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jueves, 21 de enero de 2010

Los propietarios del agua

Alguien tan manifiestamente irresponsable como Zapatero, tras derogar por la brava y a toda prisa el PHN que antes se había negado en redondo a pactar, manifestó entre risas que en el futuro ya ni siquiera se podría plantear un plan como ese. Pudo decir eso porque su plan para desbaratarlo para siempre consistió en desatar todos los egoísmos, de tal modo que hasta el PP, antiguo promotor del PHN, ha caído en la trampa.
Ahora se dice que el dueño del agua es quien la ve pasar por delante de su casa. Nada que ver con aquello que dijo Bono en su día de que el agua no es de nadie en particular, sino que debe llegar a quien la necesita. Juan Benet soñaba con una red de embalses, todos interconectados entre sí, para llevar el agua en cada momento a donde fuese más necesaria. Ahora se cuenta además con la posibilidad de las desalinizadoras. O sea, en cada momento se podría utilizar lo más conveniente para llenar los pantanos, el agua sobrante de los ríos, cuando la hubiera, o la de las desalinizadoras en tiempos de sequía.
Pero a Zapatero no le interesa la solidaridad ni el reparto justo de lo que hay, sino que para él es obvio que siempre ha de hacer lo contrario que el PP. Y en su empeño de aniquilar al PP (¡cuánto le debe de haber dolido el pacto del País Vasco!), va destrozando todo lo que se encuentra por el camino, como aquel que tratando de matar una mosca va rompiendo cuadros colgados en las paredes, vajillas y porcelanas chinas. (Alfonso Guerra, aquel que dijo “vamos a dejar España de tal manera que no la conocerá ni la madre que la parió”, debe de estar atónito). La tierra no es de nadie, salvo del viento, dijo el “poeta”. Pero la inspiración no le llegó para el agua.
'El fundamentalismo democrático'

viernes, 30 de enero de 2009

El reparto del agua

En el diario El País aparece hoy una carta, firmada por José María Salguero Rodríguez, titulada Llamazares, Benet y el agua. Hace referencia a un artículo, publicado en el mismo medio el 27 de enero, en el que Julio Llamazares hablaba del sueño de Juan Benet, en un artículo titulado precisamente “El sueño de Juan Benet”. El señor Salguero hace unas consideraciones no exentas de lógica, pero por el camino que indica no hay ninguna posibilidad de llegar algo positivo.
El sueño de Juan Benet consistía en crear una serie de embalses en toda España, complementados con los conductos necesarios, con el fin de repartir equitativamente el agua disponible en España. Es cierto que en su tiempo no pudo prever que Zapatero decidiría que los trasvases son malos y que lo que realmente conviene son las desalinizadoras. Lo dijo Blas, punto redondo.
Pero el espíritu de Juan Benet, infantilismos de los políticos aparte, es francamente útil, necesario y actual. Y hay que tener en cuenta las desalinizadoras, como es obvio. Podrían completar el plan de Juan Benet. El agua sobrante de los ríos podría ir a esos embalses y cuando los ríos no tuvieran agua sobrante, los pantanos se llenarían con el agua de las desalinizadoras.
De este modo, no sólo habría trasvase de oeste a este, como subraya el señor Salguero que es el que hay, en lugar del considerado ideal, que sería el de norte a sur, sino que también podría ser inverso, en caso de necesidad. La cuestión consistiría en utilizar en cada momento la opción que menor impacto ecológico tuviese.
El resto de consideraciones del Sr. Salguero son demagógicas. ¿Soportaría España que no vinieran turistas este verano? Muchos de ellos no vendrían si no tuvieran campos de golf o piscinas. El problema es entonces una cuestión de equilibrio. Saber cuántos campos de golf se pueden mantener y cuáles son los lugares que estratégicamente interesan más. Y cómo se puede regular el uso de las piscinas.
Con respecto a los cultivos y los beneficios de las multinacionales que los puedan explotar, ni siquiera merece la pena comenzar el debate.