, pero en lo que se refiere a esta cuestión no se trata de que alguien demuestre su buen o mal gusto al vestir o desvestir, sino que a nuestras sociedades, en las que al menos teóricamente todos somos iguales ante la ley, llegan personas procedentes de otros lugares en los que una parte de la gente es considerada inferior. El burka es uno de los símbolos de ese estado de cosas.

'El filósofo entre pañales'
'Dichos, comparaciones y frases populares'
'Homero, Ilíada'
'Switch in the red'
'Diccionario Web 2.0'
'Tiempo de vida'
'Bajo toda la lluvia del mundo'
'¿Quiere usted hablar mejor?'

jueves, 28 de junio de 2007

La ministra Salgado y los camareros

Quiere la ministra Salgado que los camareros vigilen el consumo de drogas en los bares. Esta ministra debe de creerse algo así como una reina. Ella piensa que algo es justo y necesario y punto seguido pretende que todo el mundo, o quien ella decida, le siga el juego. Tuvo un éxito sonado, con la desorbitada ley contra el tabaco, que a pesar de ser tan drástica y poco lógica, logró un éxito tremendo. Por lo menos, yo catalogo como éxito el hecho de que gran cantidad de gente haya dejado de fumar. Puede decirse que gracias a la ministra buena parte de nuestros compatriotas vivirá más años y con mayor salud. Y también puede añadirse que una ley de ese calibre sólo la puede hacer Elena Salgado. Alguien que sopese los pros y los contras y los antecedentes del consumo del tabaco en España no se hubiera atrevido.
El problema que plantean las drogas es mucho mayor y de solución más compleja, de tal modo que se tardará mucho en conseguir erradicarlo. Quizá decenios. De modo que las soluciones estrambóticas, que sorprendentemente tienen éxito, no es probable que sirvan en este caso. Habría que pensar pues en soluciones más trabajosas y que poco a poco vayan haciendo su labor. Supongo que será fundamental poner información al alcance de todo el mundo acerca de las drogas y sus consecuencias, para que quien decida consumir alguno de esos productos sepa exactamente y sin poderse llamar a engaño cuales son las consecuencias que va a sufrir. Hay muchos libros sobre el asunto y no estaría de más que se distribuyeran por las bibliotecas públicas y por las de los centros de enseñanza. Sin olvidar, por supuesto, la labor policial, tan importante y arriesgada. En lo que a mí respecta, estoy totalmente en contra de legalizar el consumo, puesto que estimo que con ello se desampara a los más débiles psíquicamente. Hay que poner una barrera, la de la ilegalidad, que les ayude a resistir la tentación.