jueves, 9 de marzo de 2017

¡Valiente hijo de puta!

- Yo no reconozco la jurisdicción española. No tengo nada que decir. No voy a contestar.
Carmen Tagle comentó en voz baja a Pedro Díaz-Pintado: «¡Valiente hijo de puta!».
Josu Ternera debió de oírlo, porque se volvió le clavó una mirada...que no se me ha olvidado nunca.
Lo anterior tuvo lugar en la cárcel de Fresnes, en las afueras de París. Cuatro meses después fue asesinada.
Por muchos homenajes que se les hagan, y se los hacen elementos que están a su mismo nivel, los etarras son escoria de la peor calidad. Si tuvieran un sólo átomo de gallardía darían la cara tras cometer cualquiera de sus atrocidades y afrontarían las consecuencias. Pero ni siquiera eso. Matan de forma cobarde, por la espalda o a traición, sin conceder a sus víctimas ninguna posibilidad y hecho el mal se escaquean de un modo que si diera tanto asco cabría considerar cursi.
Se enfadó el etarra, porque la fiscal, ante el absoluto cinismo del etarra (es peor un etarra que una rata, y quienes rinden homenaje a los de su calaña también), tuvo una reacción lógica. Si Ternera hubiera sido un ser humano se habría dado cuenta, pero sólo es un etarra, como Otegui, y como tantos. ETA ha sacado lo peor de la sociedad vasca y las personas decentes que viven entre esas escorias han de contener las náuseas todo el tiempo.
‘Yo no reconozco la jurisdicción española’. Menuda estupidez. Todos los malhechores podrían decir lo mismo.
Tenía razón Carmen Tagle, la legislación española trata de forma benigna a los etarras. Si hubiera habido cadena perpetua desde el principio nos habríamos ahorrado muchos asesinatos y no habríamos pasado tanta vergüenza: el tal Ternera fue miembro del Parlamento Vasco.
Y nada de cadena perpetua revisable. Como mucho, los condenados a esta pena deberían tener la posibilidad de solicitar alguna medida de gracia exponiendo méritos reales para ello.