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sábado, 20 de julio de 2019

Pérez-Reverte ha roto con dos amigos

Lo he visto en un resumen de prensa en el que aparecen dos tuits suyos en los que afirma que Fulano y Zutano, dos antiguos corresponsales de guerra como él, fueron amigos suyos, pero ya no lo son.
Se comporta como un diosecillo que hace y deshace a su antojo y determina que es lo que está bien y qué lo que está mal.
Si se compara la lista de los académicos de la RAE con la de los que podrían ser académicos de la RAE, y se fija en los sistemas de elección comprende rápidamente que entre los intelectuales también se dan la obsecuencia, la ambición cruda y la actitud interesada. Algunos llegan a la Academia, a saber por qué intrincados vericuetos y callejones, y enseguida se creen superiores al resto y pontifican y lanzan soflamas, y pan a los patos, dicho sin ánimo de señalar.
De Pérez-Reverte me interesan algunas de las cosas que cuenta, porque se ha movido mucho por el mundo y tiene anécdotas y lugares sobre los que hablar. Pero su pensamiento me interesa bastante menos, porque creo que no lo hay, no existe. Y diría yo que él mismo es consciente de esto, o sea, que sabe que su obra es para hoy y que no tiene posibilidad de perdurar en el tiempo. Por eso mismo, dado lo efímero que presiente su éxito, intenta exprimirlo, apurar hasta la última gota. Persigue el aplauso y desea ser adulado, y sabe que el mejor modo de conseguir ambas cosas es comportarse de forma despótica y arbitraria, pero simulando ser justo y coherente.
Tiene salvación, el hombre, no digo que no. Si desea redimirse, le aconsejo un libro pequeño por tamaño, pero denso de contenido. Se titula ‘La amistad debida’, y tras su lectura, si lee con atención, será otra persona. Tendrá más conocimientos sobre la amistad y quizá llegue a escribir una obra que pase a la posteridad.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Creen que Churchill no existió

Según una encuesta británica de 2008, el 23% de los ingleses preguntados es un personaje de ficción. Cabe imaginar que si la encuesta se repitiera hoy el porcentaje habría subido hasta el 25%, lo que indica que hay un 75% que sabe que fue un personaje real.
La cosa no es para tomársela a guasa, dado que en España los mitos de los nacionalistas calan incluso en los lugares más insospechados. La RAE, sin ir más lejos, ha cometido la barbaridad de considerar como dialecto a la lengua que tuvo el primer siglo de oro en España. La desidia hace también que se olvide demasiado pronto el daño que hace ETA a la sociedad española y se contemple con indiferencia que se rinda homenaje a los etarras.
Winston Churchill fue un personaje tan importante que si no hubiera existido seguramente nuestras condiciones de vida serían mucho más penosas.
Atento a la situación que se vivía en su tiempo, sin que se le escapara ningún detalle de parte alguna, supo interpretar la realidad como nadie y preparar psicológicamente a su pueblo para lo que tenía que venir.
Su influencia no se limitó al Reino Unido y a la guerra mundial, sino que ya desde años antes supo mover sus fichas en el tablero mundial, incluyendo el caso español. Sabía elegir el momento preciso en que debía hacer sus recomendaciones o sugerencias y conseguir que fueran atendidas.
Tengo escrito que el agradecimiento es propio de los espíritus elevados y a este gran político inglés le debemos mucho. Por otro lado, es un buen modelo, se merece que los políticos, sobre todo los que tienen la ambición de hacer algo grande por su país traten de imitarlo. Pero ya se ve que eso es pedir peras al olmo.
Una muestra de su talento es esta frase suya, que podría explicar el Brexit: «El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio».



http://www.aranyaeditorial.com/tienda/yo-estoy-loco
http://www.aranyaeditorial.com/tienda/black-shirt
http://www.aranyaeditorial.com/tienda/1978-el-ano-en-que-espana-cambio-de-piel
'Filosofía, teología y el sentido de la historia'
'A este lado y al otro'
'Lluvia de fango'
'Palabras para Ashraf'
'Diarios (2011-2015)'

jueves, 20 de diciembre de 2012

Otra alma blanca (o muy blanca)

