sábado, 4 de marzo de 2017

La etarra Sara Majarenas dice que se arrepiente

Sin embargo, según El Confidencial, el diario Gara publicó el jueves pasado una carta suya en la que manifestó que si la separan de su hija no habrá reparación física y psicológica para ella, o sea para la niña.
No debe de estar muy arrepentida si manda una carta a Gara y lo de que su hija no se va a recuperar sin ella es una afirmación sin fundamento. Cada persona es un mundo y por otra parte no parece que una etarra pueda estar capacitada para educar a nadie. Además, todo el entorno etarra, desde el más descarado hasta el que trata de disimular sus simpatías hacia los terroristas la ha apoyado unánimemente. ¿Cómo se puede creer en estas condiciones en su arrepentimiento y alejamiento de la banda?
Los etarras no tienen, ni pueden tener palabra, por mucho que la den por escrito y la firmen ante un juez. Los etarras son las escorias sociales, excrecencias putrefactas del género humano, dignas de conmiseración si se quiere, por lo bajo que han caído.
Que esta etarra diga que ella ahora también es una víctima es una burla a las víctimas de ETA. Debería al menos haber mostrado respeto hacia ellas, pero no. Pero también es verdad que no cabe esperar tanto de una etarra.
Obviamente, un juez no es quien hace las leyes, sino quien las aplica. Y seguramente ha hecho lo que marca la ley al concederle a esta etarra lo que pedía. Sale perdiendo la menor, que ahora recibirá el ejemplo de una madre terrorista y puede que a pesar de eso se convierta en una buena persona, pero también puede ocurrir lo contrario. Se le puede pegar la desfachatez, el gusto por la mentira y la peste del nacionalismo.
La legislación española es muy blanda con los terroristas.