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sábado, 15 de abril de 2017

Cuelgan banderas republicanas

Varios ayuntamientos valencianos han colgado banderas republicanas en sus balcones. Se han servido, todos o algunos, de diversas estratagemas para hacerlo. Que si no son banderas, sino pancartas, puesto que no tienen mástil, etc.
¿Por qué lo han hecho? Pues la única respuesta es que quieren incordiar. ¿A quién o quiénes? A muchos de sus convecinos, sin duda. Pero el caso es que esas personas a las que quieren molestar con su gesto pagan sus impuestos, o sea, que les pagan el sueldo, o parte de él, a esas otras que disfrutan molestándolas. Luego, con la cartera repleta, tendrán la desfachatez de hablar de superioridad moral, o de hacer ver que se sienten moralmente superiores. Viven, parcialmente, en un mundo de ficción. Su deseo de ser moralmente justos pertenece a esa ficción, mientras que su gusto por hacer el mal está claramente instalado en la realidad.
Estos próceres de los ayuntamientos tienen la obligación, porque se les paga para eso, y se les paga con el dinero de los impuestos, de cumplir y hacer cumplir la ley. Esa es la garantía que tienen los ciudadanos de que el dinero con el que contribuyen a las arcas del Estado no será usado en contra de ellos.
Pero vivimos en un país con tan poca tradición democrática que partidos incompatibles con la democracia llevan la palabra democracia en su nombre y los hay que se lo creen. Los hay que están convencidos que los actos contrarios a la ley pueden ser democráticos. Los hay que creen que el perdón que hubo entre ambos bandos durante la llamada Transición fue unilateral y no se dan cuenta de que si no hubiera sido por ese gesto las venganzas mutuas no habrían tenido final jamás. Los hay que son tan egoístas que en lugar de preocuparse por los problemas importantes, como el desamparo de las víctimas del terrorismo o de los desempleados, se aferran a sus obsesiones.

jueves, 9 de junio de 2011

Solbes y la crisis

El diario El País se hace eco de un libro de entrevistas publicado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, y desvela algunas de las opiniones vertidas por Pedro Solbes, ex ministro (sé que ahora hay que escribirlo todo junto, pero no me gusta de ese modo).
En ellas afirma Pedro Solbes que el Banco de España lo hizo muy bien en la crisis (ya se ve en lo que han quedado las Cajas de Ahorros; nunca lloraremos lo suficiente su desaparición; varios bancos están están en apuros, alguno de ellos está siendo zarandeado impunemente, porque aquí nadie pone orden, por los especuladores). En estos tiempos que corren nadie reconoce sus errores, cosa que sólo se puede entender si se da entre mentes infantiles. Todo el mundo se equivoca; por tanto, lo lógico es reconocer algún error. Si un ministro de Economía no tiene lógica mal vamos.
Dice Solbes que él era consciente de los excesos del crédito hipotecario (cosa que podría haber explicado en el debate con Pizarro), puesto que no era razonable que se construyeran 700 000 casas al año siendo menores las necesidades. Alega que el Banco de España no lo pudo evitar. El Banco de España tenía, probablemente, herramientas para evitar esto, por lo menos en alguna medida; otra cosa es que se atreviera.
Pero, ¿por qué no probó a evitarlo el propio Solbes? Siendo como era ministro de Economía, algún ascendiente debía de tener en materia económica sobre el presidente del gobierno. Pudo explicarle que ese camino no llevaba a ningún sitio bueno, y las pruebas ya las tenemos a la vista. Hubiera bastado un movimiento de cejas suyo para que todos los ayuntamientos de España en manos del PSOE hubieran frenado la concesión de licencias de obras, cosa que probablemente hubiera contagiado a los ayuntamientos que estaban en manos de otros partidos. Lo cierto es que en la actualidad tenemos una crisis que nadie intentó evitar y que tiene sumida en la desesperación a una importante parte de la ciudadanía. A veces sin culpa.


'Espiritual mente'

'África en el corazón del viajero'
'Diccionario de manías y supersticiones'
'Quién fue quién en el mundo clásico'
'12 ciudades del mundo'
'Deslenguados'
'La delgada línea azul de la inteligencia'
'El Gran Libro de las Citas Glosadas'