Resulta curioso que Juan Luis Cebrián, también llamado Juan Luix por su afición a escribir clítorix, que tanto empeño puso en entrar en la RAE, una vez que está dentro no se dedique en cuerpo y alma a ella.
Todos ganaríamos. Lo más probable es que la hundiera, igual que ha hundido a El País, y que, por tanto, desapareciera o cambiara el modo de funcionamiento que lleva de unos años a esta parte, puesto que en lugar de buscar gente capacitada para limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua, se utiliza para premiar a los fieles a no sé qué causa.
Ignoro si Juan Luis Cebrián será fiel o no a alguna causa, pero lo que parece fuera de toda duda es que si se dedica a la RAE, la hunde.
El País, el diario que tan "brillantemente" dirige, no para de despedir gente, y ahí está él, sin plantearse en ningún momento, que su presencia pueda ser una rémora, o algo peor, para la publicación. Puesto que con sus emolumentos del año pasado tiene garantizada una cómoda subsistencia durante el tiempo que le quede de vida, podría abandonar la dirección del periódico, o, mejor todavía, irse del todo del periódico, para que otras personas puedan intentar sacarlo a flote.
Pero los mandamases españoles de cualquier empresa, organismo o institución, por lo general, desconocen lo que es la autocrítica. Se conoce que piensan que sus almas son de una blancura deslumbrante y que todo lo que hacen está bien. Hay muchas almas blancas tendidas al sol en España. Y a pesar de tanta probidad estamos en crisis.
Se fue Enric González de El País y sigue Juan Luis Cebrián. Así están las cosas de mal en España. Con la falta que hace un periódico serio y realmente independiente de cualquier poder.

'Los penúltimos días'
'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
'Anécdotas de la Historia'
'La Biblia contada a los niños'
'¿Estás bien?'
'Imagino historias fantásticas'
'Las fabulosas aventuras del caballero Zifar'


domingo, 30 de octubre de 2011

Pancracio Celdrán Gomariz enseña a hablar bien

Son innumerables las personas aficionadas a la medicina. Conocen una gran cantidad de síntomas y secuelas y las que incluso se atreven a recomendar medicamentos; médicos los hay menos; y de entre éstos unos son mejores que otros.
Las lenguas, en cambio, las utilizamos todos, puesto que de ellas nos servimos para comunicarnos. Ahora bien, el hecho de que las utilicemos no significa que las conozcamos y ni siquiera que sepamos sus rudimentos. De hecho, son muchos los que ni siquiera se preocupan de hablar mejor o peor, cosa que ocurre, incluso, entre los profesionales de la palabra. Por ejemplo, entre los abogados se ha puesto de moda la incorrecta locución “en base”; ningún juez los mete en la cárcel por ello, quizá porque también la usa. Los notarios no le hacen ascos al horrendo “aperturar”, acaso porque proviene de la banca, y quien paga manda. No son pocos los columnistas que esconden su desidia tras la excusa de que quieren hablar como la gente de la calle.
Lógicamente, son los lingüistas quienes mejor conocen las lenguas, pero algunos de ellos abogan por incorporar al DRAE toda palabra que sea usada masivamente, sin atender a más consideraciones. Otras personas tienen mayor sensibilidad. Hubo quien se espantó hace años ante la posibilidad de que influenciar desplazara a influir. Para los que tienen el paladar de estraza eso no importa.
Pero yo tenía que hablar de Pancracio Celdrán Gomariz y me doy cuenta de que por este camino el momento de hacerlo no llegará nunca. Pancracio es un lingüista que lleva muchos años explicando los entresijos de la lengua. Lo hace en muchos medios. En la radio, en el programa “No es un día cualquiera”, en el consultorio lingüístico de XLSemanal, o en los varios libros que tiene publicados sobre la cuestión. Pocos académicos habrá en la RAE que hayan hecho tanto por el buen uso de la lengua como él.
Porque de eso se trata, no todo el mundo puede tener el mismo conocimiento de la lengua, pero Pancracio ayuda a quienes tienen interés por hablar y escribir del mejor modo posible. Quizá el problema consista en que esta labor no está suficientemente reconocida en nuestra sociedad.

