sábado, 11 de marzo de 2017

Fue en 1978

1978 no sólo fue el año mítico en que España cambió de piel, sino también en el que los etarras (esos tipos sanguinarios que un elemento con coletas, descerebrado, dijo que deberían ir saliendo de la cárcel) prosiguieron con su escalada terrorista.
Si no me he equivocado al contar, fueron 68 las personas que murieron ese año a manos de ETA, esa excrecencia miserable del pueblo vasco. Todavía no se ha visto que el PNV convoque una manifestación exigiendo que los terroristas cumplan íntegramente sus penas, en las cárceles que les hayan tocado, ni que les exijan que ayuden a resolver los casos pendientes. Esperar esto mismo de Bildu o Podemos sería quimérico. Al PNV cabe echárselo en cara porque dicen ser tan creyentes y se reúnen tanto con obispos y curas, y sus votantes van a misa, que se les puede pedir que sean coherentes. Y a los curas y obispos vascos también.
Uno de los asesinados ese año, de forma tan brutal y cobarde como es propio de ETA, fue José Rodríguez de Lama, cabo primero de la Guardia Civil, que tenía dos hijos y su esposa, María del Carmen Villar, estaba embarazada de ocho meses. La mujer tuvo que enterarse por la radio de su marido había muerto en el atentado.
En aquel tiempo ni la sociedad española ni el Estado estaban a la altura de las circunstancias, en lo que respecta a las víctimas, motivo por el cual en 1981 tuvieron que constituirse en asociación.
Nunca la sociedad española, ni el Estado se han comportado con las víctimas como deberían, puesto que la sociedad las olvida y los partidos políticos en el Poder han tratado de instrumentalizar a las asociaciones de víctimas en su beneficio o de dividirlas. A veces ambas cosas.
Tampoco Francia, demostraba su Grandeur, sino que servía de refugio a los terroristas.
No obstante, las asociaciones han hecho su trabajo, puesto que tienen la fuerza de la razón. Covite mantiene su total independencia de todos los partidos. Las víctimas del terrorismo merecen todo el apoyo y toda la ayuda de la sociedad española. Tanta solidaridad, de boquilla, con los refugiados y tanto olvido real con las víctimas del terrorismo.