lunes, 1 de junio de 2020

La inocencia de Sánchez


Como todo el mundo sabe, la inteligencia es lo que está mejor repartido, porque todo el mundo está conforme con la que tiene, aunque antiguamente esta fe en las propias cualidades estaba atemperada por la prudencia y el pudor, lo cual no se da en el caso de Sánchez.
Ha querido defender a Illa y a Simón, y lo ha hecho sin tener en cuenta que a estas alturas su palabra no vale nada, e incluso el que lo haya hecho puede volverse en contra de ellos, que, por otra parte, tampoco pueden esperar que si llega el caso no los vaya a dejar tirados.
También ha dicho otra imbecilidad mayor, propia de un deficiente mental, con respecto a las banderas, que ha especificado en la de España: «Usemos la bandera de España como una bandera de paz y de futuro, nunca de división y provocación». Si tuviera dos dedos de frente se daría cuenta de que el hecho de que unos utilicen una bandera no impide que los demás también lo hagan. La diferencia quizá esté en que mientras a unos no les crea ningún problema exhibirla, otros se limpian los mocos con ella.
Las banderas son símbolos y la de España es uno de los símbolos de nuestro país, que muchos ven amenazado precisamente por este gobierno nefasto que él preside, a causa de la incompetencia de muchos de sus componentes, pero también de la maldad de bastantes de ellos.
Nada impediría a los simpatizantes de este gobierno, como he dicho antes, tomar también la misma bandera y demostrar que ellos también aman a España. Si Sánchez, repito, tuviera dos dedos de frente, comprendería que el hecho de que se lleve o se ondee la bandera jamás puede ser una provocación y nunca puede fomentar la división. Cualquier persona de buen corazón se da cuenta enseguida que es un llamamiento a la concordia.
Sánchez es tan inocente que, sin darse cuenta, pone de manifiesto sus carencias.

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