'La estrategia de los antílopes'
'Pedro I el Cruel'
'Episodios ocultos del franquismo'
'Bonaventura'
'El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde'
'Alrededor del deseo'
'Cuentos neuróticos'
'Alfonso X el Sabio'

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Los derroteros del idioma

En un interesante artículo, titulado precisamente ‘Los derroteros del idioma’, que ha publicado hoy el diario Levante-EMV, Emilio García Gómez, a raíz de un breve encuentro que tuvo con el presidente de la Real Academia Española de la Lengua, para hacer algunas consideraciones sobre la utilidad de ésta.
Lo cierto es que cuestionar las cosas es un sano ejercicio democrático, y en estos momentos en la RAE ya ni fija, ni limpia, ni da esplendor, y en el que personas ajenas al mundo de la lingüística pugnan por entrar (como si el hecho de ser académico constituyera un premio y no una responsabilidad) y muchos lo consiguen, el debate no está de más. Aparte de ello hay que tener en cuenta que es impotente para detener el mal uso del idioma en los medios, a los que Pancracio Celdrán Gomariz llama
cátedras bastardas del lenguaje.
Pero siguiendo el curso de estas reflexiones se llega a la realidad valenciana. En la Comunidad Valenciana no hay una academia, sino dos. La Real Academia de Cultura Valenciana, que está a punto de llegar a los cien años de existencia, pero que no goza de las simpatías de los políticos, que quienes hacen y deshacen, según su particular conveniencia, y la Academia Valenciana de la Lengua, invento de Zaplana, en cuya creación Camps y González Pons desempeñaron destacados papeles. Si se cuestiona la RAE, con mayor motivo habrá que hacerlo con la RACV y sobre todo con la impostada AVL. Porque los académicos de la RAE perciben un sueldo simbólico y además los ingresos de esta academia proceden de la empresa privada. Los académicos de la RACV tampoco tienen sueldo, por lo que esta entidad resulta poco onerosa para los ciudadanos. Por el contrario, los académicos de la AVL sí que cobran cuantiosos emolumentos.

lunes, 18 de agosto de 2008

Los reduccionistas

Existe una serie de individuos que con el fin de poder asimilar aquello que les supera, o puede generarles algún tipo de contratiempo o trabajo extra, tienden a encerrarlo en unos límites proporcionales a su propia talla, o a su amor por la justicia. Baste recordar a todos aquellos que se cruzaban con Don Quijote y que optaban por embromarlo o por cualquier otra cosa. Todo, menos darse cuenta de la grandeza de su alma, cosa que, por otra parte, no puede captar quien se recrea en lo bajo.
Un reduccionista suele definir al prójimo con muy pocas palabras y puede darse el caso de que esas palabras sean acertadas, pero eso no significa que ahí se tenga que acabar todo. Es posible que esa persona tenga más cosas dignas de atención. Este afán reduccionista también puede coartar a quien se vea rodeado de gente así. Puede llevarle a disimular, a renunciar a cosas que están a su alcance. Es una posibilidad que aquellos reacios a reconocer los méritos ajenos deberían considerar.
Pero este afán reduccionista no se circunscribe a la gente de poco espíritu. Personajes supuestamente más elevados también caen en lo mismo. Francisco Rodríguez Adrados, en un artículo titulado “
El gobierno y la lengua española”, ha escrito lo siguiente: Y hay las guerras entre las lenguas minoritarias. Por ejemplo, para los catalanistas el valenciano es catalán. Sí, claro, en el origen, pero no hoy socialmente, lean nuestro Diccionario. Parece claro que su intención no es la de defender al valenciano sino criticar a los catalanistas. Y para corroborarlo, va uno entonces al diccionario y esto es lo que lee: 5. m. Variedad del catalán, que se usa en gran parte del antiguo reino de Valencia y se siente allí comúnmente como lengua propia.
Y con eso se tienen por satisfechos tanto Rodríguez Adrados como la RAE. Olvidan que esa lengua que los valencianos sentimos como propia dio como resultado el primer Siglo de Oro español, y eso ya es algo más. Y que durante cientos de años los valencianos hemos llamado valenciano a nuestro idioma. ¿Por qué hemos de cambiar ahora? ¿Qué ganamos con ello?
'La elegancia del erizo'
'El gran libro de los insultos'
'Hablar con corrección'
'El interior del bosque'