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martes, 23 de febrero de 2010

El agresor de Jesús Neira, en libertad

No era la primera vez que Jesús Neira se encaraba con una mujer que estaba siendo maltratada. Es más, tras la lectura de Diario de Jesús Neira queda el convencimiento de que Jesús Neira no puede hacer otra cosa que rebelarse ante un episodio de este tipo. No podría perdonarse a sí mismo si se quedara impasible.
La cuestión es que a resultas de aquella intervención, fue agredido traicioneramente por el maltratador y tras algunas peripecias que no dejan bien parados a algunos médicos, quedó en coma. Quien le dejó en tal estado ha quedado en libertad y al parecer la decisión judicial no es incorrecta desde el prisma legal.
Durante el mucho tiempo que Jesús Neira estuvo en coma, la mujer a la que defendió estuvo apareciendo en programas de televisión, lucrándose con ello, y criticando a quien la había defendido y negando que estuviera siendo agredida cuando ocurrieron los hechos. Hay gente que puede ver esos programas sin vomitar; en esta vida unos tienen el estómago más duro que otros. Si no la hubiera estado agrediendo a ella tampoco lo hubiera agredido a él. Este sujeto, además, fue capaz de presentar una denuncia el 6 de octubre contra el propio Jesús Neira, con que ahí el grado de arrepentimiento al que ha llegado.
Uno de los motivos por los que queda libre es la mejoría que va experimentando Jesús Neira en su salud. Como si el tiempo que estuvo en coma no le hubiera dejado secuelas irreversibles, como si la angustia que pasó su esposa, Isabel Cepeda, no contara.
La situación queda de este modo: Jesús Neira e Isabel Cepeda arrastrarán durante toda su vida las secuelas de la agresión. Por el otro lado, sus agresores irán de televisión en televisión haciendo dinero con la historia. Es posible que celebren el día en que montaron su numerito cuando Jesús Neira pasaba por allí.

domingo, 7 de enero de 2007

El muerto que no estaba muerto

Leer la prensa depara cosas como las que se cuentan en el artículo titulado Ni vivo ni muerto. Estas cosas pueden ocurrir cuando el protagonista se llama Pedro, que no es un nombre raro ni mucho menos, pero tampoco es muy utilizado. Para uno Pedro puede ser alguien muy concreto, mientras que otra persona puede pensar en otro Pedro diferente. Cuestión distinta sería si se llamara Vicente, que por haber tantos la cita obliga a que enseguida se pregunte de qué Vicente se habla, salvo para aquellos que piensan con el estómago, para los cuales, si dependen de algún Vicente, es seguro que no hay otro. Tampoco podría haber ocurrido si se llamara Veremundo. Yo conocí a alguien que se llama, o se llamaba, así. Tiempo después supe que había llegado a alcalde de su pueblo, aunque para entonces ya no utilizaba ese nombre. Sus padres lo habían registrado con dos, quizá para que pudiera elegir y cuando dejó atrás a los profesores, empeñados éstos en utlizar los nombres oficiales, por el orden en el que constan en los documentos, prefirió el segundo nombre. Hay quien, teniendo dos nombres, quiere ser conocido por los dos, y hay quien elige sólo uno. La cuestión es que tampoco parece muy correcto decir Pedro ha muerto, siendo así como hay unos cuántos Pedros por el mundo, aunque sean pocos. Suponer que todos tienen por favorito al mismo Pedro que uno, es suponer demasiado y puede provocar situaciones embarazosas a los demás, como se ha visto. Lo que falta saber ahora es si el tal Pedro habrá sentido alivio al saber que no estaba muerto, o se habrá reído o le habrá dado por montar en cólera. Quizá ni una cosa ni la otra. Sé de alguien que todos los días comienza a leer el diario por las esquelas, para saber si está vivo o muerto. Cuando no se ve en ellas, respira hondo.