lunes, 15 de junio de 2020

Simón como héroe


Vivimos tiempos en los que se derriban las estatuas de Colón o se protegen las de Churchill, para que no sufran la misma suerte, y nos quieren hacer pasar a Simón, una marioneta sin vergüenza ni escrúpulos, por héroe. El mundo al revés.
Estos sinvergüenzas han hecho creer que la gilipollez es un derecho y miles de ellos demuestran a diario que lo son apoyando con los ojos cerrados medidas que, claramente, les perjudican.
Que ahora quieran hacer pasar a Simón por héroe es una tomadura de pelo más, del mismo calibre que la del cambio de sitio de unos huesos, episodio mediante el que unos tipos dictatoriales y absolutamente refractarios a la democracia pretendieron que se les tuviera por demócratas. Son, sin duda alguna, impostores.
Simón se ha mimetizado con superiores jerárquicos, lo que significa que se ha enemistado con la verdad, que no le ha importado el sufrimiento de quienes han contraído la enfermedad producida por el virus chino, ni tampoco el de sus familiares y que toda su intención ha estado puesta en conseguir que el mayor número posible de ciudadanos vote en contra de sus propios intereses, porque lo que nos trae este gobierno es dolor, miseria y envilecimiento.
Pero si a Simón lo nombró el PP, alegan, como si eso fuera un argumento. Al margen de quien lo haya nombrado, lo que ha puesto de manifiesto es su obsecuencia. Por otro lado, el sectarismo no es una buena idea, ni tiene nada que ver con la democracia. Aplaudir o criticar a alguien en función del partido al que pertenece y no por sus actos es indigno. La obsecuencia es indigna. Y la mentira, la diga quien la diga, es cobarde e indigna.
Que el gobierno pretenda premiar a este elevándolo a la categoría de héroe es una prueba más de su carácter canallesco e infame, de que es un #GobiernoMiserable.

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