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martes, 17 de febrero de 2015

El chollo de las diputaciones

Mientras hay partidos que prometen como si tuvieran una varita mágica en la mano, y se les cree, los hay que trabajan en serio y van haciendo cosas, aunque pocos se las agradecen, porque es un hecho que el agradecimiento es propio de los espíritus selectos.
Son muchos los columnistas que aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid para disparar sus balas contra Rosa Díez, porque queda bonito y hace gracia. Pero ella es la que está siempre con las víctimas del Terrorismo, ella es la que ha impulsado la querella contra Bankia y ella es la que pide la supresión de las diputaciones. Son hechos, y no promesas a costa de terceros, como las de Syriza.
El asunto de las diputaciones es grave, porque sólo sirven para que los partidos puedan colocar en ellas a unos cuantos militantes, con el fin de tenerlos tranquilos.
Las funciones burocráticas que llevan a cabo las diputaciones las podría asumir perfectamente una consejería. Lo fundamental además sería la eliminación de todas las competencias. Hay que tener en cuenta que en ellas puede estar situado un pequeño caudillito, como el presidente de la diputación de Valencia, que se ha sacado de la manga una televisión propia, como si no hubiera mejor modo de gastar el dinero de los contribuyentes. Porque no habría nada que objetar a que el señor Rus con su dinero fundara una televisión para lo que a él le diera la gana. Pero el dinero de los impuestos debería ser sagrado y, por tanto, habría que emplearlo sólo en cosas que convengan a los ciudadanos.
Hay muchas necesidades y muy perentorias. Los ciudadanos han de pagar totalmente muchos medicamentos que les resultan necesarios y ahora resulta que el dinero que se les detrae por medio de los impuestos es empleado para satisfacer caprichos personales.
Si se hiciera caso de esta propuesta de UPyD el gobierno dispondría de unos cuantos miles de millones para gasto social.

domingo, 24 de agosto de 2014

A Colau le va el escrache

España es un país en el que el culto al poder adquiere unas características desorbitadas. Incluso entre los intelectuales se da esta circunstancia. Individuo hay por ahí al que le basta con dar una voz para que una gran cantidad de gente se eche al suelo boca abajo.
En España se usa mucho la violencia. De vez en cuando se hacen campañas de acoso y derribo en las que participan las personas más insospechadas. El poder y la paciencia no encajan bien. Quien tiene poder no puede esperar a que las cosas lleguen por sí mismas. Podría ocurrir que no llegaran, pero, sobre todo, ¿por qué esperar a que lleguen si se puede conseguir que lo hagan enseguida? No importa si hay que apartar a algunas personas, a los poderosos no les importan algunas minucias. Para ellos no son personas, sino obstáculos.
En esta España en que la violencia, en todas sus formas, está tan presente, no es extraño que surjan individuos que asaltan supermercados, partidos políticos que prometen el oro, pero que en realidad llevan a desastre, y personas que ven en el escrache un modo de hacer justicia, lo cual es un contrasentido.
Colau propone ahora hacerle un escrache al alcalde de Valladolid, y la consecuencia es que quienes participen se pondrán a la misma altura que él, de donde resulta que en lugar de resolver un problema se hace más grande.
El cultivo de lo políticamente correcto hace estragos en España. Anula el sentido crítico de las personas, y de ahí que luego partidos como Podemos obtengan tantos votos. Son muchos los que temen discrepar de la opinión dominante en su entorno. Así que quienes estén en el entorno en el que desenvuelve Colau aceptarán el escrache como algo normal y lógico.
Es por esa falta de sentido crítico por la que tantas personas equiparables, en algún sentido, al alcalde de Valladolid, pueden medrar en la política.