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jueves, 3 de enero de 2013

El PP dice que bajará impuestos cuando se pueda

Y al decir eso parece que da por sentado que no hay ningún otro modo de enfrentar la crisis que el que aplica el gobierno. Pero es que éste consiste en cargar el mayor peso del esfuerzo en una parte de la población.
Es posible y, sobre todo, deseable que los esfuerzos a los que se obliga a un sector de la población tengan éxito y mejore la economía. Sin embargo, estas mejoras no dejarán de ser coyunturales. El problema de fondo de la economía española lo constituye precisamente la clase política española, tan numerosa y organizada en grupos piramidales, en los que el requisito indispensable es la obediencia absoluta.
Mientras no se democratice España, garantizando de por vida la separación de poderes, en España no tendremos tampoco estabilidad financiera, porque la casta política, y cualquier otra casta que tenga poder, es insaciable.
Hace falta un Poder Judicial totalmente independiente y con medios. Me temo que los políticos actuales tratarán de evitar esto a toda costa, no vaya a ser que un juez le dé por investigar.
Hace falta que los diputados puedan votar en conciencia, y no lo que les mandan. Para que el Parlamento haga honor a su nombre. Si han de votar lo que les mandan, lo mejor es que se queden en casa y así los ciudadanos nos ahorramos las dietas. Cuando llegue la hora de votar cada partido puede mandar a un perro adiestrado que vote apriete la tecla correspondiente en cada uno de los escaños de que disponga.
Y hace falta que todos los partidos concurran a las contiendas electorales en igualdad de condiciones, puesto que en el sistema político que sufrimos y que ha propiciado la catástrofe en la que estamos inmersos algunos partidos tienen ventaja sobre los demás. Y la aprovechan.
Lo de bajar impuestos en estas condiciones parece complicado.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Soñar con una piara

Tuve un sueño en el que me encontraba en medio de una piara y los cerdos ponían todo su empeño en conseguir que me convirtiera en uno de ellos.
Paradójicamente, esto me llenaba de alegría puesto que venía a demostrar que yo no lo era, o que no lo era todavía, aunque también, y esto era peor, que sí que lo fuera, pero que ellos no se hubieran dado cuenta.
Esto de que quisieran convertirme en cerdo me llenó de inquietud. Por otro lado, la pregunta que quedaba en el aire era: ¿Sería dolorosa la transformación de persona en cerdo?
Me voy a mirar por ahí. Esto es lo que leo: “Cada vez es más común tener un cerdo como animal de compañía, tanto en sus variedades enanas como domésticas.” Recuerdo que una vez vi por la calle, en Valencia, a un joven que llevaba a un cerdo como si llevara a un perro. Bueno, como a un perro no; mucho mejor que a un perro. Lo trataba con suma delicadeza. Esto ya me empieza a gustar. Tanto que me voy a la cocina y me preparo unos tacos de jamón. Luego compruebo que esa tripa tan peculiar que no consigo hacer que disminuya ha aumentado, y eso me gusta menos. Y enseguida recuerdo que me contaron que un conocido eurodiputado se comportó como un cerdo con una señora. Se me olvidó preguntar si ella también era una cerda. A veces pasa, pero eso ya no lo sabré nunca.
Y también ocurre que no sólo yo sueño con cerdos, o con que me quieren convertir en cerdo. También hay cerdos que sueñan. Eso lo tengo más que comprobado comprobado. Algunos cerdos, cuya carne no debe de ser muy apreciada, sueñan con conseguir hoy sus objetivos. ¿Qué más nos puede pasar?