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domingo, 26 de mayo de 2013

Un grupo de beatos y el Ágora

Hay un debate sobre si debe invertirse dinero público en apoyo de la cultura. Surge la pregunta de si las grandes cantidades que se destinan al Liceo o al Teatro Real, cuyas actividades sólo pueden disfrutar unos pocos, pueden ser consideradas como subvenciones culturales, o si deberían incluirse en otro apartado.
Es obvio, por otra parte, que cuanto más alto es el nivel cultural de un país, mayor es su nivel de vida, y también es cierto que en este caso la intolerancia a la injusticia crece. Así que bajo esta premisa se entiende que el Estado debería procurar por todos los medios que los ciudadanos se interesen por la cultura y tengan fácil acceso a ella.
Lo que ocurre es que dentro del apartado cultural hay un mundo muy amplio, en el que en un país sin tradición democrática, como es España, y en el que tampoco hay separación de poderes, se puede hacer pasar por apoyo a la cultura lo que es otra cosa. Por ejemplo, el dinero que se gasta en el Consejo Valenciano de Cultura, ¿puede ser considerado como apoyo a la cultura?, porque, a lo mejor, su finalidad es la de apoyar a sus veintiún componentes o servirse de ellos en según qué casos, como en el del muro del Jardín de Monforte que se pretendía derribar.
Otra cuestión es la del Ágora, que también se podría intentar colar dentro de este apartado. Sin embargo, esta edificación, cuya utilidad es dudosa, fue llevada a cabo por un grupo de beatos, aprovechando que contaban con la mayoría absoluta. El hecho de que comulgaran de manos del papa con el gesto afectado no les llevó a ser más prudentes en la utilización de los dineros públicos. Por supuesto que el dinero invertido en este asunto no debería ser incluido dentro del apartado del apoyo a la cultura.

martes, 25 de octubre de 2011

Me alegro por Bellver, temo por el muro

Nunca es agradable ver cómo alguien es condenado, y todavía lo es menos si el interesado es un político y, por tanto, cobra su sueldo del erario público. Pero lo que se dilucidaba en este caso era el muro del Jardín de Monforte, que evidentemente ahora está más en peligro que antes.
No es necesario entrar en la cabeza de Bellver para saber que tiene intención de derribar el muro del jardín, puesto que lo ha afirmado él mismo.
Ignoro si el fiscal o el juez instructor del caso Bellver equivocaron su estrategia, porque no se trataba de perseguir al concejal (tampoco sé si es esto lo que han hecho), sino de salvar al muro que pretende derribar, por motivos estéticos y de ventilación del arbolado.
Bellver no tiene ningún derecho a imponer sus gustos estéticos a la población. El Jardín de Monforte fue diseñado como huerto cerrado y un ayuntamiento serio y formal debería respetar esta condición. Tampoco ha necesitado ventilación a lo largo de su existencia este jardín, como es lógico suponer. Si la necesita ahora es porque algo no se ha hecho bien. Él alega que no sólo le perjudica el aparcamiento objeto del juicio, sino también otros edificios cercanos.
F.P. Puche, en un artículo titulado “Adiós, Monforte, adiós”, que fue publicado por el diario Las Provincias, el 22 de diciembre de 2009, escribió lo siguiente:
¿Qué necesidad tiene el Ayuntamiento de tocar, alterar, toquitear y remover a estas alturas el jardín de Monforte que hemos heredado de los abuelos? Ninguna. Pero claro, cometido ya el primer grave error, que fue construir en sus inmediaciones un estacionamiento subterráneo que indefectiblemente ha de causar daño en el subsuelo, ahora ha llegado la tentación siguiente, la de esa errónea estética que no soporta ver una vulgar tapia y desearía una verja a la francesa.”
Esperemos, pues, que Bellver, una vez repuesto del susto, si es que ha llegado a estar asustado a lo largo del proceso, opte por respetar el jardín y lo mantenga tal como fue concebido y ha sido hasta ahora.

