jueves, 16 de marzo de 2017

Fernando Altuna Urcelay

Era una de las víctimas del terrorismo más conocidas y queridas, porque era de las pocas que no dejaba de ver las cosas tal cual son y de contarlas sin eufemismos, ni escatimar ninguna palabra, y eso a pesar del terrible sufrimiento que le provocaban.
Puede decirse que es la última víctima, por ahora, de ETA, la banda en la que figura ese Otegui al que algún impresentable calificó como ‘hombre de paz’ y otro no menos impresentable se alegró de que saliera de la cárcel. Y si cito a Otegui es porque también lo hizo el propio Fernando en un artículo memorable titulado ‘En mi nombre, no’.
Del citado artículo, destaco este párrafo: «Vi perder a una sociedad que mientras jugaba al mus pisaba el serrín que absorbía la sangre caliente de su compañero de partida.». Y lo destaco porque si bien es cierto que se le puede considerar como una nueva víctima de ETA, no sólo es víctima de la banda, sino que también lo es de esa sociedad que no presta a la víctimas del terrorismo toda la atención que merecen, porque no se da cuenta de que está en deuda con ellas. Por no haber sabido acabar con la banda y por no saber defender a los ciudadanos de ella.
Fernando sólo encontró refugio en Covite, la asociación más sana que hay en España y que necesita el apoyo de todos los españoles, para seguir defendiendo a las víctimas y la dignidad de todos. Recientemente, unos alcaldes descerebrados han ordenado quitar unas placas en recuerdo de las víctimas del terrorismo que había colocado Covite, porque quienes deberían haberlo hecho olvidaron su deber. Y esa pasividad social ante los desmanes que acaban beneficiando a la banda enfermaba a Fernando.
Basilio Altuna Fernández de Arroyabe fue asesinado el 6 de septiembre de 1980, en Erenchun (Álava). Sus asesinos no han sido atrapados, ni juzgados, ni encarcelados.