miércoles, 18 de julio de 2018

Zapatero no es como Pepiño

Ya casi nadie recuerda, porque las personas somos olvidadizas, aquel grandísimo gesto de Pepiño que él mismo se encargó de dar a conocer cuando pensó que debía hacerlo.
Fue durante aquellas primarias en las que competían Hillary Clinton y Barack Obama. Tras la victoria de este último Pepiño se apresuró a decir que no se había decantado por ninguno previamente para no influir en la voluntad de los electores. Hay que recrearse en la suerte, un ministro español del gobierno de Zapatero (aquí viene a cuento lo del acontecimiento cósmico, que hizo notar Leire Pajín, otra que tal, que consistió en la coincidencia en la presidencia de sus países de Obama y Zapatero, con la consiguiente reunión de ambos: todo está en las estrellas) consciente de su importancia en el mundo, haciendo uso de su exquisitez democrática, permitió que los estadounidenses a los que les incumbía el asunto votaran los que les dio la gana. Pepiño se nos mantuvo en un discreto segundo plano y sólo cuando se conoció al ganador salió a aplaudir.
Zapatero está hecho de otra pasta. Ni siquiera se enteró del gesto de su subordinado y si lo hizo no aprovechó la lección.
Zapatero sí que se ha inmiscuido en las primarias del PP y ha querido influir en ellas. Recordemos que ya Leire Pajín nos informó de que es un señor cósmico, no como Pedro Sánchez, que es un cómico, pero malo. Zapatero es cósmico y Pepiño no, Pepiño es blanco y en botella. Por eso no le hace caso y va a la suya. Ha dicho que prefiere a Soraya, pero como por ser cósmico tiene la mente retorcida, o al revés, y sabe que los votantes del PP harán lo contrario de lo que él diga, se ha decantado por Soraya para que voten a su rival. Pero los encargados de elegir optarán por quien quieran. 

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