domingo, 24 de julio de 2011

De Paula Sánchez de León a Alberto Fabra

Según cuentan los medios, Francisco Camps insistió varias varias veces en que su sustituta fuera Paula Sánchez de León y, sin embargo, la dirección del PP optó por Alberto Fabra, lo que puede interpretarse como que no sólo molesta el asunto de los trajes, del que es muy posible que resulte absuelto, sino también su modo de defenderse del mismo y, sobre todo, de hacer política.
Abona esta tesis la rapidez con que Fabra ha marcado distancias con su antecesor al mostrarse dispuesto a recibir a los familiares de las víctimas del metro y a enseñar las facturas, incluidas las del Gürtel.
Causa extrañeza, no obstante, que Mariano Rajoy tratara de convencer a Rita Barberá para ese cargo, a no ser que quisiera matar dos pájaros de un tiro, habida cuenta de que ella mantiene y protege a Bellver, a pesar de que este tiene entre sus planes el de desvirtuar el Jardín de Monforte, lo que puede llevarle a tener problemas también con los tribunales de Justicia. Habida cuenta de que Paula Sánchez de León sería aceptada por la mayoría no sería de extrañar que la próxima candidata del PP a la alcaldía de Valencia fuera ella.
Por su parte, Alfonso Rus puede tener los días contados, no sólo porque su desplante haya dado pistas a la dirección del partido acerca de su idoneidad, sino también porque la circunstancia puede ser aprovechada por otros pelotas para, criticándole a él, situarse mejor. Otro de los que han dado un paso, con un artículo en Las Provincias, para tratar de atraer sobre sí las miradas es Serafín Castellano, que sin tener ni de lejos la valía de un Rafael Blasco ha logrado estar en todos los gobiernos de Zaplana y de Camps, y no cabe duda de que querrá estar también en los de Fabra. Cabe recordar que Bernardo del Rosal, ex Sindic de Greuges, pidió a principios de 2009 la dimisión o destitución de Serafín Castellano. Sin éxito, claro está, porque en la política española al ciudadano se le respeta poco. Cabe esperar que, al menos, Fabra siga los pasos de Cospedal y suprima la Fórmula 1, la Academia Valenciana de la Lengua, el Consejo Valenciano de Cultura, el Sindic de Greuges, el Consejo Consultivo Jurídico y toda la parafernalia que pueda haber, lo cual permitirá, sin duda, recuperar la antigua Fe. Entre otras cosas.

miércoles, 6 de julio de 2011

Sobrecogedores

En otros tiempos, a los periodistas que escribían artículos elogiosos sobre los toreros u otros personajes públicos se les ponía la etiqueta de sobrecogedores. Fueran merecidos los elogios o no. Hoy en día ocurre al revés; se cuelga el sambenito de tonto a quien no lo hace. Cosas del progreso, tal vez.
Recordaba todo esto a la vista de que cierto periodista ha dado en decir que el concejal Bellver está pasando un calvario. El citado periodista era tenido por el más izquierdista de todos en la redacción de un periódico de izquierdas ya desaparecido. Cuando lo fichó un periódico de derechas, en el sitio que dejaba se hacían cruces. Todo cambia, dijo Heráclito, el primer izquierdista en opinión de Julio Anguita.
El problema consiste en que Jorge Bellver se ha empeñado en derribar el muro del Jardín de Monforte. En contra de dicha pretensión se han manifestado Fernando Villalonga, Pedro J. De la Peña, Francisco Pérez Puche, Javier Monforte Albalat, Julio Lacarra López , J.M. Coello, Emili Piera, María Teresa Santamaría, Mercedes Romero Ponce y Antonio Marín Segovia, entre otros.
Santiago Grisolía, por su parte, dice que lo lógico es derribar el muro. Lo dice en su calidad de presidente del Consejo Valenciano de Cultura. Este consejo, desde su creación, ha estado invariablemente a favor del gobierno de turno. Puesto que no defiende los intereses de los contribuyentes, lo lógico es que desparezca.
La excusa para derribar el muro es que los árboles padecen humedad. Dado que el jardín se concibió cerrado y es más que centenario, y la humedad, lógicamente, es reciente, se achaca la causa de la misma a un aparcamiento subterráneo de las proximidades. Parece ser que se omitió pedir unos informes antes de autorizarlo que sí se habían pedido en el caso de la clínica Quirón, que está al lado.
No se puede calificar como calvario el hecho de que un juez esté investigando la posibilidad de que hubiera hecho algo ilegal. Se supone que estamos en democracia y que los políticos no pueden hacer lo que les da la gana.

