Hay dos motivos por los que se puede decir; el primero es que han pasado varios días desde el accidente y todavía no ha dicho nada; es decir, sí que ha dicho algo, pero es puramente risible: ha intentado complicar a Juan Manuel Moreno en el asunto. El Felón, se lo mire por donde se lo mire, es infame.
El segundo motivo es todavía más importante que el primero, habida cuenta de que ha sido el propio Feijóo el que se ha encargado de dejar las cosas claras: indudablemente, señala a Sánchez, el señor presidente de la nación (qué vergüenza nos da) por el estado en que tiene las cosas. Y no hay nada que hacer porque al señor Felipe González no le interesó que se pudiera hacer nada.
«Si cuando más sufre la nación, el presidente desaparece, ¿para qué está? ¿quién está al mando? ¿dónde está su liderazgo cuando los ciudadanos más lo necesitan?», han sido algunas de las frases de Feijóo. Se le puede contestar que puede estar seguro de que no vamos a recuperar ni uno de los céntimos que va derrochando, sin que se le vea intención de parar. A partir de este dato se percibe claramente que disfruta haciendo daño y que se ve en la cárcel, porque si no lo atrapa el gobierno de España lo hará el de otro lugar.
Hay una batería de 20 preguntas que haría sonrojar a cualquier directivo avezado. No se puede fallar ninguna, porque solo con eso ya es suficiente para que el tren tome su camino, que puede ser muy diferente del que tenía trazado antes de arrancar. Una vez que hemos visto lo sucedido supongo que todo el mundo, salvo si es socialista, cambiará sus billetes de tren por los de autobús, puesto que no hay manera de fiarse de este personal. Con el autobús se tardará una hora, o dos, o tres más. Pero se llega.
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