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lunes, 8 de septiembre de 2014

El error de Cameron con Escocia

El hecho de que Escocia fuera independiente hasta 1707 no significa que sea justo que ahora se independice. Lo justo es buscar lo mejor para los ciudadanos y las razones sentimentales que se puedan alegar, que frecuentemente esconden intenciones egoístas o xenófobas, poco tienen que ver con el bienestar de los ciudadanos.
Cameron se equivocó al permitir el referéndum, pues con ello dio entidad a la pretensión. Reconoció el derecho de los escoceses a exigir la independencia. Quizá pensó que ese es el camino más fácil para acabar con los nacionalistas. Se equivocó de medio a medio. El nacionalismo funciona como cualquier religión y sus adeptos no atienden a la lógica ni a las razones que se les den, sino a sus dogmas. Para combatir al nacionalismo hace falta mucha perseverancia y mucha paciencia. Se trata de conseguir que los devotos se conviertan en personas racionales y eso requiere mucho tiempo. Al mismo tiempo, hay que dejar de darles armas y munición a los nacionalistas, que es lo que hizo el primer ministro británico al aprobar el referéndum.
Posteriormente, explicó lo que ocurriría de ganar el sí: Ofrecería sus condiciones a los representantes de Escocia: Saldría del Banco de Inglaterra y tendría que asumir su parte alícuota de deuda, lo que significa la ruina para Escocia.
Pero los nacionalistas son unos temerarios. No tienen la facultad de ver lo que ocurre, sino que sólo pueden enterarse de lo que les interesa. Conseguir la independencia les haría tener un orgasmo y cuando la realidad se plantara ante sus ojos, en forma de hambre y miseria, ya sería tarde.
Cameron se ha dado cuenta de que puede perder su apuesta y para impedir que gane el sí trata de sobornar a los escoceses, prometiéndoles ventajas. Esto es otro error. Los nacionalistas nunca se calman. Bueno, cuando caen al fondo del precipicio sí.
'Escucho otra Cadencia en mi Memoria'
'Dos veces bueno'
'Cantar de Mío Cid'
'Mauthausen, después'
'Citileaks: los españolistas de la plaza real'
'Yo, Lope de Aguirre, rebelde hasta la muerte'
'Molestia Aparte'
'Margot en la Plaza de Castilla'

domingo, 24 de abril de 2011

El Sahara Occidental y la ONU

La ONU fue fundada en 1945 para promover la paz mundial, la justicia y el orden internacional. Sin embargo, las naciones que la componen, y especialmente las más poderosas, prosiguen con sus egoísmos nacionales, con su interpretación interesada de la actualidad mundial. En este orden de cosas, la ONU no sirve más que como pretexto, en aquellos casos en que se pretende que algo presente apariencia de legalidad, y para que algunos personajes se embolsen grandes sueldos y viajen a costa de los trabajadores del mundo.
Los próximos tiempos se prevén muy complicados a causa de la crisis mundial, del hambre endémica, y del descontento de gran parte de la población mundial que ha comenzado a generar revueltas en algunos países, sin que la ONU tenga autoridad, porque no se la ha ganado, para resolver nada, puesto que no en todos los casos similares actúa igual.
En el caso del Sahara Occidental, por ejemplo, la ONU es inoperante, dado que algunos de los países más poderosos optan por apoyar a la potencia ocupante, por más ilegal que sea esta ocupación.
En Marruecos hay una dictadura tan atroz como en Libia, y esta dictadura tan brutal como todas es la que ocupa ilegalmente el Sahara Occidental, con cuyos habitantes no tiene miramientos de ninguna clase. Y puede actuar así porque algunos de los países más poderosos, precisamente los que han optado por intervenir en Libia, se lo consienten. En estas condiciones la situación no se va a resolver nunca, porque los saharauis han demostrado suficientemente que saben resistir. La razón da mucha fuerza. Por otro lado, si el pueblo saharaui fuera aplastado, le sobreviviría la leyenda. La ONU no debe seguir tonteando y rigiéndose por los intereses de los poderosos, sino que debe recuperar el protagonismo que le corresponde, dando la razón a quienes la tienen y obligando a que se cumpla la resolución.

'El Gran Libro de las Citas Glosadas'

'En busca del Tesoro de Kola'

'El espíritu del último verano'

'Perdurablemente anfetamínico'

'Cómo provoqué la crisis financiera'

'En mi furor interno'

'No había más que empezar'

