domingo, 9 de diciembre de 2007

Iberia, esa idea recurrente

Ya son varias las voces, todas ellas autorizadas, las que se muestran favorables a la posible unión de España con Portugal, para dar paso a la Confederación Ibérica. El primero en proponerlo fue precisamente un portugués ilustre, José Saramago. No obstante, la cuestión es sumamente difícil, por cuanto para la mayoría de los españoles da la impresión de que no existe Portugal. Ese desdén hacia nuestros vecinos probablemente tiene raíces antiguas, que proceden del hecho de que en su día Portugal se aliase con Inglaterra, para seguir su propio camino. Los portugueses, por su parte, al menos hasta ahora, han preferido la ya citada alianza con Portugal antes que con España. Pero los tiempos han cambiado y los pequeños países cada vez tienen menos sentido y más difícil la supervivencia. Por otro lado, ya está sobradamente aceptado que conviene conservar las lenguas (aunque al valenciano no se le respeta, lo que da idea sobre quienes le niegan el respeto), y aquellas costumbres que no chocan con la civilización. La unión de España y Portugal, además de ser muy buena para ambos países, serviría de acicate para Unión Europea, tan necesaria y tan lejana aún. Lo ideal sería que los políticos de ambos países iniciaran el proceso de acercamiento, reuniéndose de vez en cuando y haciendo que ambos países tuvieran presencia constante en las televisiones y los medios. Pero los políticos que nos gastamos sólo piensan en el aquí y ahora, y concretamente, en el que les interesa a ellos mismos. Si alguna vez lanzan la mirada hacia el futuro, es con la idea de destruir a su rival. No hay modo de imaginar a ninguno de los políticos españoles, estatales o autonómicos, haciéndose unas reflexiones similares a las de Marco Aurelio. Es más, sería dudoso que se pudiera encontrar tan solo a uno capaz de analizar públicamente todos y cada uno de los pensamientos del Emperador. Enfrentados a estos textos queda manifiesta la talla real de Pujol, de Ibarra, de ese Bono con el que Zapatero pretende ganar a la derecha para su causa. Por ejemplo. Creo, entonces, que conviene insistir en la idea de Iberia, no porque pueda servir para algo, sino por la propia belleza de la idea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Podría desarrollar un poco su afirmación de que "los pequeños países cada vez tienen menos sentido y más difícil la supervivencia."

Gracias