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lunes, 14 de marzo de 2011

El debate nuclear, hoy

La catástrofe que sufre Japón ha propiciado que una vez más se traslade a la opinión pública un debate que debería llevarse a cabo entre la comunidad científica, dada su enorme complejidad técnica. Se da, además, la circunstancia de que hasta fechas recientes nuestros antepasados sabían que sus vidas dependían de un hilo y en la actualidad se quiere creer que existe la protección absoluta.
Los pacientes que entran a un quirófano saben, o deben saber, que corren riesgos y a veces muy grandes y no obstante entran, porque se dan cuenta de que merece la pena, ya que no miran sólo ese riesgo, sino que tienen en cuenta muchas más cosas. Japón, antes de instalar las centrales nucleares, ya conocía los devastadores efectos de esta energía. Es un país, además, acostumbrado a sufrir terremotos y a pesar de todo aceptó el riesgo.
En España hemos corrido otros riesgos, también el nuclear: tenemos algunas centrales aquí, presumiblemente menos seguras que las japonesas y en la cercana Francia hay muchas, que también son peligrosas para nosotros en el caso de que ocurra un accidente o un terremoto similar por esta parte del mundo. Pero al margen de ese riesgo tenemos otros peligros en ciernes, como la desaparición del estado del bienestar o que se hunda definitivamente nuestro sistema de salud. Ambas cosas a causa de la mala gestión o de la imprevisión.
Al estado de cosas que soportamos, un altísimo número de parados, la rebaja de sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones, etc., hay que añadir la brutal subida del recibo de la luz. Esta subida es una catástrofe en sí misma. Para quien está en un despacho lujoso, sentado en un mullido sillón, y con la factura de la luz y del aire acondicionado a cargo del contribuyente es muy fácil decidir que las nucleares son malas. Para quien se las ve y se las desea, con su exigua pensión, para acabar el mes la cuestión podría ser otra.

'La vida y la poesía de Federico García Lorca contada a los niños'
'La Flor del Norte'
'La Europa revolucionaria'
'Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes contadas a los niños'
'El tiempo mientras tanto'
'La biblia contra el cáncer'
'Los sinsabores del verdadero policía'
'Ajuste de cuentas'

sábado, 7 de agosto de 2010

Hiroshima, ayer

Hiroshima. ¡Qué barbaridad! Ayer fue el sexagésimo quinto aniversario del primer ataque atómico sobre una población. Sus efectos, ya se sabe, todavía tienen atemorizado al mundo. ¿Podría haberse evitado? Puesto que fue necesaria una segunda bomba atómica, esta vez sobre Nagasaki, para que se rindiera Japón, es posible que haya quien diga que no.
No obstante, a la vista de magnitud de la catástrofe, más de doscientos veinte mil muertos entre ambas ciudades, cabría preguntar si no hubiera sido aconsejable explicar a los japoneses lo que iba a ocurrir. Se puede argüir que ya se dio un ultimátum a Japón, explicándole las consecuencias, pero lo cierto es que en ese ultimátum se omitió el detalle más importante. ¿Por qué? Pocas semanas antes de que fueran destruidas esas dos ciudades japonesas, concretamente el 16 de julio, Estados Unidos hizo una prueba en Alamogordo, Nuevo México. Diez días después de esta prueba se lanzó el citado ultimátum. ¿Hubiera sido prudente que estuvieran en Alamogordo algunos representantes de Japón? ¿Merecía la pena el intento de evitar la masacre que vino después? Hay argumentos a favor y en contra de ambos bombardeos, pero lo que habría que preguntar es si se hizo todo lo posible para no llegar a esos extremos.
Actualmente hay otra evidencia y es que un día u otro todos los países del mundo estarán en disposición de tener la bomba atómica. Y que en esas condiciones cualquier error imprevisto puede tener las consecuencias que todos sabemos. Tal vez, si en 1945 los dirigentes de Estados Unidos hubieran sabido cómo iba a estar el mundo en 2010 no hubieran tirado las bombas. La certidumbre que genera la situación actual es que no queda más remedio que fortalecer la ONU y cuanto antes se empiece a hacerla creíble y respetable, mejor.

'Ese modo que colma'
'La vida y poesía de Miguel Hernández contada a los niños'
'Red de mentiras'
'La esposa del Rey de las Curvas'
'Los Borgia'
'La ciudad desplazada'
'Tus colores son los míos'
'El filósofo entre pañales'