martes, 1 de marzo de 2016

Cosas de Mallorca

En Mallorca no sólo hacen esas ensaimadas tan del gusto de cierto político vasco que tiene los tornillos flojos (no se le han aflojado porque le gusten las ensaimadas, sino a pesar de eso), sino que también es un surtidor de personas absurdas que abrazan ideas igual de insensatas.
Por supuesto que también personas en la isla que merecen la belleza que les rodea. Pero a éstas hay que dejarlas tranquilas. El sujeto en el que hay que fijarse es un elemento que militó en ERC y que parece que últimamente ha ido a parar en uno de esos grupos políticos que tampoco deberían tener cabida en la política española, porque su relación con la democracia es nula por completo. En un sistema democrático sólo deberían caber partidos compatibles con el mismo.
ERC es un partido de izquierdas y nacionalista. Es incompatible ser izquierdas, cuya vocación es universal e igualitaria, con ser nacionalista, que aboga por lo pequeño para defender o procurarse privilegios. Pero si bien se mira tampoco es tan descabellado si se piensa que algunos abrazan la izquierda por resentimiento y el nacionalismo se nutre del odio al extraño. No es raro pues que el resentimiento y el odio hagan buenas migas. Y ahí está ese mallorquín que acosa moralmente en las redes a un ex alumno suyo, demostrando con su actuación que de odio y resentimiento (y ambas cosas, juntas o por separado, inducen a la bajeza) va bien servido.
Algunos alegan que al permitir esos partidos se sabe cuántos descerebrados hay. Se les puede responder que si no se permiten sus simpatizantes ya saben que sus ideas no son legales y deben sustituirlas por otras. Si se pusiera a votación la posibilidad de castigar con latigazos habría mucha gente que no sólo estaría conforme, sino que se relamería de gusto pensando en acudir al espectáculo.

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