'El psicólogo en casa'
'La huella del hereje'
'Quién mató al ayatolá Kanuni'
'Espiritual mente'
'África en el corazón del viajero'
'Diccionario de manías y supersticiones'
'Quién fue quién en el mundo clásico'
'12 ciudades del mundo'

sábado, 28 de mayo de 2011

La amenaza del copago en la Comunidad Valenciana

La amenaza del copago es real en toda España, lo que ocurre es que ante la inminencia de las elecciones a todos les dio por decir que no se iba a tomar esa decisión. Los rumores fueron muy insistentes en el caso de Esperanza Aguirre, que los desmintió con tanta rotundidad como Francisco Camps los que se referían a la Comunidad Valenciana. Pero ahora ya se han celebrado las elecciones y los tiempos son otros. Aparecerán plumillas que tratarán de convencernos de que el copago imprescindible y hasta conveniente.
Una gran parte de ciudadanos no tiene culpa alguna de la crisis. No se endeudó ni vivió por encima de sus posibilidades, sin embargo muchos de ellos tuvieron que cerrar sus empresas por falta de clientes y muchos trabajadores fueron despedidos por el mismo motivo. Sólo falta que además tenga que soportar el copago.
La Comunidad Valenciana está excesivamente endeudada y de eso no tienen la culpa los ciudadanos. No tiene justificación que tengan que soportar el copago. Antes de llegar a esos extremos, los gobernantes pueden soltar mucho lastre. Y no sólo reduciendo el número de asesores. Los ciudadanos prefieren una sanidad que funcione a un Canal 9 que sólo se usa para hacer propaganda del gobierno valenciano. Y aunque fuera un buen canal de televisión también preferirían la sanidad. Se puede suprimir perfectamente la Academia Valenciana de la Lengua, ese invento diabólico, como otros suyos, de Zaplana, sin que nadie se rasgue las vestiduras. Bueno, sí. Se las rasgarían los muy bien pagados académicos. El Consejo Valenciano de Cultura, por su parte, suele dar los dictámenes que desea el poder, sea del partido que sea. Así ha ocurrido dos veces con el Teatro Romano de Sagunto y también con el Jardín de Monforte. Los ciudadanos tampoco perderían nada si se suprimiera. La Sanidad y la Educación sí que son primordiales.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Fernando Villalonga Monforte, indignado

Mostró su justa indignación, renuncia llena de asco incluida, Fernando Villalonga Monforte, en un artículo publicado en el diario Levante-EMV, ante el atropello que está a punto de sufrir el Jardín de Monforte, que fue declarado Monumento Nacional. Aparte de las numerosas razones que exhibe en defensa del patrimonio de todos, y a la par que descubre el modo de actuar de otros ciudadanos ilustres de Valencia, viene a demostrar que el Consejo Valenciano de Cultura, que pagamos entre todos, está al servicio del poder.
También alcanza la indignación del Cónsul General de España en Nueva York a la barbaridad que se cometió con el Teatro Romano de Sagunto, pero pasa por alto la que se hecho con las leyes en este mismo caso. Se refiere sólo a la cuestión arquitectónica, obviando que se hizo de modo ilegal, y que en la actualidad se han vuelto a pisotear las leyes. Y si no que se lo pregunten a Marco Molines, a quien se le ha llegado a desear algo malo, por su empeño en defender la justicia. Todas las actuaciones se han llevado a cabo con la conformidad del Consejo Valenciano de Cultura.
El hecho es que este caballero que tanto se indigna ahora aceptó, en tiempos de Zaplana, la consejería de Cultura, siendo así que sus convicciones entraban en colisión con los deseos del pueblo valenciano, que Zaplana se había comprometido a asumir. A resultas de ello, y si no recuerdo mal, la fachada de su casa fue objeto de actos vandálicos, inaceptables se mire como se mire. Lo cierto es que siendo su opinión la que es, no debió aceptar esa consejería. Zaplana debió haberle ofrecido otra.
Ahora guarda alguna relación con el caso Carrascosa. El gobierno español, al que representa, propone que María José Carrascosa cumpla en España la pena a la que sea condenada. ¿Pero cómo va a estar en una cárcel de España alguien a quien los jueces españoles han dado la razón?