'Han cegado a Narciso'

viernes, 4 de diciembre de 2009

Joan B. Culla habla de unanimidades

Joan B. Culla y Clarà, en un artículo publicado en El País, se refiere al editorial conjunto de los periódicos catalanes, al que ha comparado con la unanimidad que ha suscitado ese editorial en el resto de periódicos. Pero no son cuestiones comparables. La editorial conjunta es un ejercicio anti periodístico, puesto que muestra claramente la sumisión de la prensa al poder. La reacción que ha tenido lugar es la misma que merecería alguien que escupiera a los muros de la Sagrada Familia. No se puede imaginar que alguien estuviera de acuerdo.
Por otro lado, el artículo de Joan B. Culla, tratando de justificar lo injustificable, aunque para ello tenga que resultar ofensivo para mucha gente, es una prueba más de que los nacionalismos carecen de justificación. Su discurso no se dirige a la razón, sino a los sentimientos, y si éstos no son bastante fuertes se potencian al máximo por los medios que sean. Si Carod hubiera sido valenciano, por ejemplo, hubiera tenido que inventarse otra cosa para vivir del cuento. En la política no hubiera hecho camino.
A mí, por ejemplo, me daría igual que El Cid hubiera nacido en Vivar que en Masnou. El Cid, Einstein, Marco Aurelio, son patrimonio de la humanidad. Lo que interesa a un obrero o a un médico es tener trabajo y expectativas de futuro, que sus hijos reciban una enseñanza de calidad, que su entorno tenga fe en las instituciones. Lo que quieren las personas normales y corrientes es que la arbitrariedad desaparezca de la política y que siempre se haga, o se intente hacer, lo más justo y necesario. A los ciudadanos ni les van ni les vienen muchas de las cosas a las que les arrastran los políticos, o sí que les van, porque en esas cosas malgastan su dinero, que podría ser muy útil en otras actividades.

jueves, 2 de agosto de 2007

Obama atacaría

Barak Obama se ha mostrado dispuesto a atacar a Al Qaeda en Pakistán unilateralmente, si los servicios de espionaje de Estados Unidos pasaran información sobre objetivos terroristas relevantes y el gobierno de aquel país no hiciera nada. Este sería el mejor modo de conseguir que surgieran muchos más aspirantes a terroristas. Al terrorismo de Al Qaeda, no se le puede vencer por la fuerza. El mundo islámico es muy grande y además los posibles terroristas están repartidos por todo el mundo. La prepotencia no puede hacer otra cosa que enrabietarlos. A Al Qaeda solo se le puede vencer con el uso de la razón y la inteligencia, pero quien se ve poderoso puede pensar que utilizar esas armas es excesivamente trabajoso y prefiere utilizar la vía rápida, que al final es la más larga, baste ver lo que ocurre en Iraq, sin ir más lejos. El terrorismo está consiguiendo sus objetivos, desde el momento en que ha conseguido cambiar nuestros modos de vida. La Administración estadounidense podrá espiar llamadas telefónicas y correos electrónicos privados sin necesidad de que lo autorice un juez. Igualmente, se están restringiendo otras libertades y garantías democráticas. Si estamos dispuestos a sacrificar parte de nuestra libertad, es que no la valoramos bastante, hay cosas que nos parecen más importantes. Don Quijote volaba, entonces, mucho más alto. Suyas fueron estas palabras: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre. “ Este empeño de los líderes estadounidenses en reforzar la creencia de sus ciudadanos de que el suyo es el país más poderoso de la tierra puede llevarnos a que los problemas se agranden y se eternicen. Muchos estadounidenses estarían dispuestos a hacer un esfuerzo para comprender a los islamistas, pero quisieran que este trabajo fuera recíproco. No se dan cuenta de que no se parte de una situación simétrica. Parte del problema puede consistir en que ellos se consideran pisoteados.

'La búsqueda'
'Terrorista'
'Tu mentira es mi verdad'
'Pasajes de la historia'
'Una novela criminal'
'Diarios. La hierba crece despacio'
'La Comunidad Valenciana y el guirigay nacional'
'Los pergaminos cátaros'

jueves, 18 de enero de 2007

El poder y el temor

Escribe Carlos Fuentes un artículo en El País, en el que cita a Albert Camus. Hay un libro de éste que me llegó al alma más que los otros y se trata de El primer hombre. Ese hacer suyos el estupor y la perplejidad de su madre. Ese modo de dolerse al recordarla sentada junto a la ventana, viendo pasar la vida, que inexplicablemente para ella no podía disfrutar. Ese querer crear un mundo en el que ella hubiera podido ser feliz. Pero el artículo de C.F. habla del mal y comienza diciendo que Albert Camus llamó al siglo XX "el siglo del miedo". Y lo termina con otra cita suya: "Vivimos sofocados por la gente que cree poseer absolutamente la razón". Quien cree tener razón y no alberga ninguna duda sobre ningún particular, puede ser capaz de cualquier cosa y no buena precisamente. George Orwell explicó en su novela 1984 lo nocivo que es el poder. El siglo XX ha sido un siglo en el que los poderosos han impuesto su ley. En el que cada uno ha tratado de tener más poder que los demás. En el que los problemas se han intentado resolver a menudo mediante el ejercicio de la brutalidad. En este mundo la madre de Jacques Cormery, analfabeta y casi muda, es practicamente imposible que hubiera podido encontrar un digno acomodo. El poder precisa del temor. Quien no es temido no tiene poder, en todo caso tendrá otra cosa como el respeto, más acorde con la civilización.