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martes, 26 de diciembre de 2006

Invertir en el ladrillo

Según una noticia que publica el diario Las Provincias, una buena parte de los valencianos que compraron una vivienda entre los años 2000 y 2005 lo hicieron como inversión. Naturalmente que esto distorsiona el mercado, pero no se les puede reprochar nada. La Bolsa es coto para entendidos y creo que esta tendencia cada vez se acentúa más. Los inversiones a plazo fijo producen muy poco rendimiento, sobre todo si se tienen en cuenta las plusvalías que obtienen los grandes financieros. Los fondos de inversión tampoco han logrado captar todo ese dinero sobrante. Y esa es la cuestión, que había una gran cantidad de dinero en disposición de ser invertido. Las instituciones, públicas y privadas, deberían haberlo advertido, con el fin de diseñar algún producto que resultara convincente para los ahorradores y que sirviera para emplear mejor toda esa masa dineraria. Pero acaso no sea del todo cierto que no se hayan enterado. Si nos fijamos un poco, podemos ver que nuestra nunca suficientemente ponderada y alabada clase empresarial, motor del desarrollo y esperanza para el futuro, lo que ha venido a hacer es pasarse al ladrillo. Muchos empresarios, al lado de su actividad normal, han dado en construir. Y tampoco ha andado descuidada nuestra sufrida clase política, ésa que tantos sacrificios hace por nosotros a cambio de un exiguo sueldo; ésa que si hay que ir a Cancún en viaje oficial, hace de tripas corazón y va. Lo que han hecho los partidos políticos es procurar agenciarse todas las concejalías de urbanismo que han podido.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Llegar a fin de mes

Una dama rica va a una óptica de postín, elige unas gafas caras y le dice a la dependienta que ya la mandará a su chófer para que se las pague. El chófer se presentó con el dinero siete u ocho meses después. Hay gente a la que le cuesta llegar a fin de mes. Se dice que Cela en sus últimos tiempos necesitaba un millón de pesetas cada día. Quien haya leído La cruz de San Andrés se lo creerá de inmediato. Hay otros que con un sueldo ínfimo consiguen ahorrar. Uno mira sus nóminas y luego los precios de los alimentos y llega a la conclusión de que no ya para ahorrar, sino para conseguir que el último día del mes aún quede algo del sueldo no hay más remedio que saltarse más de una comida. Pasar del aire se llama la figura.
Si una persona con entradas "decentes" de dinero en su casa comenta públicamente sus dificultades en este sentido, demuestra tener un carácter frívolo. Si lo hace un político, como es el caso de Esperanza Aguirre, pone de manifiesto que carece de la menor sensibilidad hacia los ciudadanos. Ella niega haberlo dicho, pero de momento el libro está en las librerías. Los políticos tienen buenos sueldos, se los ponen ellos. Si alguno no tiene bastante con ese dinero, puede abandonar la política y dedicarse a tareas más lucrativas. Por otra parte, y al igual que Zapatero utiliza al personal de la limpieza para que le saque el perro a pasear, Esperanza puede pedir a sus asesores, que le pagamos entre todos, para que le lleven las cuentas de la casa. Si un día come salmonetes en lugar de marisco, tampoco pasa nada.