lunes, 20 de febrero de 2017

Rahola se carga el proceso

Pero no lo hace adrede, sino que como, al igual que los demás catalanistas, tiene tanto desparpajo cada vez las dice más gordas y esto que ellos han bautizado como el proceso ya es más risible que otra cosa, salvo para los papanatas, que son capaces de asumir el lenguaje de los sediciosos y así, por ejemplo, hablaban del conflicto vasco cuando no había tal, sino unos tipos que mataban y otros mierdas que giraban la cara y esos mierdas son los que ahora votan a Bildu, ese partido tan grato a los secesionistas.
Incluso han invitado a algún etarra a dar una conferencia en Barcelona y lo han recibido con todos los honores, esos mismos que en otras ocasiones han negado a personas como Rosa Díez, que sí los merecían.
Y es que en los separatistas no hay ni un ápice de decencia. Teóricamente, el separatismo es una opción legítima. No habría nada que reprochar nada a los separatistas si actuaran de forma cabal. Pero ocurre que todo lo que hacen es ilegal, estúpido, falsario, risible y condenable. Todos los que apoyan las actuaciones de estos indecentes son iguales que ellos. A la vista de su modo de proceder no cabe más que vaticinar su fracaso. Lo que se hace mal no puede acabar bien.
Para comprender el ridículo de esas gentes basta con seguir el enlace siguiente y leer parcial o totalmente lo que le dicen a Rahola:
Aunque también cabe pensar que a ella eso le da igual, puesto que gracias a su astucia ha logrado asegurarse las lentejas para toda su vida, y también las de su descendencia, a la que procura ventajas sobre el resto de los mortales.
El problema es que toda esta locura de personas insensatas repercute en otras muchas que sin tener culpa alguna sufren las consecuencias.

4 comentarios:

Juan G Navarro dijo...

Separatismo como aspiración teóricamente legítima si cabal. Una frase muy política. Implica que cada uno puede aspirar a teorizar ideológicamente con honradez, justicia, íntegramente, sin locura ni coacción hacia nadie. Limpiamente con atino. Decir la verdad, haciéndolo con decencia razonada y razonablemente, con justicia y obrando como siente. Por lo que el sentimiento que emane de uno ha de aspirar a ese criterio. Si el sentimiento no produce lo “descrito” ni siquiera uno debería atreverse a tal aspiración. Luego, en la misma fase teórica, debería preguntarse por el encaje legal. Sí, por la legalidad. Pero también por su posibilidad práctica. Si es imposible es una quimera y si es una quimera lo “prudente” y “templado” es no atreverse con ello. No quiero meterme en terreno ciceroniano y decir que todo aquello que separe a los hombres, bien porque les dañe o bien porque no les sirva, no ha de ser justo. Va a ser que al final sin entrar en la cualidad justa de lo legal como justo, razonable y equitativo y para que no discuta con aquello de lo que el de Aquino me contó sobre las leyes injustas, no me voy a atrever ni tan siquiera a atisbar tal hipotética aspiración, no sea que vaya a acabar en Salud Mental. ¿Conoce alguien a una persona tan normal? Estoy seguro de que Vicente sí.

Juan G Navarro dijo...

Separatismo como aspiración teóricamente legítima si cabal. Una frase muy política. Implica que cada uno puede aspirar a teorizar ideológicamente con honradez, justicia, íntegramente, sin locura ni coacción hacia nadie. Limpiamente con atino. Decir la verdad, haciéndolo con decencia razonada y razonablemente, con justicia y obrando como siente. Por lo que el sentimiento que emane de uno ha de aspirar a ese criterio. Si el sentimiento no produce lo “descrito” ni siquiera uno debería atreverse a tal aspiración. Luego, en la misma fase teórica, debería preguntarse por el encaje legal. Sí, por la legalidad. Pero también por su posibilidad práctica. Si es imposible es una quimera y si es una quimera lo “prudente” y “templado” es no atreverse con ello. No quiero meterme en terreno ciceroniano y decir que todo aquello que separe a los hombres, bien porque les dañe o bien porque no les sirva, no ha de ser justo. Va a ser que al final sin entrar en la cualidad justa de lo legal como justo, razonable y equitativo y para que no discuta con aquello de lo que el de Aquino me contó sobre las leyes injustas, no me voy a atrever ni tan siquiera a atisbar tal hipotética aspiración, no sea que vaya a acabar en Salud Mental. ¿Conoce alguien a una persona tan normal? Estoy seguro de que Vicente sí.

Juan G Navarro dijo...

Separatismo como aspiración teóricamente legítima si cabal. Una frase muy política. Implica que cada uno puede aspirar a teorizar ideológicamente con honradez, justicia, íntegramente, sin locura ni coacción hacia nadie. Limpiamente con atino. Decir la verdad, haciéndolo con decencia razonada y razonablemente, con justicia y obrando como siente. Por lo que el sentimiento que emane de uno ha de aspirar a ese criterio. Si el sentimiento no produce lo “descrito” ni siquiera uno debería atreverse a tal aspiración. Luego, en la misma fase teórica, debería preguntarse por el encaje legal. Sí, por la legalidad. Pero también por su posibilidad práctica. Si es imposible es una quimera y si es una quimera lo “prudente” y “templado” es no atreverse con ello. No quiero meterme en terreno ciceroniano y decir que todo aquello que separe a los hombres, bien porque les dañe o bien porque no les sirva, no ha de ser justo. Va a ser que al final sin entrar en la cualidad justa de lo legal como justo, razonable y equitativo y para que no discuta con aquello de lo que el de Aquino me contó sobre las leyes injustas, no me voy a atrever ni tan siquiera a atisbar tal hipotética aspiración, no sea que vaya a acabar en Salud Mental. ¿Conoce alguien a una persona tan normal? Estoy seguro de que Vicente sí.

Juan G Navarro dijo...

Separatismo como aspiración teóricamente legítima si cabal. Una frase muy política. Implica que cada uno puede aspirar a teorizar ideológicamente con honradez, justicia, íntegramente, sin locura ni coacción hacia nadie. Limpiamente con atino. Decir la verdad, haciéndolo con decencia razonada y razonablemente, con justicia y obrando como siente. Por lo que el sentimiento que emane de uno ha de aspirar a ese criterio. Si el sentimiento no produce lo “descrito” ni siquiera uno debería atreverse a tal aspiración. Luego, en la misma fase teórica, debería preguntarse por el encaje legal. Sí, por la legalidad. Pero también por su posibilidad práctica. Si es imposible es una quimera y si es una quimera lo “prudente” y “templado” es no atreverse con ello. No quiero meterme en terreno ciceroniano y decir que todo aquello que separe a los hombres, bien porque les dañe o bien porque no les sirva, no ha de ser justo. Va a ser que al final sin entrar en la cualidad justa de lo legal como justo, razonable y equitativo y para que no discuta con aquello de lo que el de Aquino me contó sobre las leyes injustas, no me voy a atrever ni tan siquiera a atisbar tal hipotética aspiración, no sea que vaya a acabar en Salud Mental. ¿Conoce alguien a una persona tan normal? Estoy seguro de que Vicente sí.