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domingo, 20 de agosto de 2017

Islam y nacionalismo

La lógica señala que tiene que haber un número muy grande de musulmanes a los que se puede y se catalogar como buenas personas, porque si todos fueran malos el caos mundial sería tremendo.
Pero el Islam ha fracasado como religión, puesto que todos los países que se rigen por ella están anclados en el pasado. Una señal o indicio de que ya está en declive y que tarde o temprano tendrá que desaparecer, es el terrorismo que ha surgido entre ellos. El porcentaje de terroristas debe de ser mínimo entre los musulmanes, pero va creciendo.
Como consecuencia, los que conservan la bondad en algún momento comenzarán a abandonar esa creencia y quizá busquen confort espiritual en otras. Es un proceso que ha de darse, puesto que no se percibe que los líderes religiosos del Islam sean capaces de atajar ese creciente brote terrorista.
El nacionalismo, por su parte, vive de generar odio y fomentar el egoísmo. El reciente atentado de Barcelona ha venido a demostrar que los gobernantes nacionalistas ponen mucho más interés en traicionar al resto de los españoles que en proteger a las personas que están en Cataluña. Dado su comportamiento, si esos terroristas no han hecho más daño cabe atribuirlo a un milagro. Si hubieran sido leales, posiblemente se habría evitado el atentado o no habría logrado hacer tanto mal.
El nacionalismo también está condenado a desaparecer, porque lo que lleva el mal en su naturaleza acaba por autodestruirse. Y ya se ve en la actitud mezquina y miserable de las autoridades catalanas que no se puede esperar nada bueno de ellas. Incluso hay nacionalistas que se sirven del atentado para atacar a España, tal es el clima enloquecido que ha generado esta doctrina tan nefasta, a la que cabe equiparar con el fascismo, el nazismo, el comunismo y el populismo.

miércoles, 22 de junio de 2016

Algunos dueños de editoriales

He podido saber que los dueños de dos editoriales son admiradores de Podemos. No me extrañaría que no fueran los únicos. No puedo poner los nombres, puesto que no lo he averiguado directamente, sino a través de terceros y de deducciones a la vista de su comportamiento. Entre otras cosas, he advertido en ellos inquina sobrevenida. Tengo escrito que para votar a Podemos hay que sentir odio, aunque algunos de los interesados puedan no reconocerlo.
Varios millones de personas han votado a Podemos, por tanto puede extrañar que me refiera a dos. El caso que a la gente que trata con los libros se le ha de suponer apertura de mente, gusto por la investigación y el convencimiento de que la democracia es el único sistema político aceptable. En estas, es obvio que nadie medianamente informado debería votar a Podemos, pero una cosa es la teoría y otra la práctica.
Nada de lo que dice o hace Podemos resiste el más somero análisis, por lo que los votos que obtiene este partido refuerzan la tesis de que buena parte de los votantes no se sirve del cerebro para hacer su elección, sino de otras zonas de su anatomía situadas en lugares más bajos.
Todo lo que hacen los componentes de este partido está encaminado a conseguir el poder, con la intención indisimulada de quedárselo para siempre. Nada en ellos evoca, ni siquiera remotamente, la democracia. Saben que si lograran la presidencia del gobierno la Unión Europea no les permitiría llevar a cabo sus deseos, por lo que su intención es sacar a España de ella y de ahí sus continuas críticas al euro. Otra de sus tácticas, que parece que han abandonado últimamente, es señalar a Alemania como causante de todos los males y atribuirle la tentación de volver al nazismo. Ellos, los populistas, serían los salvadores de Europa. Esto es una atrocidad. El nazismo hoy en día presenta un peligro insignificante. El peligro grave es el populismo, que nos sumiría a todos en la ruina.