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viernes, 14 de diciembre de 2012

Montoro quiere sonrojar a los defraudadores

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quiere hacer pública la lista de los defraudadores, pero luego añade que sólo la de los que tengan sentencia firme condenatoria.
Eso es todo, amigos, como decía Bugs Bunny.
Sólo pretende dar la lista de aquellos a los que ha decidido dar caza. Si le cambian la o del medio por una e se queda en Montero, el cazador.
¿Por qué no hace pública la famosa lista de los 569?
No cabe duda de que España es un país que está, desde tiempo inmemorial, en manos de las oligarquías. Parecía que eso se iba a acabar con el advenimiento de la democracia, pero bien se ve que se ocuparon de que no fuera así.
De modo que cuando un pobre no paga, Hacienda sabe cómo obligarle a pagar. Pero los que ni con sentencia firme en contra piensan pagar y a Montoro no se le ocurre más que hacerles chantaje, amenazándoles con la vergüenza pública.
Pues a ver si los susodichos contraatacan difundiendo dossieres de defraudadores protegidos por los sucesivos gobiernos. A ver si resulta que algunos prebostes políticos también defraudan por todo lo alto. A ver si resulta que algunos ministros o ex ministros tienen o han tenido cuentas en paraísos fiscales.
Si se desvelara algo parecido ningún español se sorprendería.
El fraude fiscal en España es desorbitado y ningún gobierno se ha avergonzado de que las cosas sean así, ni se les ocurre cambiar el sistema para acabar con él. Ideas “geniales” sí que van teniendo unos y otros. En el arte de marear la perdiz tenemos muchos expertos.
¿Por qué De la Rosa ha denunciado ahora una cosa del pasado que venía callando? Dado que se sabe a ciencia cierta que el fraude fiscal sobrepasa holgadamente lo soportable, todos estos movimientos inducen a tener muchas sospechas. No da la impresión de que Montoro quiera acabar con este estado de cosas.

'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
'Anécdotas de la Historia'
'La Biblia contada a los niños'
'¿Estás bien?'
'Imagino historias fantásticas'
'Las fabulosas aventuras del caballero Zifar'
'El primer viaje de nuestra vida'

martes, 24 de febrero de 2009

Camps debe destituir al conseller

En un artículo titulado “Corrupción, corruptelas y comportamientos irregulares”, publicado ayer en el periódico El País, Bernardo del Rosal, explica que un conseller del gobierno de Camps debe ser destituido de inmediato. La frase no deja lugar a dudas: “Lo narrado por la prensa pone en evidencia, de una forma tan meridianamente clara, una falta absoluta de ética en el buen gobierno que es más que suficiente para que, si el interesado no dimite, sea fulminantemente cesado.” No merece la pena decir el nombre del conceller, ya que el propio del Rosal no lo ha hecho. Por otro lado, es público y notorio. Los lectores de periódicos valencianos saben de quien se trata.
Pero no es el único conseller que sobra, hay otros que también están de más. Sin embargo, el hecho de que Camps deba tomar esa medida no significa que la vaya a llevar a cabo. Una cosa es que él se sienta ofendido por una tontería y entonces toque a rebato y convoque a todos los que le deben algo y en su presencia cite a la madre Teresa de Calcuta, a Winston Churchill y a Bertolt Brecht, a éste indebidamente, y algo muy diferente es que se ofenda a los ciudadanos, esta vez de modo real, y en estos casos lo que suele decir nuestro presidente Camps es que ahí se las den todas.
Contrasta también la actitud de Bernardo del Rosal con la de Fernando de la Rosa. Cabe recordar que este último lloró de alegría cuando fue designado para formar parte del CGPJ. Quizá sea por esto por lo que le faltó tiempo para acudir en ayuda de Camps cuando a éste, utilizando la terminología de José Blanco, “le salpicó” la corrupción. Aunque la salpicadura diera risa, pero ahí estuvo de la Rosa. Pero a de la Rosa puede que lo haya elegido Camps, pero el sueldo se lo debe a los ciudadanos. Por tanto, al igual que del Rosal, de la Rosa debería exigir la destitución del conseller. De todos modos, cuestión harto difícil será que Camps les haga caso.