jueves, 4 de febrero de 2010

Vamos a la bancarrota, estúpido

Ya no se trata de aquel “es la economía, estúpido”, sino que la cuestión, por lo que a España respecta, es sumamente grave. Cuanto más tiempo transcurra más difícil será salir de la crisis. Tal y como están las cosas, ya no basta con hacer elecciones anticipadas, habría que hacer un gobierno de coalición que reformara todo el sistema político, para lograr otro mucho más eficiente y económico.
Habla Zapatero de bajar las pensiones y Botín está de acuerdo, ¿por qué no reducen los gastos de la clase política? Esa es la verdadera sangría de España. Lo cómodo es cebarse en la clase indefensa. La crisis se veía venir, pero hablar de ella era antipatriota. Tanto es así que la palabra crisis estuvo proscrita. No se tomaron medidas, porque no interesaba electoralmente y ahora los ayuntamientos están al borde la quiebra; en realidad, muchos de ellos deben de estar técnicamente quebrados; las Comunidades Autónomas están totalmente endeudadas y el Estado todavía más. Mientras las empresas adelgazan, en el intento de reducir gastos, los organismos políticos cada vez tienen más personal y más gastos. Los políticos, al contrario que los trabajadores, no están indefensos, no sienten peligrar sus pensiones y ni siquiera sus puestos de trabajo; si pierden el escaño en algún momento, los colocarán en otro sitio.
Creo que lo ideal sería conservar la idea básica de la Transición y aprovechar la experiencia adquirida para constituir un Estado de las Autonomías lo más justo posible, de modo que las inevitables injusticias que se produjeran fueran achacables a errores de cálculo y no a fallos del sistema o favoritismos. El número de políticos debería ser el mínimo imprescindible para funcionar y el sistema electoral debería proporcionar un mayor protagonismo a los ciudadanos. Los partidos nacionalistas no deberían poderse presentar en solitario a las elecciones generales. Eso de que ahora no existe el espíritu que hubo en los primeros tiempos tampoco es cierto. Probablemente, ahora hay mejor espíritu que entonces, si se exceptúa a dos o tres personajes.

martes, 25 de agosto de 2009

Corbacho descubre el pastel

El ministro Corbacho ha arremetido contra los bancos y les ha acusado de ser los culpables de la crisis que padecemos. A estas alturas ya sabemos que los bancos y las cajas no observaron la prudencia con la que se desenvuelven ahora. Pero el ministerio de la Vivienda recomendaba comprar pisos cuando más caros estaban. Corbacho no ha dicho nada acerca de ese punto.
Corbacho echa la culpa de este desastre en el que estamos a los bancos, pero no hay ningún banquero en la cárcel y ni siquiera se les ha acusado de nada formalmente. Lo que significa que no han hecho nada ilegal y no habiéndose dado este caso las críticas sobran. Con su actitud, el señor ministro ha descubierto el pastel: el gobierno no sabe combatir la crisis. Si nuestros gobernantes fueran señores reconocerían públicamente esta realidad y pedirían ayuda al resto de las formaciones políticas; puesto que no lo son, buscan cabezas de turco. Atacar a la banca es un recurso fácil.
Los bancos son sociedades anónimas y su función es la de ganar dinero. Son los políticos quienes marcan las reglas que rigen los negocios y son los políticos quienes deben controlar que se cumplan esas reglas. A los bancos les pueden cuentas los accionistas; sus clientes pueden optar por cambiar de entidad; los particulares no tienen ningún derecho a pedirles cuentas a los bancos y quien crea que las cosas no son así, que pruebe a hacerlo. A quienes han de pedir cuentas, los ciudadanos, es a los políticos. Pero ningún político español ha dado la cara. Más culpa que los bancos tienen los ayuntamientos que han dado las licencias de obras. Más culpa que los bancos tienen las cajas de ahorros, que están vinculadas a los políticos. A ningún político de ningún partido le dio por pensar en lo catastrófico que resultaría para muchos ciudadanos que estallara esa burbuja inmobiliaria que estaban creando. Las afirmaciones de Corbacho son impropias de un ministro. Y del presidente que las ordena o consiente.

