viernes, 20 de octubre de 2017

Puigdemont hace lo lógico

A estas alturas la verdad y Puigdemont son incompatibles. Decir cualquier cosa que sea verdad para él debe de ser como un suicidio.
No le queda más que buscar amparo en la mentira. ¿Y a quién puede gustarle que le mientan? La carta que le ha enviado a Rajoy contiene tantas falsedades que cualquier separatista que conserve un punto de pundonor debería sentirse agraviado y decepcionado.
Después de tanta lucha y de estar corriendo el riesgo de quedarse en el paro, después de haber visto que las empresas se van de Cataluña a toda prisa, resulta que todas sus reivindicaciones se resumen en una sarta de mentiras, tan evidentes, además, que el ridículo se presiente monumental.
Claro que a día de hoy, cuando se hablar de los secesionistas hay que tener el cuenta el déficit de salud mental, ya totalmente inocultable. Si no fuera así no estarían dando ese espectáculo al mundo, ni propiciando su propia ruina, que todo el mundo ve, pero ellos no.
Si no se dan cuenta de que la salida de tantas empresas de Cataluña y la considerable merma en las ventas de los productos producidos en la región va a tener como consecuencia una notable disminución de los puestos de trabajo es que definitivamente han perdido el Oremus.
Si no se dan cuenta de que quien realmente está defendiendo sus condiciones de vida es el gobierno español y que quien quiere llevarlos a la ruina es el gobierno catalán es porque su grado de fanatismo ya no puede llegar más lejos.
Si esos catalanes que se revuelven contra quienes les protegen recuperasen la cordura, lo cual parece imposible, dicho sea de paso, comprenderían que lo mejor que les puede pasar es que sus gobernantes entren en la cárcel sin más demora y se restablezca el orden, para que Cataluña se convierta en un lugar en el que impere la justicia.


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