martes, 11 de marzo de 2014

Del 11-S al 11-M

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 supusieron un duro golpe para el pueblo estadounidense, que fue mucho más allá del dolor producido por las vidas humanas que se perdieron y los cuantiosos daños materiales que hubo.
A partir de aquel momento, los estadounidenses, que se sentían seguros por ser la suya la primera potencia mundial, se supieron vulnerables. No es seguro que hayan superado todavía este trauma.
Sin embargo, el estadounidense es un pueblo que a pesar de que tiene defectos, como todos, es capaz de regenerarse. Cada crisis que sufre genera un sinfín de estudios, ensayos y tesis tratando de dilucidar las causas por las que se ha producido. Es un pueblo, además, celoso de su democracia, que trata de conservar toda costa.
El pueblo español es distinto, en el sentido de que jamás ha tenido democracia y está acostumbrado a que los oligarcas lo controlen y manipulen todo. Además de todo eso, llevaba varios decenios soportando el terrorismo de Eta y observando cómo los partidos usaban de forma electoral la lucha antiterrorista, o se servían de los Gal, o recogían nueces.
El pueblo español afrontó los atentados del 11 de marzo de 2004 con resignación y solidaridad. Una catástrofe añadida fue la reacción del PP y del PSOE; el primero desinformando y negando lo evidente; y el segundo manipulando y mintiendo. Por qué el público en lugar de a los dos partidos castigó sólo a uno de ellos es un misterio, aunque podría apuntarse que la chulería de los portavoces populares resultó más irritante.
El caso es el pueblo español no está acostumbrado a la democracia, puesto que nunca antes la ha tenido, y la capacidad de regeneración es poca, porque aquí sigue estando todo bajo el control de los oligarcas, que suelen comparecer ante los medios muy circunspectos y con cara de no haber roto nunca un plato.

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