martes, 23 de diciembre de 2008

Los bancos no prestan

La cantinela que se viene escuchando es que los bancos no prestan, como si los bancos tuvieran la culpa de la crisis. Los bancos tienen su parte de culpa, pero no toda. A decir verdad, la crisis era imparable. Ahora que ya no hay nadie que la pueda negar y se puede pensar en ella desde todos los ángulos, cabe verla como una bola de nieve que iba creciendo más y más.
La sociedad opulenta ha estado viviendo por encima de sus posibilidades; prácticamente todos los sectores han participado de esta locura, que ahora se reconoce que no podía terminar bien. También se puede decir que algunos de esos sectores y precisamente los que tenían la obligación de poner algo de cordura, como son los bancos y los partidos políticos, echaron leña al fuego. En el apartado de los bancos, lógicamente, hay que incluir a las cajas de ahorros.
Los políticos porque cobran de los ciudadanos para cuidar sus intereses. Y en lugar de ello, estuvieron fomentando más y más la construcción y con ello el derroche, porque supuestamente convenía a los ayuntamientos que gobernaban. Ni se les ocurrió poner freno, ni aconsejar a sus alcaldes que se moderaran. Se puede pensar que interesaba a los partidos también.
Las entidades financieras tienen personal especializado que debió prever lo que podía ocurrir. Pero prefirieron cerrar los ojos y correr la carrera de la multiplicación rápida de beneficios. Y ahora no es que no quieran prestar dinero, que sí que quieren; es que como todos los demás, no saben hasta dónde podrán resistir. No es que no se fíen de nadie, es que no quieren ser los primeros en caer.
Vivimos una crisis en la que la clave se llama desconfianza. No hay que poner la mirada en los bancos, pues, sino en los políticos. Lo que ocurre es que éstos que deberían haber sido los primeros en tratar de generar confianza, haciendo ver a la gente que se tomaban en serio los problemas, que eran capaces de ponerse de acuerdo por este motivo y pactar medidas. Pero no. En España, los políticos son los que más desconfianza generan.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Ayuntamientos en suspensión de pagos

Elena Bastidas, alcaldesa de Alzira y presidenta de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias, ha pronosticado que no transcurrirá mucho tiempo antes de que algún ayuntamiento se declare en suspensión de pagos. Y luego añade, en la entrevista que ha concedido al diario Las Provincias, que los 8000 millones de euros con los que el gobierno piensa socorrer a los ayuntamientos representan muy poco dinero. No creo que nadie lo ponga en duda.
El caso es que los ayuntamientos, como es generalmente sabido, son en buena medida culpables de la burbuja inmobiliaria, que ha sido la desencadenante de la crisis en España. Su excusa fue que no disponían de suficientes recursos, por lo que se veían obligados a recurrir a la construcción. Basta con leer la estupenda novela
Crematorio, de Rafael Chirbes, para comprender que el poder que tienen los ayuntamientos en materia urbanística es excesivo, puesto que un concejal de Urbanismo que ose enfrentarse a los constructores puede tener los días contados en el cargo. Y eso en el caso de que se suponga que dicho concejal es honrado.
Los partidos lo saben, el gobierno lo sabe, pero no se ha puesto solución y no cabe imaginar los motivos, o es mejor no hacerlo. Los ayuntamientos, por unas o por otras cosas, han promovido una orgía constructora en sus municipios y en lugar de ahorrar todo lo que pudiesen, como es preceptivo, se lanzaron a una orgía de gastos. Y ahora no pueden cubrir sus presupuestos. También es lógico, puesto que los concejales no saben cuánto tiempo van a durar en el cargo, por tanto, no les apetece ahorrar.
Pues ya tenemos a los ayuntamientos endeudados hasta las cejas y al gobierno, que no supo poner orden en su momento, dispuesto a mandarles dinero de los ciudadanos. Para que los concejales puedan cobrar. No consta que haya puesto condiciones. Ya se sabe que a grandes males, grandes remedios. Sería el momento de adelgazar las nóminas de los ayuntamientos, suprimiendo los asesores. También sería muy buena idea la de suprimir muchos ayuntamientos, dado que hay muchos pueblos que están pegados a otros. Las fusiones también son posibles entre los ayuntamientos.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Corrupción en España

Acaso, lo más importante no sea que España haya caído tres puestos en la lista de los países menos corruptos del mundo, habiendo pasado del puesto 25, ya de por sí muy bajo, al puesto 28, igualado con Qatar y San Vicente y las Granadinas, sino la actitud con la que encara las cosas la clase política.
Es cierto que no se trata de la corrupción real que padecemos, sino de la percepción, pero una cosa va relacionada con otra. Si no hubiera corrupción, no se podría percibir. Los responsables directos de la corrupción son, por acción o por omisión, los políticos. En España, además, esta corrupción ha generado la crisis, puesto que independientemente de que haya estallado en Estados Unidos, por un motivo concreto, a nadie le cabe ninguna duda a estas horas de que el ritmo al que se construía en España era insostenible. Y es al sector urbanístico al que se le achaca la mayor parte de la culpa de la corrupción.
Este asunto no carece de importancia, puesto que hace que decrezca la inversión extranjera. La crisis española, generada por los corruptos, la pagarán de su bolsillo quienes menos culpa tienen, los que no han adquirido ningún bien incurriendo en excesivos riesgos, los que tampoco han gastado ni más ni menos de lo que solían hacer anteriormente y han pagado a Hacienda de acuerdo con lo que establecen las leyes. Han contribuido involuntariamente a la crisis quienes sucumbieron a los cantos de sirena y se embarcaron en préstamos o créditos muy azarosos, mediante los que supuestamente iban a cumplir sus sueños, que se han convertido en pesadillas.
Y quienes no tienen intención de pagar la crisis son quienes la han generado, los ayuntamientos, a través de la concejalía de Urbanismo, los distintos gobiernos autónomos españoles y sobre todo el de España, quienes se han enriquecido especulando y los promotores ocasionales.
La disminución de la inversión extranjera en España, por culpa de la corrupción, es otro golpe más a los bolsillos de quienes no tienen ninguna culpa o si tienen alguna es por haber creído en las promesas.

