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miércoles, 19 de octubre de 2011

Catalogan como absurdo al caso Bellver

Sin embargo, cuando el ayuntamiento de Valencia hizo público su propósito de derribar uno de los muros que cierran el Jardín de Monforte, surgieron de inmediato las protestas. Algunos de los nombres de los articulistas que manifestaron su disconformidad, algunos de forma airada, son: Francisco Pérez Puche, Pedro J. De la Peña y Javier Monforte Albalat, en Las Provincias, y Fernando Villalonga en Levante-EMV.
Según noticia publicada en el citado diario Levante-EMV, el día 22 de diciembre de 2009, titulada “Urbanismo alega razones 'estéticas' para tirar el muro de Monforte”, el concejal Bellver señalaba que: "El muro del Jardín de Monforte, recayente a la calle Severo Ochoa y a la de Monforte, se va a sustituir por motivos estéticos y de ventilación del arbolado".
El jardín fue diseñado como huerto cerrado y tiene más de cien años de antigüedad. El motivo por el que ahora precisa de ventilación, cosa que no había ocurrido nunca, se achaca al aparcamiento que se construyó en sus cercanías. En concreto, a su muro pantalla.
Un concejal, quizá deseoso de significarse ante Rita Barberá, a quien no le hace ninguna gracia que se cuestione nada de lo que hace o pretende hacer, responde, indignado, que el ayuntamiento de Valencia ha hecho mucho por proteger el patrimonio de la ciudad. Pero en este caso, la intención del ayuntamiento de Valencia de derribar el muro es innegable.
Por su parte, Bellver ha alegado, ante el tribunal que le juzga, que desconocía, cuando autorizó el aparcamiento, que el Jardín de Monforte está protegido. ¡Bonita manera de proteger el patrimonio! Es concejal, cobra un sueldo por este concepto, pero aprueba aparcamientos que pueden dañar a un bien protegido, porque desconoce que está protegido.
Y como lo juzgan por ese motivo la alcaldesa y los concejales, se cabrean. ¿Dónde está el respeto a los jueces y a los ciudadanos?

'Pedro I el Cruel'
'Episodios ocultos del franquismo'
'Bonaventura'
'El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde'
'Alrededor del deseo'
'Cuentos neuróticos'
'Alfonso X el Sabio'
'¿Cuándo y cómo acabará la crisis?'

sábado, 6 de diciembre de 2008

Los muertos vivientes

Un columnista valenciano, que falleció hace algún tiempo, escribió que “to be or not to be” debía traducirse por “estar o no estar”. Él era Doctor en Filosofía y había sido profesor de una universidad de Estados Unidos, por lo que no puede entenderse que hablara a la ligera. Acaso esta afirmación suya, más que para otra cosa, sirviera para definirlo a él. Cabe pensar que lo que le interesaba era estar. Su inmenso caudal de conocimientos bien pudo obedecer a ese fin. Ser una enciclopedia andante es un modo de estar. Tras su muerte, Rafa Marí, que lo había tratado mucho, escribió que le gustaba enormemente debatir y vencer y ver como se marcaba en la derrota en el gesto de su oponente. Vencer, apabullar al rival dialéctico, es otro modo de estar.
Queda una pregunta flotando en el aire: ¿Para qué sirve estar sin ser? Yo soy el que soy, respondió Dios a Moisés. ¿Por qué renuncia la gente a ser? Acaso en la dificultad de la empresa esté la respuesta. Para ser hay que iniciar una búsqueda, internarse en caminos azarosos, apartarse de lo trillado. La búsqueda del ser es siempre individual. “Ser” significa comprometerse con la justicia. Quien convive con la injusticia, acomodándose a ella, puede que “esté” pero, sin duda, “no es”.
Aquellos que son capaces de convivir con la injusticia sin inmutarse, sin que surja un grito de rebeldía de sus gargantas, sin ser capaces de tener ningún sentimiento solidario hacia las víctimas, sin avergonzarse de su silencio cómplice, son muertos vivientes.
Hoy se celebra el día de la Constitución, que consagra el derecho a “ser”. Quien quiere “ser” necesita inevitablemente reconocer que los demás también tienen ese derecho. Quienes niegan ese derecho a otros renuncian al suyo.
Francisco Pérez Puche, acaso la persona viva que mejor conoce Valencia, se refiere en su columna de hoy a Emilio Attard, a quien Adolfo Suárez distinguió nombrándole presidente de la Comisión Constitucional del Congreso. Estuve muchas veces en casa de Emilio Attard y tengo sus libros. Las circunstancias y no mi pericia me han permitido tener un conocimiento bastante exacto de él. Procede recordar ahora que deseaba ser reconocido como uno de los padres de la Constitución.

martes, 23 de octubre de 2007

Dos valencianos de la época franquista

En “Hasta aquí llegó la riada”, de Francisco Pérez Puche, en la edición de 1997, que fue la primera, figuran las entrevistas con tres personalidades valencianas del momento. En la nueva edición, han incluido algunas otras, que permanecían inéditas y que por falta de espacio no se publicaron anteriormente. Los entrevistados son Tomás Trénor Azcárraga, Martín Domínguez Barberá y Joaquín Maldonado Almenar. El primero era el alcalde de Valencia cuando ocurrió la riada y a la vista de la desgana con que en Madrid se trataba el asunto de la reconstrucción de Valencia, tuvo que armarse de valor para exigir lo que era justo para Valencia y consiguió mucho. Lo hizo por propio impulso, para cumplir con su deber y con la palabra que había dado a las empresas que habían comenzado ya la reconstrucción, y en solitario. Fue destituido fulminantemente, de un día para otro y ni siquiera le llamó el ministro. Ordenó la tarea a un personaje muy secundario. Actuó solo y tras la destitución se quedó más solo aún. Martín Domínguez era el director del diario Las Provincias en ese tiempo y la vista de la situación tampoco quiso callar y escribió un artículo muy entrado en razón, que motivó la cólera del gobierno, motivo por el cual el periódico sufrió tan grandes presiones que finalmente el director tuvo que dimitir. Joaquín Maldonado era el presidente del Ateneo Mercantil, que por entonces tenía 8000 socios, y también arriesgó apoyando a los dos primeros, aunque finalmente no tuvo que sufrir ninguna represalia. Las entrevistas revisten gran interés, puesto que permiten acercarse a personas que poseían un marcado sentido del deber y al mismo tiempo una gran elegancia moral, junto con un inusitado y poco frecuente conocimiento del espíritu valenciano. A su alrededor pululaban un casi infinito número de personajes, más preocupados por conservar sus cargos que por cualquier otra cosa. Igualito que los políticos de hoy, que consienten que la fenicia AVL asista a la Feria de Fránkfort, sin que ninguno haya puesto el grito en el cielo, ni en ninguna otra parte, sino que además se permiten presumir de que defienden al idioma valenciano ¡Que se lo pregunten a la valenciana RACV!