sábado, 9 de noviembre de 2019

Aznar no podía callar

Lo contó Ussía días atrás. En sus tiempos de presidente del gobierno, en cuyas funciones no logró ser tan desastroso como el actual, aunque lo intentó, invitó a varios periodistas del ABC a la Moncloa. Y lo hizo con el fin de rogarles que fueran condescendientes con Arzalluz, porque se lo había metido en el bolsillo.
La simple idea de que Aznar pudiera meterse en el bolsillo a Arzalluz resulta hilarante, por la sencilla razón de que el segundo era mucho más inteligente, a lo que había que añadir su comprobada maldad. Si ha habido dos políticos inteligentes en España han sido Arzalluz y Pujol, y los dos han puesto su inteligencia al servicio del mal. Ambos han tomado el pelo a todos los presidentes del gobierno y han conseguido de ellos lo que han querido. O sea, que fue al revés, Arzalluz se lo metió en el bolsillo a él.
Pero es que, además, que pensara que podía convencer a los periodistas que invitó también resulta jocoso, porque seguramente también todos ellos le superaban en inteligencia, en preparación y erudición. Como consecuencia, no habría ninguno que no se percatara de la realidad de las cosas. O sea, que el entonces presidente hizo un ridículo espantoso y todavía no se ha enterado. Si fuera tan listo como se cree, sabría que la única persona que podía influir en esos periodistas era quien les pagaba sus nóminas.
La soberbia de Aznar es tal que se permite menospreciar a Rajoy, lo cual lleva a éste, pusilánime donde los haya, a hacerle la pelota a Felipe González, otro botarate. Precisamente, el motivo por el que Aznar menosprecia a Rajoy es su pusilanimidad, puesto que él es mucho más arrojado: se atrevió a decir que habla catalán en la intimidad. Y a poner las patas encima de la mesa de alguien.
Y ha irrumpido en campaña creyendo que con ello le hace un favor a Casado. 

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