sábado, 6 de septiembre de 2008

La crisis afecta a los ayuntamientos

En España hay algo más de 8100 municipios. La crisis les ha golpeado con extrema dureza, aunque justo es decir que a unos con mucha mayor dureza que a otros. Hay que añadir inmediatamente que esto último es, por regla general, achacable a la insensatez de los gestores municipales. Y ahora, lo que está esperando la mayoría de los ayuntamientos, si no todos, es que se les permita un mayor nivel de endeudamiento. Es triste tener que decir que ésas son las manos en las que estamos.
Los ayuntamientos tienen unas necesidades básicas que atender y cuesta muy poco admitir que cuentan con muy poco dinero para ello. Pero también es cierto que bastantes de nuestros regidores municipales tienen delirios de grandeza, y los hemos de pagar entre todos. Ahora han dado algunos ayuntamientos en congelar los sueldos de los cargos municipales, lo cual no deja de ser anecdótico. El mundillo de la política es un campo abonado para fluyan hacia él los pelotas y los psicópatas, y a menudo coinciden en la misma persona ambas condiciones. Es evidente que los cobistas no lo son por amor al arte y entonces todas las administraciones públicas están llenas de asesores cuya utilidad queda por demostrar. Probablemente, si se eliminaran todos los asesores innecesarios el ahorro sería considerable.
Tampoco hay que olvidar el refrán que dice que a grandes males, grandes remedios. Ocho mil ayuntamientos son demasiados ayuntamientos. Se podría reducir el número considerablemente, pero, como es lógico, los políticos se negarán, puesto que muchos de ellos se quedarían sin cargo y sin sueldo. Si se hiciera la propuesta, de inmediato comenzarían a fomentar los sentimientos en sentido contrario.
Cuánto más lógica es una solución, más difícil es que se lleve a cabo. Muchos municipios han agotado todo su término, lo han construido todo. Son bastantes los que comparten calles con los colindantes. Cada acera de una calle pertenece a un pueblo distinto. Sería mucho más racional y económico convertir varios pueblos en una ciudad.

domingo, 10 de agosto de 2008

Las cosas de Beatriz Corredor

La ministra de la Vivienda, Beatriz Corredor, ha concedido una entrevista, en la que manifiesta que el mercado inmobiliario ya estaba mal en 2006. Según ella, acudieron a participar en este negocio muchas empresas que no tenían nada que ver con él, atraídas por el hecho de que se vendía todo lo que se construía. No culpa de nada, sin embargo, a la clase política. Como si no tuviera nada que ver. Como si no fueran los políticos los que establecen las reglas de juego, como si no fueran ellos quienes conceden las licencias de obra. Ninguno de los muchos gobiernos españoles hizo nada para evitar ese estado de cosas. Los partidos se acusaban unos a otros de corrupción y probablemente esto ha empeorado las cosas.
Dice que ahora es el momento de comprar una vivienda, porque están baratas y se puede elegir con calma, ya que ahora se venden muy despacio. Cuando le preguntan por el Euribor, con todo el desparpajo, dice que no va a subir más. Si estuviera tan convencida, su ministerio podría hacerse cargo de todo lo que suba a partir de ahora, y es cuando la gente se atrevería a comprar pisos. Pero lo que ocurre es que las tonterías gordas Zapatero sólo se las permite a Miguel Sebastián, ese que debería estar en un lugar en el que no pudiera romper nada y van y lo hacen ministro.
Beatriz Corredor también les echa la culpa a los bancos, a los que ahora les cuesta mucho dar un crédito. Lo que ocurre es que los bancos, como los ayuntamientos, como los constructores ocasionales, como los especuladores, han acudido a donde había negocio. Si hubiera habido negocio en la industria, hubieran acudido ahí. Ahora los bancos se encuentran con que muchas promociones están por terminar de construir y los bastantes de los compradores que tenían apalabrados se han vuelto atrás. Los bancos están estudiando caso por caso, para ver qué solución conviene darle. Tampoco saben a ciencia cierta cual el índice de impagos que tendrán que soportar. Podría ser que lo que estuvieran esperando los actores financieros implicados fuera una serie de medidas gubernamentales seria y fiable para todos.